Opinión

Un hijo en brazos, un bus entre dos ciudades y una carrera exitosa: la historia de una mujer indómita

Redacción Fucsia, 1/9/2026

Beatriz Posada, Círculo de Mujeres Semana Dinero A.P.I | Foto: Beatriz Posada, Círculo de Mujeres Semana Dinero A.P.I

Por Beatriz Posada Henao

Hay una imagen que resume mejor que cualquier título profesional quién soy: una mujer de poco más de veinte años, a bordo de un bus entre Medellín y Barranquilla, con su hijo de un año dormido en los brazos, viajando para no perder el semestre. Nadie me obligó a subirme a ese bus. Pude haberme quedado, haber postergado mis estudios “para más adelante”, haber dicho —como tantas veces nos llevan a decir las dificultades cotidianas y la sociedad misma— que ya habría tiempo. Pero elegí no hacerlo. Y esa decisión, más que cualquier diploma, es la que hoy me define.

Llegué a Barranquilla desde Manizales cuando tenía apenas 16 años, sin familia cerca, sin red de apoyo, solo con las ganas de estudiar Derecho, una carrera que elegí por puro amor a la disciplina y a la lectura. Nadie en mi entorno me señaló ese camino: yo lo escogí. Y con los años he aprendido que ahí está la primera lección que quiero compartir con cualquier mujer que esté leyendo esto: la carrera no te elige a ti, tú la eliges. Lo mismo aplica para la vida entera.

El camino, por supuesto, no fue una línea recta. Estando en séptimo semestre, ya casada, tuve que mudarme a Medellín por el trabajo de quien entonces era mi esposo. Abandoné mis estudios durante un año y medio. Puedo decir, sin exagerar, que ese fue el momento en que mi historia pudo haber tomado otro rumbo: el de tantas mujeres que posponen sus proyectos “por un tiempo” y ese tiempo termina convirtiéndose en toda una vida.

Beatriz Posada - Club Indómitas | Foto: JOSE VEIRA

Pero a mí me tocó, literalmente, subirme a un bus con mi bebé para regresar a Barranquilla y terminar lo que había empezado. No fue heroísmo: fue tenacidad pura, la que se necesita cuando decides que ninguna circunstancia va a decidir por ti.

Vinieron después los primeros trabajos, un paso breve por el sector financiero y, pronto, la certeza de que quería ser independiente. Empecé a estudiar especializaciones que yo misma pagaba, sin patrocinios ni atajos —dos al tiempo, viajando dos veces al mes a Bogotá— y, más adelante, cursé una maestría. Trabajaba de día y estudiaba de noche, sin quejarme, sin lamentar nada. No tuve más remedio que aprender, desde muy joven, que el descanso y la comodidad rara vez son el terreno donde germina lo que uno realmente quiere construir.

Con esa combinación de experiencia y formación constante construí, años después, mi propia firma de abogados. Y aquí quiero detenerme en algo que creo profundamente: cuando miro atrás, entiendo que los obstáculos que enfrenté —una familia joven, hijos pequeños, la distancia entre ciudades, las noches sin dormir— pudieron haberse convertido en excusas perfectamente válidas para renunciar a mis sueños. Pero no lo fueron. He llegado a la conclusión de que, muchas veces, los verdaderos obstáculos no los pone la familia, ni la sociedad, ni las circunstancias: los pone uno mismo, en el momento exacto en que baja la guardia y decide dejar de intentarlo.

TQ (Tecnoquímicas), con su marca Winny, desarrolló una línea exclusiva de pañales para esta población y ha donado más de 28 millones de unidades. | Foto: nattanan726

Mis hijos fueron, sin saberlo, mi motor más importante en esos años. Siendo madre, estudiante y trabajadora al mismo tiempo, tomé una decisión consciente: quería que encontraran en mí un referente, no solo como mujer, sino como una persona capaz de cumplir lo que se propone. Hoy, esa misma convicción la traslado a mi firma de abogados, un espacio interdisciplinario donde formo no solo a abogados, sino también a administradores, economistas, ingenieros industriales y contadores que no solo me apoyan desde sus saberes en las responsabilidades profesionales, sino que están escribiendo su propia versión de esta historia.

En ese camino no estuve completamente sola: tuve mentores que sembraron en mí las ganas de seguir estudiando cuando yo misma dudaba de tener tiempo o energía para una especialización más. Aprendí algo de cada uno de ellos, y hoy trato de devolver ese mismo gesto: abrir espacio, dentro de mi firma, para que otras personas —mujeres, sobre todo— encuentren en mí lo que yo encontré en quienes me acompañaron. Creo firmemente en eso: nadie construye una carrera completamente sola, pero sí hace falta una persona dispuesta a subirse al bus cuando nadie más puede hacerlo por ella.

Beatriz Posada - Club Indómitas | Foto: JOSE VEIRA

A las mujeres que hoy sienten que sus circunstancias son un obstáculo insalvable —aquellas que tienen hijos pequeños, que no tienen quien las patrocine, y que sienten que su punto de partida es más difícil que el de otros— les diría que yo también estuve ahí, en un bus, con un bebé en brazos, sin ninguna certeza de que las cosas iban a salir bien. Les contaría que si todo salió bien fue porque no me detuve. Y que la disciplina, la pasión y la constancia no son virtudes reservadas para quienes tienen el camino fácil; son precisamente las herramientas de quienes no lo tienen y deciden avanzar de todas formas.

Ese es, al final, el legado que quiero dejar: no solo una firma de abogados sólida, sino la certeza, para las mujeres que vienen detrás, de que ningún punto de partida difícil tiene por qué definir el punto de llegada. Indómita no es quien nunca enfrenta obstáculos. Es quien decide, una y otra vez, subirse al bus.

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Las opiniones expresadas en este espacio pertenecen exclusivamente a su autor y no reflejan necesariamente la postura editorial ni los valores de Revista Fucsia.

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