Moda
La nueva boutique de Mario Hernández, inspirada en la casa de su fundador, abre sus puertas
Con esta apertura en el Centro Comercial Andino, una nueva generación de la familia toma el mando creativo de la marca y lo celebra con una colección cápsula junto a Disney.

Por: Luisa Sánchez
Visitar la nueva boutique de Mario Hernández en Bogotá equivale a entrar en un espacio multisensorial donde el cuero, la piedra y la artesanía cuentan una historia de familia. La apertura, en la Calle de la Cultura del Centro Comercial Andino, marca además el inicio de una nueva etapa: Lorenzo Hernández Olarte asume la dirección creativa de la empresa con el propósito de actualizar el legado familiar desde una mirada contemporánea. Su primera declaración es una colección cápsula en colaboración con Disney, presentada en un pop-up dentro de la tienda.
Más que un espacio comercial, la boutique es un hito para el cuero colombiano, un proyecto arquitectónico en el que los interiores y las texturas prolongan la historia de la marca. Lorenzo quería que el lugar se sintiera como una extensión de la casa de su padre, con la misma calidez de un hogar que recibe a sus invitados. “Queríamos que la boutique pareciera la casa de Don Mario, un lugar que invita con calidez y recuerdos”.
El diseño interior y la arquitectura se han convertido en otra forma de expresión para las casas de moda, y aquí cada detalle lo confirma. La fachada recibe al visitante con un tallado preciso en Corian que reproduce el patrón Palenque, emblema de la marca.

Adentro, las piedras mate dialogan con piezas únicas elaboradas por comunidades artesanales de Cundinamarca y Boyacá. En este escenario, bañado por una luz cálida, las siluetas clásicas de Mario Hernández conviven con los personajes de Disney que protagonizan la cápsula, confeccionada con cueros y herrajes seleccionados.
En diálogo con FUCSIA, Lorenzo habla sobre el peso de la herencia, la preservación del trabajo hecho a mano y la visión de liderar una casa con décadas de historia.
¿De dónde nace recibir este legado tan grande? ¿Cómo ha sido el proceso de integrarse y plasmar su propia estética y esencia en la marca?
Tengo la gran fortuna de haber nacido en una familia donde el negocio y la familia son uno. Tener el honor de trabajar en esta marca no es algo reciente, sino de toda la vida. Desde los cinco años estaba en la fábrica repartiendo cajas en la bodega, y trabajé en esta misma tienda desde que tenía 13 años hasta que cumplí 18. Por eso creo que no ha sido un cambio repentino, sino un proceso de toda la vida.
La curaduría de la tienda rehúsa el minimalismo frío para dar paso a un lenguaje que apela al afecto y a la memoria táctil. Cada esquina ha sido dispuesta con la intención de simular una residencia privada: portarretratos con imágenes del archivo personal de la familia, libros de arte y moda cuidadosamente seleccionados, y una paleta cromática sobria que cede el protagonismo a los tonos orgánicos del cuero y a los acentos visuales de las piezas de exhibición.
¿Cómo se da la inspiración al momento de definir el estilismo de la tienda, la paleta de colores y la estética general del espacio?
Queríamos que la tienda reflejara una casa, en específico la casa de Don Mario, y que se sintiera como algo muy autóctono. Los pisos están hechos de piedra y la fachada está elaborada en Corian con un tallado de nuestro patrón de marca, Palenque. Todos los elementos aquí están pensados para dar la bienvenida a nuestra casa. Tenemos cuadros con fotos muy personales y libros significativos para nosotros. La idea es que cada persona que entre sienta cómo esta familia la recibe.
Uno de los pilares más relevantes de la propuesta de vestuario y accesorios de la marca es el contraste entre las técnicas industriales de marroquinería y la sensibilidad del oficio manual. La inclusión de objetos decorativos y de ambientación elaborados por artesanos de Cundinamarca y Boyacá no solo aporta textura al espacio, sino que establece un diálogo directo con la tradición utilitaria colombiana: desde el tejido en fibras naturales hasta el trabajo en lana y madera que enmarca la exhibición de las colecciones.
¿Cómo surge la idea de incluir el legado artesanal colombiano dentro de una propuesta de diseño sofisticada y elegante?
Toda la vida hemos sido curadores. Siempre he visto a mi papá viajar por el mundo y por Colombia trayendo diferentes elementos: una ruana si iba a Boyacá, un canasto si visitaba Pasto, o una mochila si estaba en La Guajira. Esa idea de curar y reunir piezas de distintos lugares nos define como familia. No hay nada de lo que como colombianos debamos sentirnos más orgullosos que de ese legado artesanal. Por eso trabajamos directamente con comunidades de Cundinamarca y Boyacá para incluir productos totalmente hechos a mano que ayudan a ambientar la tienda.
La experiencia se completa con la zona dedicada a la colección Disney | Mario Hernández, un espacio en donde piezas tipo tote, bandoleras, billeteras y calzado incorporan las siluetas de Mickey Mouse, Minnie Mouse y la expresividad visual de los 101 Dálmatas sobre estructuras de cuero de alta resistencia. Esta colaboración demuestra la capacidad del diseño local para someterse a rigurosos estándares globales de producción sin perder la impronta artesanal que caracteriza a la marroquinería colombiana.
En tres palabras, ¿cuál es la diferencia sustancial entre este nuevo espacio y los conceptos anteriores de la marca?
Considero que las tres palabras serían: extraordinario, fresco y cálido.
El espacio físico actúa como un punto de encuentro intergeneracional donde la herencia textil y de cuero se adapta a las exigencias de un comprador contemporáneo que busca durabilidad, historia y diseño funcional.
¿Por qué este nuevo espacio se convierte en una visita obligada para los entusiastas de la moda y el diseño en Bogotá?
Esta es una marca que lleva toda la vida en el mercado; muchas personas han podido crecer y evolucionar junto a nosotros. Siento que es muy bonito que hoy puedan venir a este espacio y presenciar de primera mano esa evolución.
Esta renovada propuesta en el Centro Comercial Andino demuestra que la marroquinería colombiana puede evolucionar sin perder sus raíces. La visión de Lorenzo Hernández logra unir la memoria familiar, la riqueza artesanal y el diseño contemporáneo en un espacio que celebra el presente y el futuro de una marca insignia.




