Se trata de una marca que apuesta por la innovación tecnológica y el bienestar femenino, con soluciones que acompañan distintas etapas de la vida.
Por Luisa Sánchez
Luisa Montoya y María Camila Orozco identificaron una brecha crítica en el mercado de la salud sexual femenina: el 98% de los juguetes sexuales en el mundo eran diseñados por y para el placer masculino. Como ingenieras de diseño de producto, asumieron el reto de desarrollar tecnología ergonómica, silenciosa y estéticamente amigable para las vulvas reales.
Durante décadas, la industria de los juguetes sexuales respondió casi exclusivamente a una lógica de producción masculina con formas hiperrealistas, materiales rígidos, motores ruidosos y narrativas asociadas al morbo o la clandestinidad.
En Colombia, donde 7 de cada 10 mujeres no han recibido información real sobre su sexualidad, entrar a un espacio tradicional de comercio erótico implicaba lidiar con estigmas, vergüenza o una evidente falta de investigación sobre la diversidad anatómica femenina. Frente a este panorama, Luisa Montoya y María Camila Orozco decidieron cuestionar el statu quo y crear Owna Care, una marca colombiana de tecnología íntima y sexual wellness desarrollada íntegramente por mujeres.
Presente en el entorno digital desde hace seis años, Owna no solo comercializa dispositivos, sino que acompaña procesos como el posparto, la terapia de piso pélvico y la menopausia.
Formadas en la misma institución educativa y reencontradas en las aulas universitarias, Luisa y Camila unieron la ingeniería ergonómica con la gestión financiera para atender una necesidad latente en el mercado con productos estéticos, silenciosos e intuitivos, creados bajo principios de biomimética, que pudiesen convivir en el entorno cotidiano con total discreción.
Detrás de Owna Care están Luisa y Camila. ¿Cómo definen la esencia artística y técnica de este proyecto y qué energía buscan proyectar en la escena del bienestar íntimo?
Luisa Montoya: Soy ingeniera de diseño de producto con especializaciones en gerencia y SexTech. Llevo seis años diseñando para el placer en Owna Care; ha sido mi propósito de vida. Cami dice que tengo tres nombres: Luisa, la juiciosa; Fernanda, la extrovertida que diseña juguetes sexuales, y Pilar, la que querían que fuera monja. Crecimos en un colegio donde solo escuchábamos “no queden embarazadas” y “tienen que quedar de primeras siempre”. Tiempo después comprendí que me gustaban las mujeres y me di cuenta de que no había un lugar seguro para entender qué me pasaba. En el colegio todo era matemáticas o medicina, pero ¿dónde quedaba cómo relacionarme en pareja o disfrutar de mi cuerpo sin culpa? Las monjas nos decían que no podíamos tocarnos ni hablar del tema, pero cuando entras a una relación sin conocimiento, no hay disfrute. Así como vamos al gimnasio por salud física o al psicólogo por salud mental, la salud sexual es un pilar fundamental. Nuestro propósito es generar confianza y acompañar todas las etapas: desde tu primera relación o romper la monotonía en el matrimonio, hasta el posparto. Yo diseño la forma, la frecuencia, la tecnología y la ergonomía, porque el 98% de los diseños a nivel mundial eran hechos por hombres. Nosotras podemos diseñar para nosotras, para parejas y para todo tipo de relaciones sin tabúes.
María Camila Orozco: Soy también ingeniera de diseño de producto. Nos reencontramos en la universidad; a mí me apasionaba el modelo de negocio, los números y la parte financiera. Me enfoqué en gerencia de proyectos y eso hago en Owna Care: apoyar la operación y la parte financiera para respaldar la misión de educar. Me apasiona porque a muchas nos educaron desde el miedo: a la primera relación, al dolor, al embarazo o a la menopausia. Abrimos el espacio para que cada mujer, en la etapa en la que esté, nos pregunte y reciba asesoría. Descubrimos que nadie compra un juguete solo por el objeto; siempre hay una historia detrás y con el producto logran mejorar su vida: bajan el estrés, se relajan, reconectan consigo mismas y recuperan la confianza.
Como creadoras, ¿cuál fue ese diagnóstico personal y de mercado que las hizo decir: “Si no lo hacemos nosotras desde la ingeniería, nadie más lo va a hacer de esta manera”?
Luisa Montoya: En el primer semestre de la universidad nos dijeron que debíamos escoger un hobby para hacer una escultura. Elegí hablar de sexo y sexualidad a través de la intimidad. Cuando luego nos pidieron diseñar un producto para ese hobby, empecé a investigar y me di cuenta de que en Colombia no había diseño para el placer ni un lugar especializado donde nos sintiéramos cómodas. Solo estaban los sex shops tradicionales con una visión fálica para el placer masculino, sin innovación, ergonomía ni diseño. Me cuestioné dónde estábamos nosotras y el deseo femenino. Fue un clic gigante: no había investigación sobre el placer femenino y tocaba hacerlo a nosotras para disfrutar la vida sin culpa. Hoy ayudamos a mujeres desde la terapia del piso pélvico con la vibración de los dispositivos hasta charlas con mamás de 50 u 80 años que nos dicen que nunca habían tenido un orgasmo hasta conocer los productos, o madres que le compran un dispositivo a su hija de 18 años para que se conozca. Es un motor diario.
María Camila Orozco: De mi parte vi una necesidad propia: la pena de tener un juguete en casa. En la sociedad colombiana convivimos con los padres hasta pasados los 20 o 30 años y existe el temor a que el producto sea descubierto. Nos preguntamos cómo hacer productos que no parezcan juguetes, que puedan estar en el baño o en la mesa de noche. Encontramos una brecha de mercado para mujeres que no querían un diseño explícito en su nochero, pero sí un dispositivo estético. Al combinar esa necesidad con el diseño y nuestro e-commerce, con una plataforma femenina y agradable, alejada del sex shop tradicional, llegamos a miles de mujeres que tenían miedo, pero que en Owna Care encuentran una amiga que les habla desde el conocimiento y la tranquilidad.
El desarrollo funcional en Owna Care incorpora motores silenciosos de bajos decibeles, silicona médica de alta calidad e ingeniería biomimética. Con dispositivos que van desde succionadores de boquillas suaves hasta diseños multipropósito que estimulan áreas internas y externas, la marca desmantela el falocentrismo tradicional para centrarse en la respuesta anatómica real.
La industria históricamente estuvo dominada por la mirada masculina. ¿Cuáles son los mayores errores de diseño que detectaron en los productos tradicionales y que ustedes evitan en su portafolio?
Luisa Montoya: El primero es que pocos encajaban de manera correcta. En cuanto a ergonomía, recientemente supimos cómo era el mapeo completo de los nervios del clítoris y la anatomía real de la vulva. El error número uno era que los juguetes no estaban diseñados para nuestra anatomía ni nuestras terminaciones nerviosas. Nos sentamos a estudiarlo para crear productos que encajen en la mayor cantidad de vulvas, expandiendo las vibraciones a los labios. Además, buscamos que no parezcan juguetes tradicionales; por ejemplo, nuestro lanzamiento Squishy parece una esponja tipo beauty blender. Los succionadores tienen boquillas más suaves y trabajan con decibeles más bajos para que no suenen duro ni tengas que poner la almohada encima.
María Camila Orozco: Aunque ya estamos cambiando esto, todavía hay mucho falocentrismo en la industria global. Venimos de una feria en China y veíamos cosas gigantes enfocadas solo en la penetración, cuando explorando la vulva por fuera se puede sentir mucho más. Buscamos productos discretos pero potentes para expandir las ondas. Otro error es que los productos tradicionales vienen fijos con medidas estándar. Nosotras diseñamos alternativas regulables que ingresan a la vulva estimulando el punto G y a la vez permiten ajustar la estimulación del clítoris por fuera. Queríamos que la experiencia fuera como comprar un dispositivo de tecnología de alta gama. Nuestro propósito no es hacer el juguete perfecto porque todos sentimos distinto, sino uno que se adapte a la mayor cantidad de personas de forma estética.
Como mujeres jóvenes emprendiendo en un sector estigmatizado, ¿a qué sesgos de género y dificultades comerciales se han enfrentado?
María Camila Orozco: Hemos enfrentado dificultades en el sistema financiero desde la bancarización y apertura de cuentas, donde nos han cerrado puertas. En publicidad, todo nuestro crecimiento inicial fue por voz a voz, pues las plataformas digitales nos bajaban la pauta por el tipo de sector. Solo recientemente pudimos habilitar pauta digital. En lo personal, al contar lo que hago, a veces la gente hace caras o los hombres se van hacia la morbidez preguntando cuál es tu favorito. Afortunadamente, nuestras familias nos han apoyado enormemente. Mi familia es católica tradicional y hasta mi abuela nos dijo: “Si eso se vende, hágale”. Nos han validado y no nos juzgan internamente, lo cual ha sido una ayuda gigante.
Luisa Montoya: Somos una marca fundada, diseñada y gestionada 100% por mujeres en producción, diseño y comercialización. Nos han sacado de ferias comerciales después de habernos aceptado; nos ha tocado recoger las cosas. Es retador vender un producto que no se puede mostrar libremente en redes por restricciones de palabras relacionadas con la sexualidad. Sin embargo, la comunidad que tenemos se ha construido de forma orgánica. Hacemos talleres todos los meses sobre perimenopausia, menopausia y salud sexual. Ha sido hermoso ver a nuestras propias familias transformar sus tabúes: mi mamá, de 67 años y consagrada a la Virgen, al ver nuestro enfoque desde la salud, terminó invitándome a darle charlas a sus amigas de más de 65 años. Incluso en talleres con hombres mayores de 60 hemos visto cómo buscan aprender para acompañar mejor a sus parejas sin prejuicios.
La trayectoria de Luisa Montoya y María Camila Orozco demuestra que la tecnología aplicada al bienestar íntimo cobra un sentido más profundo cuando se proyecta desde la empatía, la investigación científica y el diseño con propósito. Al despojar al placer de la culpa y transformar los códigos visuales de la industria, Owna Care consolida un modelo de negocio liderado por mujeres que aporta salud, elegancia y conocimiento real a la conversación contemporánea sobre el cuerpo.