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Las gaseosas dietéticas alteran el metabolismo

Fucsia.co

Las gaseosas dietéticas alteran el metabolismo Ingimage.

¿Tomar bebidas dietéticas podría ocasionar aquello que intentamos evitar? Algunos estudios sugieren que estas aumentan el tamaño de la cintura y alteran los niveles de azúcar.

Varias encuestas, principalmente en Estados Unidos, reportan que el consumo de bebidas con endulzantes artificiales va en aumento. Aunque la conscientización de los problemas que puede causar el exceso de calorías y dulces es algo positivo, algunos investigadores asocian estas gaseosas a la ganancia de peso y otras enfermedades.

Por ejemplo, la investigadora Susan Swithers, en un artículo de opinión publicado en la revista Trends in Endocrinology and Metabolism, afirma que existe “evidencia acumulativa que sugiere que quienes toman frecuentemente estos sustitutos del azúcar como el aspartame, la sucralosa y la sacarina tienen más riesgo de sufrir síndrome metabólico, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular”.

El síndrome metabólico es una condición que consiste en obesidad principalmente en la zona del abdomen, hipertensión arterial, triglicéridos altos y colesterol HDL (conocido popularmente como “colesterol bueno”) disminuido y puede ocasionar múltiples consecuencias negativas para la salud cardiovascular.

Causas confusas

Sin embargo, no todos están convencidos de que la soda dietética sea tan mala.

Un estudio del año pasado hecho en el Hospital Pediátrico de Boston (EE. UU.) encontró que los adolescentes con sobrepeso respondieron bien cuando pasaron de bebidas dulces a las opciones con cero calorías, entre ellas las gaseosas dietéticas.

Aunque los investigadores de este estudio aconsejan que el agua siempre es la mejor alternativa, el doctor Robert Lustig de la Universidad de California (EE. UU.) le dijo al diario npr.org: “Yo comparo la gaseosa dietética con la metadona, la droga que se usa para desmontarles la heroína a los adictos. No es lo ideal, pero puede servir”.

Pero la evidencia que señala las consecuencias potencialmente dañinas de su consumo habitual es difícil de ignorar.

Por ejemplo, una investigación llamada San Antonio Heart Study hecha en 2005 encontró un vínculo entre las sodas dietéticas y la ganancia de peso a largo plazo.

“En promedio, por cada bebida que nuestros participantes tomaban al día había un 65 % más de probabilidades de sufrir sobrepeso en los siguientes siete u ocho años”, dijo Sharon Fowler en un comunicado de prensa.

Fowler señaló que era posible que “personas de peso normal que comenzaron a engordar hayan empezado a tomar bebidas dietéticas intentando detener la ganancia de peso”, sin embargo, agregó que los resultados de la investigación generaban más preguntas que respuestas.

Otro estudio que incluyó a más de 5.000 personas de diferentes razas reveló que el consumo de gaseosas dietéticas se asocia a un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.

¿Da igual?

Se podría pensar, entonces, que consumir menos azúcar no hace la diferencia porque tenemos el mismo riesgo de ganar peso y sufrir del corazón.

Debido a que la obesidad es un factor muy importante para desarrollar diabetes, es probable que algunas personas justifiquen sus comidas altas en calorías con tomar bebidas dietéticas. Es como decir: “Me comeré estas papas con esta hamburguesa. Igual me voy a tomar una dietética”.

Pero también es posible que algo más complicado y sutil pase en nuestro cerebro y el resto del cuerpo cuando tomamos estas bebidas de forma regular. Como dice la investigadora Susan Swithers, “el consumo frecuente de endulzantes potentes podría tener un efecto paradójico al inducir trastornos metabólicos”.

Una teoría es que este tipo de sodas “embota” nuestra respuesta al azúcar. Desde el momento en el que estas tocan los labios, el cuerpo comienza a liberar hormonas que procesan la glucosa. Es parte de los mecanismos que nos preparan para lo que viene.

Si desarrollamos el hábito de consumir azúcar artificial nuestro cuerpo podría confundirse y no responder igual cuando comemos azúcar de verdad. “Dejamos de producir las hormonas – o por lo menos no las producimos antes”, afirma Swithers.

“Algunos investigadores piensan que este cambio en los niveles hormonales puede contribuir al aumento de la cantidad de lo que comemos y de nuestros niveles de glucosa, lo que puede asociarse a la diabetes”, explicó.

El consumo de gaseosas dietéticas aumenta cada día y las mujeres lideramos la lista. Los niños también se están uniendo a la tendencia al beber de los productos que consumen sus papás. Por esto es que se recomienda elegir alternativas saludables como el agua y los jugos naturales que, aunque a veces pueden ser un poco más costosos, evitarán que a largo plazo tu cuerpo pague un precio más alto.

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