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Sin jorobas ni dolores Pantherstock

Las espalda puede ser un punto traumático porque se contractura fácilmente. Hay que cuidarla, y si ya se maltrató y la mala postura es moneda corriente, existen varias alternativas para aliviar el malestar y sentirse bien.

La vida se detiene en ese instante donde agacharse es como sumergirse en un submarino y levantarse, como escalar el Himalaya. Las contracturas en la espalda son una alarma del cuerpo que no dejan respiro para pensar ni hacer otra cosa.

Se estima que en los países industrializados, el 30% de la población sufre dolor crónico de espalda. Mientras que 8 de cada 10 personas pueden padecer tirones de algún momento de sus vidas. La espalda está sometida a un estrés repetido que suele producir dolor, pero puede volverse permanente y aumenta con la edad.

Por eso, antes de sentirnos una momia, sin movimiento, es importante tomar algunos recaudos: es conveniente realizar actividad física periódicamente y asistida por un profesional que controle los movimientos para fortalecer los músculos que nos posibilitarán mantener una postura adecuada.

También hay otros tips para no sentir que el único lugar en el mundo es la cama. Un factor que nos ayudará a mejorar la correcta posición de nuestro cuerpo durante el día, es el control de la tensión muscular que sufre nuestro organismo debido a la mala ergonomía del lugar donde trabajamos. En nuestras horas laborales, forzamos una posición que no es la adecuada para el cuerpo. Para contrarrestar esto, es recomendable realizar ejercicios de elongación durante 10 minutos, cada 2 horas, en aquellas zonas más comprometidas. En el caso de una oficinista, por ejemplo, se deben cuidar los hombros –rotando y haciendo círculos amplios para movilizar escápulas y alongar los pectorales y bíceps- entre otros músculos.

Más allá de las malas posturas y las enfermedades que producen el dolor de espalda –como la osteoporosis- hay otras causas que llaman al grito. Por ejemplo: levantar objetos incorrectamente, los esfuerzos físicos repetidos e intensos, las caídas, la mala posición para dormir, utilizar una almohada inadecuada en el tiempo de descanso, sentarse en la misma posición por mucho tiempo, sostener el auricular del teléfono con el hombro y practicar deportes sin calentamiento previo.

¿Qué se puede hacer para prevenir los dolores? Usar un banquito para buscar el objeto que está arriba del clóset (y no intentar estirarnos como una jirafa), llevar el carrito del supermercado hasta el carro, el hogar o el taxi, flexionar las rodillas al hacer la cama o recoger un papel del piso, trabajar para obtener una postura recta, colocar una almohada debajo de las rodillas al dormir, conservar la flexibilidad de los músculos de la espalda mediante una rutina moderada de ejercicios de estiramiento, mantener fuertes los músculos del abdomen, conservar el peso adecuado según la estatura y la edad, y tomar sol en horarios permitidos para mantener el nivel suficiente de vitamina D.

¿Y cuando ya estás adolorida y ni los abdominales ni el banquito para buscar la fuente de la abuela pueden aliviar la puntada permanente? ¡Nada de tirarse en la cama! Una opción es probar con yoga. Con los ejercicios aprendemos a relacionarnos con la mochila que cargamos cotidianamente, a distribuir el peso, a abrir los hombros y el pecho, y a mantenernos erguidas.
                                                               

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