Moda

Entre la selva y las ruinas de Xilitla nació ALMA, la nueva colección de Johanna Ortiz

La propuesta Otoño-Invierno 2026 de la diseñadora caleña explora una feminidad exuberante a través de siluetas fluidas, bordados, texturas y referencias a la naturaleza latinoamericana.

Entre la arquitectura inconclusa y la naturaleza que creció a su alrededor, Johanna Ortiz encuentra el escenario para una colección donde la belleza también vive en lo imperfecto.
Entre la arquitectura inconclusa y la naturaleza que creció a su alrededor, Johanna Ortiz encuentra el escenario para una colección donde la belleza también vive en lo imperfecto. - Foto: Cortesía Johanna Ortiz

En diferentes propuestas de la industria, la moda ha imaginado el paraíso como un lugar perfecto: jardines ordenados, flores en su sitio, vestidos impecables, una belleza sin fisuras. Pero la naturaleza rara vez funciona de esa manera. Crece, invade, cambia de forma y deja que el tiempo transforme aquello que alguna vez fue construido para permanecer intacto.

Esa tensión entre lo creado y lo orgánico está en el centro de ALMA, la colección Otoño-Invierno 2026 de Johanna Ortiz, retratada entre las ruinas de Las Pozas, en Xilitla, México. El lugar, concebido por el poeta británico Edward James como un jardín surrealista en medio de la selva, terminó convirtiéndose en algo distinto a su intención original: una arquitectura incompleta que la vegetación hizo suya.

La elección no funciona simplemente como un escenario exótico para presentar cada pieza. Las escaleras que no conducen a ninguna parte, las estructuras de concreto cubiertas de enredaderas y las flores que aparecen entre las grietas ofrecen una idea que conversa directamente con el universo de la colección: el paraíso no necesariamente es aquello que conseguimos terminar, sino aquello que aprendemos a habitar.

Vestirse como quien construye un jardín

En ALMA, la inspiración botánica no se limita a un estampado floral, sino que se convierte en una vía para construir la silueta y, sobre todo, para entender cómo llevar cada atuendo. La propuesta parte de columnas fluidas y siluetas alargadas, alrededor de las cuales aparecen abrigos protagonistas, chalecos amplios de piel de borrego sobre seda y devoré de palma, pijama-sets llevados al terreno de la noche, vestidos de inspiración jardín con mangas voluminosas y boleros románticos.

Johanna Ortiz convierte un jardín surrealista en el universo de ALMA, su nueva colección
Johanna Ortiz convierte un jardín surrealista en el universo de ALMA, su nueva colección | Foto: Cortesía Johanna Ortiz

La colección se mueve así entre lo sensual y lo relajado, entre piezas que tienen una presencia evidente y otras que parecen pensadas para convertirse con el tiempo en parte de un guardarropa personal. No se trata de construir un look cerrado, sino de permitir que las prendas se acumulen, se mezclen y adquieran nuevas lecturas.

Esa noción destaca en el styling de Valentina Collado. Una capa sobre un vestido bordado, varios collares juntos, distintas texturas y piezas que parecen haber sido reunidas durante años convierten el layering en algo más que una decisión estética: en una forma de contar quién lleva la ropa. La imagen resulta también coherente con el jardín de Xilitla. Así como la vegetación no eliminó la arquitectura de Edward James, sino que la envolvió hasta hacerla parte de su propio paisaje, las capas de ALMA tampoco buscan ocultarse unas a otras. Cada una continúa la anterior.

Un jardín latinoamericano convertido en un universo textil

El conjunto de estampados y superficies de la colección parte de una naturaleza exuberante, tropical y profundamente latinoamericana. Hibiscos, amapolas, rosa mosqueta y passiflora aparecen como referencias para los florales, mientras insectos, hojas y formas botánicas se convierten en pequeños motivos que recuerdan aquellos ecosistemas que suelen descubrirse solo cuando uno se acerca.

Los bordados retoman flores silvestres y patrones de crecimiento orgánico. A ellos se suman georgettes con lurex y efectos de rayas con lentejuelas que capturan la luz, además de discretos motivos de leopardo que introducen una nota más salvaje dentro de una propuesta esencialmente sofisticada. La combinación genera precisamente ese contraste que define a Las Pozas: naturaleza y arquitectura, delicadeza y fuerza, orden e imperfección.

El resultado mantiene algunos de los códigos reconocibles de Johanna Ortiz, pero los lleva a un territorio menos evidente. El glamour no desaparece, simplemente pierde parte de su rigidez. La mujer que propone ALMA no parece vestirse para una ocasión específica, sino para habitar su propia vida con una seguridad menos ostentosa.

En Xilitla la naturaleza tomó las ruinas y Johanna Ortiz encontró allí el alma de su nueva colección
En Xilitla la naturaleza tomó las ruinas y Johanna Ortiz encontró allí el alma de su nueva colección | Foto: Cortesía Johanna Ortiz

La campaña, fotografiada por Karla Lisker, evita convertir las ruinas en un decorado perfecto. La luz aparece natural, el movimiento se siente espontáneo y hasta un insecto que se posa sobre el rostro de la modelo termina formando parte de la imagen. La naturaleza que inspiró los textiles está literalmente presente alrededor de la mujer.

El film de campaña, dirigido por la colombiana Mariana Saffon, profundiza en esa misma idea. En lugar de contar la llegada de una mujer al paraíso, muestra a una mujer que ya dejó de perseguirlo. Camina descalza entre Las Pozas mientras el shearling roza la seda, los bordados atrapan la luz y las lentejuelas se mueven con ella. Es una manera particular del retrato porque desplaza la atención del destino hacia la experiencia, entonces el vestido no existe para convertir a quien lo lleva en una versión idealizada de sí misma; la ropa acompaña el movimiento, acumula historias y encuentra su propia expresión en quien la lleva.

Un Edén que nunca terminó de construirse inspiró ALMA, la nueva colección de Johanna Ortiz
Un Edén que nunca terminó de construirse inspiró ALMA, la nueva colección de Johanna Ortiz | Foto: Cortesía

Ese carácter de pieza coleccionable también aparece en las colaboraciones de la temporada. Johanna Ortiz trabajó con Pepa Pombo, cuyas técnicas textiles aportan una dimensión adicional de artesanía; con el joyero colombiano Omar Hurtado, responsable de piezas escultóricas realizadas con piedras semipreciosas y cristales del país; y con la firma española de marroquinería Moi & Sass, que presenta una bolsa de cuero artesanal rematada con una borla.

Son relaciones que amplían el universo de ALMA sin sacarlo de su conversación principal: el jardín como algo vivo, cambiante y construido a través de capas. También refuerzan una de las características más constantes del trabajo de Ortiz: la relación entre elegancia, artesanía y una identidad latinoamericana que no necesita simplificarse para entrar en el lenguaje internacional de la industria.

En Xilitla, un jardín que nunca llegó a terminarse encontró una segunda vida porque la naturaleza decidió intervenir. ALMA parte de esa misma intuición. Su idea de lujo no está en la perfección absoluta, sino en aquello que adquiere carácter con el tiempo: una prenda que se vuelve propia, una joya que se acumula con otras, un bordado que parece crecer sobre la tela.