Retirado desde 2008, el creador del icónico rojo Valentino seguriá siendo una figura clave en la historia de la moda.
Valentino Garavani es una de las figuras más influyentes y reverenciadas de la historia de la moda. Nacido en Voghera, Italia, su nombre se convirtió en sinónimo de elegancia absoluta, sofisticación y una visión estética que trascendió tendencias y épocas. Desde sus inicios, Valentino entendió la moda como un ejercicio de belleza atemporal, donde el lujo no debía gritar, sino susurrar con precisión, cortes impecables y una paleta cromática que hoy forma parte del imaginario colectivo.
Con apenas 17 años, Valentino dejó Italia para instalarse en París, donde se formó en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes y en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Allí adquirió las bases técnicas y conceptuales que consolidarían su oficio, inmerso en el corazón de la alta costura europea.
Tras finalizar sus estudios, dio sus primeros pasos profesionales como aprendiz en casas emblemáticas como Jean Dessès y Guy Laroche, referentes indiscutibles de la moda parisina de las décadas de los cuarenta y cincuenta. Aquella etapa de formación práctica fue clave para pulir su visión y sentar las bases de una carrera que redefiniría para siempre el concepto de glamour y elegancia en la moda internacional.
Uno de los grandes hitos de su carrera llegó en la década de los sesenta, cuando presentó en Florencia una colección completamente blanca que captó la atención de la crítica internacional y consolidó su prestigio. A partir de ese momento, su ascenso fue imparable: Jacqueline Kennedy se convirtió en una de sus musas más emblemáticas, sellando una relación entre el diseñador y el poder femenino que marcaría su narrativa creativa durante décadas.
Hablar de Valentino es hablar, inevitablemente, del legendario rojo Valentino. Más que un color, se transformó en una firma visual, un símbolo de sensualidad, fuerza y sofisticación que dominó las alfombras rojas del mundo. Actrices, aristócratas y figuras públicas encontraron en sus diseños una forma de consagración, entendiendo que vestir Valentino era entrar en una liga superior de elegancia.
Este tono, conocido en italiano como rosso, se distingue por su intensidad luminosa y se convirtió en un hilo conductor constante en la obra de Valentino Clemente Ludovico Garavani. Desde su debut internacional en 1962, ha estado presente en prácticamente todos sus desfiles, salvo excepciones memorables como la icónica colección White de Primavera/Verano de 1968. Su primera aparición data de 1959, en un vestido de cóctel que formó parte de la colección con la que el diseñador marcó un punto de inflexión en la alta moda italiana.
Valentino irrumpió en la escena de la costura con una propuesta que desafiaba las normas rígidas impuestas por las grandes maisons parisinas de la época. Sus diseños, inspirados en las túnicas de la Antigua Grecia y construidos a partir de drapeados precisos y fluidos, introdujeron una nueva idea de elegancia, más libre y profundamente sofisticada, que rápidamente captó la atención de la crítica internacional.
Esa sensibilidad estética se alimentaba también de su fascinación por el espectáculo. En una entrevista concedida en 2014, el propio diseñador confesó que encontraba inspiración en la exuberancia de los vestuarios de ópera y teatro: lentejuelas, brillos y dramatismo visual que despertaron en él la certeza de que su destino estaba ligado al diseño. Aquellas experiencias marcaron de forma definitiva su imaginario creativo.
En el año 2008, Valentino Garavani se despidió oficialmente de las pasarelas con un emotivo desfile en París que reunió a sus musas, colaboradores y admiradores. Su retiro marcó el final de una era, pero no el cierre de su influencia. La casa Valentino continuó evolucionando bajo nuevas direcciones creativas, siempre dialogando con el legado de su fundador y su ADN inconfundible.
Valentino Garavani permanecerá como una leyenda viva de la alta costura.