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¿Son realmente necesarios los suplementos vitamínicos?

Fucsia.co

¿Son realmente necesarios los suplementos vitamínicos? Foto: Pantherstock.

Una para la memoria, otra para la piel y otra más para tener energía. Varios estudios afirman que el exceso de vitaminas es tan dañino como su deficiencia. De pastilla en pastilla podríamos hacerle más daño que bien a nuestro cuerpo.

Las vitaminas son necesarias para convertir la comida en energía. Cuando las personas tienen un déficit de estos nutrientes se producen enfermedades como osteoporosis, anemia o alteraciones de la piel.

Los nutricionistas sostienen que los humanos sólo necesitamos la dosis recomendada diaria, es decir, la que se encuentra en una dieta normal. Los fabricantes de vitaminas, por otro lado, afirman que la dieta diaria no contiene las suficientes vitaminas y que más es mejor.

Por estar en la naturaleza, muchas personas piensan que un poco más de vitaminas no hace daño y hasta puede ser mejor que las que obtenemos con las comidas.

Una de ellas parece ser Katy Perry. La cantante estadounidense compartió con sus 37 millones de seguidores en Twitter su secreto para mantenerse saludable: tres bolsas grandes llenas de pastillas.

La pregunta no es si necesitamos vitaminas sino cuántas requerimos y si obtenemos las suficientes de lo que comemos diariamente. Sin embargo, desde hace tiempo se sabe que el exceso de vitaminas en el cuerpo puede ser tan dañino como su carencia.

Foto extraida de Twitter oficial de Katy Perry:@katyperry

¿Qué dice la ciencia?

Múltiples estudios han demostrado que dosis suplementarias de vitaminas, además de no tener mayores beneficios, pueden ser perjudiciales.

En un estudio de 1994 publicado en la revista The New England Journal of Medicine, a 29 mil hombres finlandeses, todos fumadores, se les dio vitamina E diariamente, betacaroteno (un precursor de la vitamina A), ambos o un placebo.

El estudio encontró que los que tomaron betacaroteno durante cinco a ocho años tuvieron más probabilidades de morir de cáncer de pulmón o enfermedades del corazón.

Dos años más tarde, la misma publicación expuso otro estudio sobre los suplementos vitamínicos. En él, 18 mil personas que tenían un riesgo mayor de padecer cáncer de pulmón por exposición a químicos o cigarrillo recibieron una combinación de vitamina A y betacarotenos o un placebo.

Los investigadores interrumpieron el estudio cuando encontraron que el riesgo de morir de cáncer pulmonar para aquellos que tomaron las vitaminas era 46 por ciento más alto.

Años después, en 2004, una revisión de 14 estudios de la base de datos Cochrane encontró que los suplementos con vitamina A, C, E y betacaroteno; y selenio para prevenir los cánceres intestinales, de hecho, aumentaron la mortalidad.

Otra revisión publicada en 2005 en la revista Annals of Internal Medicine encontró en 19 ensayos clínicos en las que participaron cerca de 136 mil personas, los suplementos con vitamina E aumentaron la mortalidad. Ese mismo año, una investigación en personas con enfermedades vasculares o diabetes reveló que la vitamina E aumentaba el riesgo de insuficiencia cardiaca.

Además, el año pasado, otra revisión encontró que “el betacaroteno y la vitamina E parecen aumentar la mortalidad, al igual que las dosis altas de vitamina A”.

¿Qué explica esta conexión entre los suplementos vitamínicos y las tasas más altas de cáncer y mortalidad? La palabra clave es los antioxidantes.

Enemigos necesarios

Los medios de comunicación a veces nos muestran la relación entre los antioxidantes y los oxidantes como una lucha entre el bien y el mal.

Una de las consecuencias de la oxidación es la formación de radicales libres. Estos dañan nuestras células y su ADN. Varios estudios los han asociado al envejecimiento, el cáncer y las enfermedades cardíacas. 

una dieta variada y balanceada le garantiza un adecuado aporte vitamínico a nuestro cuerpo. 
(Foto: Pantherstock).

El cuerpo produce antioxidantes para neutralizar los radicales libres. Estos también se encuentran en las frutas y los vegetales, específicamente el Selenio, el betacaroteno y las vitaminas A, C y E. algunos estudios han mostrado que quienes comen más frutas y vegetales tienen menos cáncer y enfermedades del corazón y hasta viven más.

Sin embargo, quienes toman suplementos con antioxidantes no necesariamente gozan de una mejor salud.

Los radicales libres no son tan malos como se cree. De hecho, los necesitamos para matar bacterias y eliminar células malignas. Cuando se toman suplementos vitamínicos con altas dosis de antioxidantes se pierde el balance entre la producción y la destrucción de los radicales libres. Esto disminuye la capacidad del sistema inmune de eliminar los “invasores” dañinos. Los investigadores lo llaman la paradoja antioxidante.

Basadas en los estudios clínicos, las organizaciones cuya tarea es la de regular la salud pública no recomiendan los suplementos con antioxidantes en personas saludables. Entonces, ¿por qué no se aseguran de que conozcamos los peligros? Simplemente porque no pueden.

Con las manos atadas

En diciembre de 1972, preocupados porque la gente tomaba vitaminas en exceso, la Administradora de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés) anunció que iba a regular la dosis de los suplementos, de esta forma los fabricantes tendrían que probar que sus “megavitaminas” eran seguras antes de venderlas. Sin embargo, la industria se sintió amenazada y se propuso destruir la reglamentación.

En 1976 se introdujo un proyecto de ley para evitar que la Federación regulara los “megasuplementos”. Como resultado, los consumidores no saben que al tomar “megavitaminas” aumentan su riesgo de cáncer, enfermedades del corazón y acortan sus vidas. Básicamente, no sabemos que nos estamos exponiendo a demasiado de lo bueno.

Llevar una dieta variada y balanceada, exponerse a la luz del sol moderadamente para ayudar al cuerpo a producir vitamina D (esencial para los huesos) y no tener una enfermedad que impida absorber los nutrientes es suficiente para garantizarle un adecuado aporte vitamínico y de minerales al cuerpo.

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