El grupo Marriott International redefine la hospitalidad en la región a través de marcas que combinan historia, bienestar, diseño y conexión cultural.
El lujo ya no se mide únicamente en estrellas, mármol o hilos egipcios. En 2026, el verdadero lujo está en la experiencia: en cómo un lugar logra transformar el estado de ánimo, despertar los sentidos y generar una conexión genuina con el entorno. Viajar dejó de ser solo desplazarse; hoy es una forma de reinterpretar quiénes somos.
En el Caribe y Latinoamérica —territorios donde la naturaleza exuberante convive con ciudades vibrantes y patrimonios históricos— la hospitalidad de alta gama ha evolucionado hacia propuestas más emocionales, más conscientes y profundamente ligadas al destino. En este escenario, el Luxury Group de Marriott International articula distintas miradas sobre lo que significa viajar con sofisticación.
Para algunas marcas, el lujo sigue estando en el cuidado absoluto del detalle. The Ritz-Carlton ha construido su identidad sobre la idea del servicio como oficio: habitaciones concebidas como refugios privados, una estética precisa y una atención personalizada que busca anticiparse a cada necesidad. Su propuesta conecta con un viajero que valora la historia, la discreción y la elegancia que no necesita explicación.
En esa misma línea de herencia, el St. Regis convierte el pasado en experiencia viva. Sus rituales —desde el servicio de mayordomo hasta reinterpretaciones locales del Bloody Mary o el tradicional Afternoon Tea— no son gestos decorativos, sino una forma de mantener activa una tradición que entiende el lujo como sofisticación social y narrativa histórica.
El viajero contemporáneo también busca silencio, intimidad y conexión profunda con el entorno. Ritz-Carlton Reserve responde a esa necesidad con propiedades apartadas, diseñadas como refugios donde la experiencia se construye desde la privacidad y el respeto por la cultura local. Son destinos pensados para quienes huyen de lo convencional y priorizan lo auténtico.
Por su parte, JW Marriott interpreta el lujo desde el bienestar integral. Aquí la experiencia gira en torno a la naturaleza, los jardines vivos y los espacios que promueven la reconexión con uno mismo. No se trata solo de descanso físico, sino de equilibrio emocional y presencia consciente: mente, cuerpo y espíritu como parte del viaje.
El lujo en la región también dialoga con la creatividad y la energía urbana. W Hotels propone una hospitalidad donde la música, el diseño y la vida social son protagonistas. Su identidad irreverente y vibrante conecta con comunidades creativas que entienden el viaje como una extensión de su estilo de vida.
The Luxury Collection, en cambio, convierte cada hotel en un relato independiente. Antiguas casonas, palacios y edificios históricos se transforman en escenarios que permiten comprender el destino desde dentro. No hay fórmulas replicadas: cada propiedad honra la arquitectura, la memoria y el carácter del lugar.
Finalmente, EDITION plantea una lectura contemporánea y casi curatorial del lujo. Arte, gastronomía y diseño se integran para crear espacios que funcionan como galerías vivas, donde la experiencia es emocional y profundamente personal.
En el Caribe y Latinoamérica, el lujo ya no responde a una única definición. Puede ser silencio frente al mar, una suite histórica en el corazón de una ciudad colonial o una noche vibrante en un rooftop urbano. Lo que permanece constante es la atención al detalle, el respeto por el entorno y la capacidad de generar memorias duraderas.
Más que alojamientos, estas propuestas demuestran que viajar hoy es un acto de conexión: con la historia, con la naturaleza y con uno mismo. Y en esa diversidad de miradas, el lujo encuentra su forma más contemporánea.