Turismo

Crónica | Cácota: un pueblo mágico entre las montañas colombianas

Mariana Hernández, 1/4/2022

La periodista de Fucsia, Mariana Hernández, viajó a Norte de Santander e hizo un recorrido turístico en uno de los paisajes más bellos del país.

Cácota / Norte de Santander
Cácota / Norte de Santander - Foto: Mariana Hernández

Viajar es uno de los mayores placeres en la vida de muchos, incluyendo la mía. Es emocionante salir de la zona de confort, conocer personas, destinos nuevos, y vivir experiencias enriquecedoras, esto ayuda a recordar que la vida es mucho más que ir del trabajo a la casa.

Lo primero que se me vino a la mente cuando llegó la oportunidad de visitar Cácota fue “¿Dónde está eso, queda en Colombia?” decidí no investigar nada al respecto, pues quería sorprenderme con lo que el destino me iba a ofrecer, y así fue. El viaje inició muy temprano desde Bogotá hasta Cácota, yo solo sabía que el pueblo era bastante frío, pero como si se tratara del destino, el lugar nos recibió con un sol impresionante, el cielo despejado y un paisaje sinigual.

Cácota / Norte de Santander
Cácota / Norte de Santander - Foto: Mariana Hernández

Lo primero que se ve al llegar al pueblo es un anuncio gigante con las palabras “Vive Cácota” decoradas con algunos de los alimentos y actividades típicas del municipio, seguido de las casas blancas y los tejados de barro, al mejor estilo de los más reconocidos pueblos coloniales colombianos.

Los postes cuentan historias y las pinturas que poco a poco han plasmado en ellos se roban todas las miradas, los colores vivos y los escenarios cotidianos le dan un toque divertido a cada esquina del lugar. Al ver la plaza principal, tres moyas, una artesanía típica, son el centro del pueblo, al igual que la iglesia, que cuenta su historia a través de la Virgen de los Dolores.

Cácota / Norte de Santander
Cácota / Norte de Santander - Foto: Mariana Hernández

Es entonces cuando llegó uno de los momentos más fascinantes del viaje, conocer a las personas. Su calidez y amabilidad son arrolladoras y, la manera atenta en la que atienden a los turistas me hace darme cuenta de que todos los habitantes de Cácota gozan de esta cualidad.

La comida y sus platos típicos me encantaron desde el primer momento, habas, varios tipos de arepas, todas hechas con diferentes maíces, y las frutas que más se dan en la región, duraznos, fresas y brevas. La trucha no se puede quedar atrás, pues el municipio es uno de los principales productores de la zona, al igual que el vino de mora, que me cautivó durante todo el viaje. El restaurante El Páramo ofrece un concepto único, permite que los comensales conozcan sobre comida ancestral y me sorprendió gratamente. Me permití comer alimentos que normalmente no me atrevería a probar y que se convirtieron en mis favoritos, como el puré de arveja.

Después de comer (bastante) me dirigí a uno de los lugares más llamativos de la región, la Laguna del cacique Cácota, ubicada a 2900 metros sobre el nivel del mar. Sin temor a exagerar, este es uno de los paisajes más bellos que he visitado. No podía quedarme sin disfrutar de un paseo en la típica lancha, mientras el sol se ponía y la temperatura disminuía, aprendí la historia del cacique, de sus riquezas y de las mujeres que se sacrificaron por el pueblo arrojándose a la laguna.

El viaje continuó recorriendo un sendero que termina en una escultura que representa las enormes alas de un cóndor, hechas por la artista Claudia Luna, el lugar perfecto para tomar fotografías y disfrutar de la vista inigualable. Y justo cuando pensaba que las cosas no podían ser mejores, el municipio me regaló el mejor atardecer que he visto, una mezcla de tonos rojos, amarillos, azules y hasta morados, en el que se podían ver los rayos del sol en el horizonte. Esto, sumado a las risas y el viaje en el platón de una camioneta que me recordó a mi infancia, se convirtió en un momento memorable.

Más tarde, mientras disfrutaba de una deliciosa pizza en la Estación casa vieja y del vino de mora, al ritmo de “Te regalo”, canción de Herencia de Timbiquí, me sentí plena; la vista, la comida, la compañía y todo lo que viví durante el viaje se fusionaron en un momento que me conmovió profundamente, casi hasta el llanto. “Te regalo la primera planta que en mi vida, yo sembré en la tierra. Te regalo el cofrecito que antes de morir me regaló la abuela”, se escuchaba en el ambiente mientras veía las estrellas y un paisaje que las grandes ciudades no nos permitirían disfrutar.

Cácota / Norte de Santander
Cácota / Norte de Santander - Foto: Mariana Hernández

La jornada terminó con una visita a Alfarera un lugar de cerveza artesanal en el que las tres variedades de la bebida llevan nombres relacionados con el pueblo “leyenda”, “historia”, y “tradición”. El emprendimiento está a la altura de cualquier cervecería o pub en las grandes ciudades de Colombia y el mundo, demostrando que Cácota tiene mucho que ofrecer a los turistas.

Finalmente, conocí el Hato de la Virgen, lugar en el que la historia religiosa es la protagonista. Según la historia, hace muchos años ese fue el punto en el que una mujer encontró el pañuelo de la Virgen de los Dolores, por lo que aún recibe las visitas de muchos feligreses. Allí se puede caminar entre las nubes debido a su altura. Es una experiencia inigualable, a la que se recomienda ir bien abrigado, pues el clima es bastante frío y no perdona ni a los visitantes.

Cácota / Norte de Santander
Cácota / Norte de Santander - Foto: Mariana Hernández

La pregunta más frecuente que me han hecho tras regresar a Bogotá es “¿volverías?” y sin dudarlo respondo que sí, mil veces, no puedo esperar el momento en el que volveré a visitar y disfrutar este destino maravilloso, y a compartir con quienes considero algunas de las personas más amables del país.

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