La icónica mascota de la Maison se transforma en charms, joyas y objetos de colección que llevan el savoir-faire de la casa francesa a un territorio más divertido y vibrante.
El lujo también puede tener sentido del humor. En el universo de Louis Vuitton, esa idea toma la forma de Vivienne, una pequeña figura inspirada en la flor del Monogram que, desde su aparición, ha pasado de ser un personaje decorativo a convertirse en uno de los códigos más reconocibles de la Maison. Su estética combina referencias al universo de los viajes, la marroquinería y la joyería con una personalidad deliberadamente excéntrica.
Ahora, Vivienne ocupa el centro de la escena creativa con Vivienne Fashionista, una línea que explora distintas versiones de la mascota a través de accesorios y piezas de colección. La propuesta conserva el carácter juguetón del personaje, pero lo lleva hacia un territorio donde el trabajo artesanal y los materiales propios del lujo adquieren tanto protagonismo como el diseño.
La historia de Vivienne está estrechamente relacionada con uno de los elementos más importantes de Louis Vuitton: la flor del Monogram. El motivo forma parte del célebre canvas creado por Georges Vuitton en 1896, junto con las iniciales LV, y desde entonces ha sido reinterpretado de innumerables maneras.
En el caso de Vivienne, la flor deja de ser un elemento bidimensional para convertirse en un personaje. Su rostro, su silueta y sus accesorios le permiten adoptar diferentes identidades sin perder los códigos que la vinculan con la Maison. Es precisamente esa capacidad de transformación la que sostiene el universo de Fashionista.
La colección presenta versiones que llevan a Vivienne hacia diferentes imaginarios. En Vivienne Fashionista Sport, por ejemplo, aparece convertida en cinco personajes asociados al deporte: Cheerleader, Surfer, Ballerina, Golfer y Yogi. Cada interpretación incorpora accesorios y detalles propios de su universo y el atractivo de Vivienne Fashionista está también en la amplitud de sus interpretaciones. El personaje aparece como accesorio para los bolsos y a su vez se transforma en piezas de joyería y objetos decorativos.
Entre las creaciones de la línea se encuentran un collar, un anillo y pendientes elaborados en oro blanco, amarillo y rosa con diamantes, una aproximación que cambia por completo la escala del personaje y demuestra cómo un elemento nacido desde el imaginario lúdico puede adquirir una lectura sofisticada.
En otro segmento, aparecen las figuras coleccionables de madera, que conservan el carácter irreverente de Vivienne y funcionan como pequeños objetos decorativos. La colección se mueve así entre dos extremos que en Louis Vuitton suelen convivir con naturalidad: la tradición artesanal y el deseo de experimentar con nuevas formas de expresión.
Uno de los puntos más especiales de esta propuesta es el Coffret Vivienne Fashionista Les Exceptionnelles, inspirado en el histórico baúl Boîte Chapeau de la Maison. En su interior reúne cuatro bag charms concebidos como objetos de colección, elaborados con materiales como cuero exótico y cristales Swarovski.
Más que un simple accesorio para personalizar un bolso, el coffret recupera una de las obsesiones históricas de Louis Vuitton: convertir los objetos relacionados con el viaje y la vida cotidiana en piezas donde el diseño y la artesanía tienen el mismo peso. Esa relación con los baúles y el savoir-faire forma parte del ADN de la Maison desde sus orígenes.
Vivienne Fashionista continúa precisamente esa tradición, pero desde un lenguaje mucho más contemporáneo. Los charms, las joyas y los objetos decorativos permiten llevar un pequeño fragmento de ese universo a diferentes espacios, mientras que sus versiones deportivas, náuticas o inspiradas en el verano amplían las posibilidades del personaje.
En el fondo, Vivienne representa una de las capacidades más interesantes de Louis Vuitton: tomar un código propio y mantenerlo reconocible incluso cuando cambia de forma. En 2026, cuando la Maison celebra además los 130 años del Monogram, la presencia de esta pequeña figura resulta especialmente pertinente. El emblema creado en 1896 continúa demostrando que el verdadero patrimonio de una casa de lujo no consiste únicamente en conservar sus símbolos, sino en encontrar nuevas maneras de hacerlos vivir.