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"Enamorarse es de esas cosas que uno va descubriendo a punta de reveses y de intentos fallidos, o sea que es más fácil saber lo que es amar a otro luego de haber dado muchas veces con lo que parece, pero no es".

Nunca sé qué decir cuando me preguntan si he estado enamorado, y no tengo claro si alguien sabe la respuesta. Enamorarse es de esas cosas que uno va descubriendo a punta de reveses, de intentos fallidos, o sea que es más fácil saber lo que es amar a otro luego de haber dado muchas veces con lo que parece, pero no es. ¿La frase de las mujeres de que hay que besar muchos sapos antes de dar con el príncipe azul? Más o menos eso es, y aplica para todos.

Y no sé de qué dependa amar o no, de dar con el amor verdadero o con el que luce como tal. Creo, eso sí, que va cambiando con el tiempo. A los 8 nos enamoramos de la vecina porque nuestro mundo es tan pequeño que aquel quien te toque cerca geográficamente es el amor de tu vida. A los 14, quien te copie porque en la adolescencia somos tan torpes y tímidos que aquel que te devuelve una sonrisa no se puede dejar escapar. A los 18, quien te inspire sexo porque a esa edad somos todo hormonas. Llegan los 20 y sigue pesando lo físico, pero también entran en juego cosas como la aceptación social, el éxito profesional y la familia.

Yo me fijé en cada una de las cosas a su tiempo, pero en esta época de mi vida intento reparar en aspectos no tan convencionales. El sentido del humor me resulta irresistible, y lo digo en serio, no como esas modelos famosas que cuando les preguntan qué buscan en un hombre responden que las haga reír, pero va uno a ver y se casan con un bodrio de tipo al que no le cabe un billete más en el banco. Solo quien se ha enamorado de otro por su sentido del humor entiende el lazo tan fuerte que eso puede generar. Alguien sin sentido del humor no se salva ni siendo el mejor catre.

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Yo suelo ser el encargado de los chistes en la relación, así que cuando me gusta alguien porque me saca risas no puedo evitar entregarme, como si el amor fuera un tema de rendirse, igual que la guerra. A veces creo que si me ha costado enamorarme es porque he conocido pocas mujeres chistosas. Y no es que no lo sean, sino que manejamos sentidos del humor diferentes. Una vez di con una que me hizo reír toda la noche y a la mañana siguiente no quería separarme de ella.

Eso, y admirar lo que hace, que suele ser muy femenino. A un hombre le tiene sin cuidado el oficio de una mujer; si le gusta ella, le gusta todo. Yo ya no puedo, necesito admirar, casi envidiar, la vida de la otra persona. Y no tiene que ser famosa ni millonaria, no tiene que ganar un Óscar ni ser secretaria general de la ONU; con que le guste lo que haga y lo haga bien, sobra. Lo encuentro muy sexy; no salir en vestido de baño en fotos sexy, sino ese otro estilo de sexy que no solo genera deseo sino que alimenta. ¿La atracción física? Seguro, debe haber un mínimo de química, pero puede llegar a ser lo de menos. Los hombres tenemos fijación por las tetas, pero luego lo importante no son ellas sino la persona que las carga en el pecho. Admirar y reírse. Quererse, gustarse, respetarse y confiar está bien, pero admirar y reírse es la clave.

Adolfo Zableh también piensa que Tienen lo suyo las mujeres de 35 y cuánta razón tiene.-

Creo que he ido aprendiendo a ver la diferencia entre el amor y las cosas que se le parecen. Sobre todo en las parejas ajenas que veo en Internet, donde resulta tan fácil aparentar. Si se afina el ojo, en las fotos que sube la gente se alcanzan a diferenciar los que solo se tienen ganas de los que son cómplices, los que van a durar. La fascinación y la intriga son un buen comienzo, te revuelven el estómago y te despiertan la lujuria por la vida, pero si no hay algo más, cuando la adrenalina se acaba todo se derrumba.

Entonces, ¿he estado enamorado? Al menos una vez, eso seguro porque no se parecía a nada que hubiera vivido antes. Pero personas van, personas vienen, y muchas veces quien entra a tu vida de una manera termina quedándose de otra. Yo ya no tengo afán porque otra de las cosas que he aprendido es que si asumimos el amor como una carrera, terminamos perdiéndola.

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