Gastronomía

Una esquina de China en Manila: Pato Pekín aterriza en Medellín

Redacción Fucsia, 12/3/2026

Se trata de una propuesta de cocina contemporánea que combina ingredientes de Asia y Colombia para aportar en la oferta gastronómica de la ciudad.

Sabores de Asia en el corazón de Medellín: Pato Pekín llega a Manila | Foto: Cortesía

En Manila, en Medellín, hay un restaurante que entra por los ojos: Pato Pekín. Su apuesta visual no es la discreción: el rojo teatral predomina en la decoración a través de un diálogo entre tradición y estética ciberpunk. La noche logra encapsularse con murales que transportan a la cultura asiática, simulando un set urbano en el que conviven símbolos ancestrales con líneas led perimetrales y letreros en neón. El espacio evoca los imaginarios recientes sobre las ciudades de China como Shangái y Chongqing, alejado de la solemnidad y conectado más con las noches urbanas en una distribución deliberadamente performática.

Es la esquina de la carrera 43F con calle 12. Es Manila, un sector del barrio El Poblado que dejó de ser residencial y silencioso y hoy es escenario de una gran oferta gastronómica y de diseño. Manila, que ya no es el tránsito hacia Provenza sino la zona recomendada para pasarla bien, acoge un restaurante con intención escénica, que se adapta a lo cambiante y experiencial de la zona. Por recomendación o por lo imponente de esta esquina, al atravesar la puerta principal de Pato Pekín, los murales vigilantes, las mesas alineadas y el letrero “on air” de la zona del DJ dan la bienvenida. Entonces, el guion se ajusta al deseo de los clientes, quienes caminan en el perpetuo artificio de los simbolismos asiáticos para poner su voluntad a prueba con las opciones que seleccionó el chef Diego Ardila.

El recorrido avanza hacia el segundo piso, en el que el rojo digital se mantiene y encuentra su apogeo con el letrero “Salón imperial”, un salón pensado para que la comida y las conversaciones circulen en torno a la cocina asiática. Allí la atmósfera se torna más íntima y ceremonial: es el lugar ideal para rodear el espectáculo gastronómico porque por muy teatral que sea el restaurante acá se vino a comer. Mientras los cocteles y las bebidas amenizan la charla, las entradas rompen las temáticas cotidianas porque ahora la atención compartida está para comentar lo que se experimenta en cada paladar.

Entre neón y tradición: el restaurante que trae el espíritu de China a la noche de Medellín | Foto: Cortesía

Las miradas de los comensales pasan del plano general, que escudriñó los 350 metros cuadrados del lugar, a hacer un zoom que permite analizar en primer plano las gyosas y los dumplings de camarones que comienzan a ocupar el centro de la mesa. Las masas húmedas y tibias de ambas entradas se disuelven para invadir con sabores y sensaciones a cada invitado. El relleno, jugoso y salino en su justa proporción, es un guiño al apetito creciente. Los infaltables spring rolls crujen con precisión y las tostadas de langostino aportan un equilibrio entre textura y sabor. Mientras la mente olvida cualquier tipo de restricción y límite, llega el momento de hacer una pausa, necesaria dentro de este ritual aunque causante de la impaciencia a los fanáticos del exceso y de expectativa a quienes saben que lo mejor está por venir.

La espera no decepciona. Con la llegada del curry amarillo de pollo, el arroz con camarón y algunas carnes agridulces, la descripción audiovisual de un guion técnico diría que se está ante un primer primerísimo plano de unas manos que se estiran por alcanzar a los protagonistas de la noche. El director del espectáculo observa satisfecho cómo los platos quedan vacíos previo al show central: la llegada del “Pato Hoisin”, que acude a escena con el brillo del rey de la noche, junto a los pancakes chinos, la verdura fresca y la salsa hoisin que amenizan su intervención.

¿Hay espacio para el postre? Como en las noches, el exceso está permitido, se pronuncia el rotundo sí para el cheesecake de matcha y pistacho y el mochi de tinta de calamar. El primero, cremoso y envolvente; el segundo, elástico y con un sabor extraño y apasionante, como atravesar un callejón desconocido de una ciudad perfecta.

El empresario detrás de la propuesta

Luke Pollard es el socio fundador de Pato Pekín. Su apuesta es cambiar la percepción de la comida china en Colombia. “Para nosotros fue emocionante, un reto grande el decir vamos a presentar lo que es de verdad la comida china. A mí no me daba susto porque hace 10 años nadie comía sushi. Y ya todo el mundo come sushi, ¿cierto? Entonces, la gente muy curiosa, muy muy emocionada como a ver lo que tenemos”, asegura.

Una de las dudas que asaltan a los clientes es el porqué del nombre. “Queríamos un nombre que fuera evidentemente chino. Hoy en día con tanta competencia, yo quería que el momento de verlo, recordara el pato pekinés, que es el pato como más icónico de China. Entonces dijimos es una oportunidad como como un gancho si podemos ofrecer pato que no existe en el mercado, genera un poquito curiosidad y la gente vuelve a probar todo lo demás”, agrega Pollard.

Ubicación: Medellín, Colombia. Cra. 43F #12-76

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