
De la mujer del mundo corporativo a la mujer empresaria
Por Redacción Fucsia
Cómo se siente el paso de un mundo a otro
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Por: Cris Palacio - Club Indómitas
Durante mucho tiempo hice algo que hoy miro de otra manera; trabajé para empresas que no eran mías como si lo fueran.
Sus resultados me importaban; los problemas de los equipos también. Me involucraba, buscaba soluciones y asumía cada responsabilidad con la convicción de que hacer bien mi trabajo significaba ayudar a que toda la organización avanzara. Nunca pensé en ello como “hacer crecer el negocio de otro”; era simplemente mi manera de trabajar.
Después de terminar mi etapa en una multinacional, apareció ante mí la oportunidad de Inspira Talento, una empresa que ya llevaba doce años en el mercado. Y pensé en lo que hoy se ha convertido en un desafío personal, si durante tantos años fui capaz de poner mi conocimiento, mi energía y mi capacidad de trabajo al servicio del crecimiento de otras organizaciones, ¿qué podría construir ahora con una empresa que sí me pertenecía?
Empezando porque no era comenzar de cero y eso, para mí, hacía la historia mucho más interesante.
Inspira Talento ya tenía un recorrido antes de mi llegada. Había una empresa, una experiencia acumulada y doce años que merecían ser reconocidos. Yo no llegaba a borrar esa historia para imponer otra; yo llegaba a reactivarla, a darle una nueva dirección y a conectar ese recorrido con todo lo que venía construyendo alrededor de Cerebro de Líder.
Así nació Inspira Talento con Cerebro de Líder.
El cambio de nombre representaba la empresa que quería comenzar a construir, una compañía enfocada en desarrollar líderes inteligentes a todo nivel, respaldar ese desarrollo con conocimiento científico sobre el cerebro y el comportamiento, incorporar la tecnología con criterio y llevar esta propuesta más allá de Colombia.
Pero también representaba algo mucho más personal, pues por primera vez, todas las versiones de mi vida profesional podían encontrarse en un mismo lugar.
La ejecutiva que aprendió a responder por resultados, quien fue la mujer que durante años trabajó con equipos y entendió cuánto puede influir un líder en la vida de una persona, a eso sumándole mi experiencia en tecnología, además de mi interés por la neurociencia y el neuroliderazgo. Y esta nueva versión de mí que todavía estoy conociendo, la de empresaria.
Quizás por eso esta etapa se siente diferente, porque me siento más yo.
Y también porque ya entendí que esta empresa no se construye alrededor de mí.

Detrás de Inspira Talento con Cerebro de Líder hay un equipo de profesionales que comparte una visión y aporta conocimiento desde diferentes especialidades. Y como CEO, mi responsabilidad es darle dirección a esa visión, pero con una compañía capaz de trascender a una sola persona, que sea una empresa con metodología, conocimiento, talento y resultados propios.
Ese propósito tiene mucho que ver con esta pregunta: ¿qué pasa con las personas después de haber sido lideradas por nosotros?
He conocido líderes que cambian una trayectoria profesional sin siquiera alcanzar a dimensionar hasta dónde llegará su influencia. Alguien confía en una persona antes de que ella confíe completamente en sí misma, le entrega una responsabilidad, le permite equivocarse sin humillarla y la reta a hacer algo que hasta ese momento no sabía que podía hacer.
Ese tipo de liderazgo deja huella, pero también he visto la otra cara.
Profesionales brillantes que empiezan a dudar de sí mismos después de pasar demasiado tiempo con alguien que los descalifica, se convierten en personas que prefieren callarse en una reunión porque aprendieron que opinar tiene un costo y equipos que dejan de proponer porque descubrieron que obedecer es más seguro. Y eso también deja huella.
Quizás por haber vivido tantos años dentro de organizaciones, hoy me cuesta separar el resultado de la manera en que se consigue.
Una empresa necesita rentabilidad, productividad y ejecución. Yo misma he pasado buena parte de mi carrera respondiendo por indicadores y no creo en un liderazgo que utilice el bienestar como excusa para evitar las conversaciones difíciles, bajar la exigencia o justificar malos resultados.
Pero tampoco creo que un buen indicador justifique cualquier manera de tratar a las personas.
Ahí está una de las razones por las que decidí orientar esta nueva etapa de Inspira Talento hacia el neuroliderazgo y respaldar nuestro trabajo con conocimiento científico sobre el cerebro y el comportamiento.
Cuando una organización nos busca, normalmente no necesita que le expliquemos que el liderazgo es importante; eso ya lo sabe. Nos busca porque algo está ocurriendo.
Tal vez sus directivos están tomando decisiones bajo demasiada presión, o un equipo perdió la confianza, o una transformación está avanzando más rápido que la capacidad de sus líderes para gestionarla. O la empresa está incorporando inteligencia artificial y necesita hacerlo sin olvidar que detrás de cada nuevo proceso habrá personas que tendrán que entenderlo, adoptarlo y trabajar de una manera diferente.
Nuestro trabajo parte de esa realidad.
Queremos que los cambios puedan sentirse en la organización, en los líderes que deciden con mayor claridad y en equipos capaces de volver a conversar cuando existen diferencias. En ejecutivos que manejan mejor la presión y el tiempo y empresas que utilizan la tecnología porque genera valor.
Me interesa especialmente el trabajo alrededor de las funciones ejecutivas del cerebro porque aparecen todos los días en la vida de un líder, aunque pocas veces las llamemos por su nombre.
Están presentes cuando necesitamos detener una reacción antes de decir algo de lo que después podríamos arrepentirnos, aparecen también cuando tenemos que cambiar una decisión porque la realidad demostró que estábamos equivocados y cuando debemos reorganizar prioridades en medio de la presión o mantener la atención mientras todo alrededor parece urgente.
Hablar del cerebro, para mí, tiene sentido cuando ese conocimiento mejora lo que una persona hace el lunes en la mañana frente a su equipo.
Así como la neurociencia aplicada al liderazgo, la tecnología también hace parte de esta historia, yo vengo de ese mundo y he vivido de cerca procesos de transformación digital durante buena parte de mi carrera. Hoy la inteligencia artificial ya modificó la forma en que trabajamos y sería absurdo ignorarla.
Pero hay algo que me preocupa más que aprender a utilizar una nueva herramienta y es qué clase de líderes seremos cuando tengamos acceso a herramientas cada vez más potentes.
Una organización puede automatizar procesos y seguir teniendo líderes incapaces de escuchar, teniendo información en tiempo real y seguir tomando malas decisiones, o peor aún, puede invertir enormes recursos en transformación digital mientras conserva una cultura en la que la gente siente miedo de hablar.
La tecnología puede ampliar nuestra capacidad; el criterio seguirá siendo humano.
Esta nueva etapa también me ha obligado a reconciliar partes de mí que antes sentía más separadas.
Durante años trabajé en entornos de alta exigencia y aprendí a responder bajo presión, a sostener conversaciones difíciles y a tomar decisiones aunque no tuviera toda la información. Esa parte de mí sigue ahí y no quiero perderla, de hecho, hoy la necesito más que nunca para dirigir una empresa.
Lo que ha cambiado es mi relación con otra parte de mí.
Ya no siento que escuchar, cuidar o reconocer una emoción resten autoridad y tampoco creo que para ser firme tenga que endurecerme.
Cuando hablo de equilibrar mi energía femenina y masculina, lo hago desde mi propia experiencia, porque en mí conviven la mujer que puede sentarse a revisar un estado financiero y la que percibe que detrás de un indicador puede haber un equipo agotado, la que quiere que la empresa crezca y la que necesita preguntarse cómo queremos hacerlo.
Y siento que hoy esas dos partes ya no compiten y por eso me siento más yo, más Cris, en esta etapa.
Emprender tampoco se parece demasiado a la historia romántica que muchas veces se cuenta desde afuera.
Hay libertad, por supuesto, pero viene acompañada de una responsabilidad muy concreta.
Una buena idea tiene que convertirse en un negocio sostenible con un excelente servicio y encontrar clientes que reconozcan su valor. Ahora una decisión equivocada ya no puede quedarse durante meses en la explicación de por qué salió mal, hay que revisarla, aprender y decidir otra vez.
Y a esto sumémosle un desafío adicional, el de internacionalizar la compañía.
Estamos llevando a Inspira Talento con Cerebro de Líder a otros mercados, lo que implica mucho más que vender servicios fuera de Colombia, entender otras realidades empresariales, aprender a leer nuevos contextos y descubrir qué parte de nuestra propuesta puede escalar sin perder aquello que nos hace diferentes.
Y ese reto me obliga a pensar de otra manera, pues ya no pienso solamente como la ejecutiva que debe conseguir un resultado, sino que tengo que pensar como la empresaria que construye algo que debe seguir funcionando, creciendo y generando valor más allá de ella misma.
Yo no pasé del mundo corporativo para negar esa historia, pues me traje conmigo los resultados que me dieron confianza y los errores que todavía me enseñan, además de que me quedé con las personas que apostaron por mí y también experiencias que me mostraron con bastante claridad el tipo de líder que no quiero ser.
Ahora todo ese aprendizaje tiene otro destino.
Quiero ver Inspira Talento con Cerebro de Líder trabajando con organizaciones dentro y fuera de Colombia, que podamos demostrar que desarrollar mejores líderes tiene efectos concretos sobre los equipos, las decisiones y los resultados de una compañía.
Pero también quiero algo que difícilmente cabe en un indicador.
Quiero que una persona pueda mirar su carrera dentro de algunos años y recordar que tuvo un líder que la ayudó a descubrir algo que todavía no había visto en sí misma y que después esa persona tenga la oportunidad de liderar a alguien más y decida hacer lo mismo.Porque el liderazgo también se hereda, pues un líder puede desbloquear el potencial de una persona y esa persona puede hacer lo mismo con quien viene detrás y esa cadena puede atravesar equipos, organizaciones e incluso generaciones.
Nuestro país también necesita mejores cadenas de liderazgo, necesita personas capaces de dirigir sin reducir al otro, de obtener resultados sin perder humanidad y de entender que tener poder sobre una decisión también significa tener responsabilidad sobre las consecuencias que esa decisión genera en otros.
Esa es la empresa que quiero ayudar a construir junto con mi equipo.
Una compañía con doce años de historia que hoy comienza una nueva etapa, con una mirada puesta en otros mercados y la convicción de que ciencia, tecnología y humanidad pueden convivir en la manera en que desarrollamos líderes.
Si ayudé a hacer crecer empresas que no me pertenecían y me siento orgullosa de haberlo hecho, hoy me corresponde algo diferente enfocada en Inspira Talento Con Cerebro de Líder y mientras lo hago, también estoy descubriendo hasta dónde puede crecer la mujer que decidió ponerse al frente de ella.
Y procurar que, mientras nosotros crecemos, también crezcan los líderes y las personas que encontremos en el camino.
Esta vez el resultado no se medirá solamente por cuánto crezca la empresa.
También por cuánta gente crezca con ella.
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Las opiniones expresadas en este espacio pertenecen exclusivamente a su autor y no reflejan necesariamente la postura editorial ni los valores de Revista Fucsia.




