Cine

Resucitar en forma de comedia

Le gusta que sus películas conecten con la audiencia, y eso lo consiguió de manera rotunda en el pasado Festival de Cannes con su filme un poeta, donde ganó el premio del jurado de la sección ‘una cierta mirada’. Le pedimos a otro poeta que lo entrevistara, que nos contara sobre su vida, los finales de sus obras y su salvación a través del cine.

La poesía hecha cine: el director que conquistó Cannes con Un poeta
Simón Mesa Soto. Bogotá Junio 24 de 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Fucsia. - Foto: Fucsia

Por: Juan de Frono.

SIMÓN Mesa Soto abre la puerta del apartamento en el que vive y lo primero que se nota es la ausencia de su rasgo más distintivo: el pelo revuelto y en varias direcciones, como una vegetación sorprendente. No es un hombre distinto, pero la gorra que se puso sí crea otro Simón, el hombre doméstico, el que lleva chanclas, bermudas de jeans y lava ropa a las 5:00 de la tarde. En cierto momento, sin que el ruido haya interrumpido la conversación, dice que va a apagar la lavadora y se levanta, camina hacia la cocina y pausa el aparato. “Para más tranquilidad”, advierte.

Nació en Medellín, está a nada de cumplir 40 años, no mide más de 1,70 de estatura y es el único colombiano que ha ganado una Palma de Oro en Cannes, el festival de cine más importante del mundo. Fue en 2014 con su cortometraje Leidi, donde están encapsuladas algunas de sus preocupaciones como artista que se han ampliado en sus dos largometrajes posteriores y únicos a la fecha: Amparo (2021) y Un poeta (2025), que se estrenará en agosto en las salas colombianas y recibió en el mismo festival francés el Premio del Jurado de “Una cierta mirada”, una sección que se creó en 1978 para proyectar y premiar películas de realizadores jóvenes.

Simón ha dicho que nunca pensó en ser cineasta, ni siendo niño ni en la adolescencia ni cuando se presentó a la Universidad de Antioquia para estudiar en la primera promoción del pregrado Comunicación audiovisual, a comienzos de los 2000. No es la típica historia romántica del director que se crio al lado de una sala desaparecida o que se escapaba de casa en las tardes para meterse en un cine durante horas. Su deseo inicial fue tener una banda de música, incluso lo intentó con amigos, pero comenzó la universidad, hizo cortos, viajó y cursó una maestría en la Escuela de Cine de Londres, recibió premios y buena acogida, y el cine lo enamoró.

Pero con su primer largometraje, Amparo, tuvo una crisis. Pensó en abandonar el cine y dedicarse en exclusivo a la docencia. Nada raro en Colombia, donde cada película tiene que luchar sus espectadores, como dice el crítico Pedro Adrián Zuluaga. Ser cineasta en un país sin una industria que soporte el oficio puede ser frustrante. Es un viaje en, alrededor, sobre, el corazón del vacío.

La poesía hecha cine: el director que conquistó Cannes con Un poeta
Simón Mesa Soto. Bogotá Junio 24 de 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Fucsia. | Foto: Fucsia

Es una vida de “poeta”, y de ahí el gran hallazgo de Soto, que pensó, en medio de su crisis, en una película que hablara del fracaso. ¿Y quiénes saben mucho de esto? Los poetas, claro, que insisten en entregar su vida a un arte “inútil” en un mundo donde la utilidad lo es todo. Estamos frente a una especie de resurrección de este director, al que el cine estuvo a punto de matar. Una muerte prematura, después de una ópera prima. Para ser más claros: un suicidio. O un asesinato venganza: el cine contra un director novel. Pero venció la terquedad. La pasión.

JUAN DE FRONO: ¿Cuál fue la crisis de la que surgió Un poeta?

SIMÓN MESA: Fue sentir la frustración de hacer, porque la creación artística es complicada. La labor de escribir, producir y dirigir una película es muy bella; pero es dura, es un poco como estar desempleado. Tienes que buscar tiempo libre para crearla, es un proceso que dura muchos años y mientras hago varias cosas para vivir; yo he sido profesor y edito trailers. Es algo común para muchos que nos dedicamos al cine. Y todo cambia con la edad. Cuando tienes 20 dices: “¡Vamos con toda, no importa nada, cuál casa, cuál carro, cuál familia!”. Pero ahora me dije: “ay, jueputa, no tengo seguridad, ¿será que este cine sí va a funcionar? ¿Cómo podré vivir de él?”. Los sueños de juventud se van, te sacuden, sobre todo cuando llevas mucho tiempo haciendo películas.

J. D. F.: ¿Y por qué un poeta como protagonista?

S. M.: Al principio, cuando estaba escribiendo el guion, no veía cómo hacer una película sobre un cineasta. Siempre sentí que la figura del poeta era más interesante.

J. D. F.: ¿Qué tan riesgoso fue realizar una comedia después de grabar obras tan dramáticas como sus dos cortos más recientes y Amparo?

S. M.: Fue un riesgo, pero es bonito exigirte y escribir otro tipo de historias. La comedia suele ser subestimada, se piensa que, frente al drama, es un arte menor. Pero este es un género muy bello y muy difícil porque cuando estás filmando no sabes si esos gags y esos chistes funcionarán con la audiencia.

J. D. F.: ¿Y cómo fue la grabación de esta comedia?

S. M.: Tendría que decir dos cosas. Primero, Ubeimar Ríos, el protagonista, trae una comedia muy particular en su forma de ser, en su manera de hablar; hay muchas frases que él dijo durante la grabación y luego las incluí en el guion. Segundo, en este tipo de obras no son los personajes los que te hacen reír, sino las situaciones. En algunas escenas los actores intentaban ser graciosos y yo los frenaba, porque el chiste no estaba ahí, lo cómico eran las circunstancias. Al actuar se encuentran en un dilema difícil, en una crisis, en una situación trágica. Por ejemplo, Ubeimar, no podía reírse o hacer algo chistoso porque estaba sufriendo. En ese sentido, la comedia no está en las actuaciones sino en la ironía de la situación.

J. D. F.: ¿En qué referentes del cine de comedia pensó?

S. M.: En Punch-Drunk Love (2002), dirigida por Paul Thomas Anderson y protagonizada por Adam Sandler; me parece increíble. También en La muerte de un burócrata (1966), del cubano Tomás Gutiérrez Alea. Por mencionar dos.

J. D. F.: ¿Y del cine colombiano?

S. M.: Dago García me parece un gran referente desde el guion. En sus historias está retratada la idiosincracia colombiana, a veces de una manera enfática; en Un poeta también hay mucha idiosincracia pero yo buscaba un balance entre ese tipo de comedia y el mantener unos valores cinematográficos muy fuertes. Quería hacer una película que le hablara claramente a la audiencia y se conectara con ella, pero que también asumiera riesgos narrativos.

J. D. F.: Muchos directores de cine independiente piensan poco en la audiencia, usted sí parece interesado en ella…

S. M.: Hacer películas para que las vea un pequeño nicho me parece un poco arrogante; el cine y el arte deben ser para todo el mundo, no para unos pocos. Yo quiero que la gente vea mis historias y las sienta transparentes, que no se pregunte ¿qué está pasando ahí?, que no sienta que estoy jugando con ella, aunque claramente sí lo estoy haciendo; pero no intento ‘tirar’ un mensaje abstracto porque esto que cuento es importante. Es mi reto y me encanta.

J. D. F.: Muchas de esas películas de “juego” son las que se premian en los festivales más prestigiosos del mundo, como el de Cannes, donde sus obras han sido muy elogiadas y galardonadas. ¿Qué piensa de ellos?

S. M.: Es un tema ambiguo. Los festivales deben ser el punto de partida pero no el final de las películas. Algunas historias que se graban para competir en estos eventos mueren ahí y nadie más las ve. Luego las exhiben en Colombia, por ejemplo, y no hacen espectadores. mí me interesa que la película, a través de su narrativa, se expanda y conecte con las personas. De otro lado, hay que comenzar a pensar por qué a la gente no le gusta nuestro cine. Yo no estoy filmando Transformers, obviamente, pero sí trato de entender cómo acercarme a la audiencia.

Entre versos y pantallas: la voz íntima del cineasta premiado en Cannes
Simón Mesa Soto. Bogotá Junio 24 de 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Fucsia. | Foto: Fucsia

J. D. F.: ¿Qué intenta provocar en la audiencia con Un poeta?

S. M.: Quería rodar una historia universal, que no se limitara a lo local, porque un poeta de ese estilo puede existir en cualquier parte, y que conectara con la gente. Tomé muchas decisiones para que así fuera. Y hacer eso es más radical, al menos para mí. Pensar en un cine que llegue al gran público es liberador. Algunas personas me preguntaban: “¿Por qué la voz en off? ¿Por qué un final feliz? Es complacer a la audiencia”. Entonces notas que el cine más de autor tiene demasiadas restricciones. Y yo quiero que mi mamá vea Un poeta y se ría, que la gente la disfrute, así como pasó en Cannes, al punto de aplaudir, en un momento muy emocionante de la ‘peli’.

J. D. F.: ¿Cuál momento?

S. M.: Mejor no hacer spoiler. Sucedió en mitad de la película. El auditorio no paraba de aplaudir y reír, y nosotros nos preguntábamos ¿qué está pasando? Había muchos colombianos en la sala, fue como ver un partido de la selección de fútbol, pero en ese templo que es Cannes. Y a la gente y a los distribuidores les gustó. Algo que nos alegra, porque es una película pequeña, y grande de alguna manera, y se ha vendido en más de quince países.

J. D. F.: ¿Fue un rodaje largo?

S. M.: No, la filmamos muy rápido, sin preocuparnos mucho como en las películas anteriores. Rodábamos una, dos, tres tomas, y sale, ¡la que sigue! La realizamos en treinta días entre enero y febrero; la editamos en un mes y medio, y en mayo estábamos en el festival.

J. D. F.: En estos momentos de tanta corrección política ciertas escenas de la película podrían causar cierta polémica, ¿no?

S. M.: En realidad esperaba más críticas por eso, porque ahora hay mucha susceptibilidad en el mundo. Como que ya no se nos permite reírnos de ciertos temas. Y tuve una asesora de guion, una mexicana, que influyó mucho en la película y me dijo: “Si vas a hacer una comedia, tienes que reírte de todo, de todos y no puedes dejar a nadie vivo”.

J. D. F.: El protagonista de la película es un poeta triste en busca de un poema feliz. ¿Se considera un cineasta triste?

S. M.: Soy un poco dark, y a veces una persona nihilista. Sé que tengo que sacudirme eso. Creo que con los años he aprendido a estar más tranquilo y a encontrar luz en las pequeñas cosas, en la vida. Ese es mi dilema, que lo abordo a través de esta película: que lo melancólico tiene que ser lo profundo, y que la poesía es triste, y entre más triste y más sufrida, mejor, o que para hacer cine hay que sufrir. También se debe entender que no, en realidad uno puede buscar la luz en el arte y en la creación.

J. D. F.: En sus dos largometrajes la y el protagonista sufren o están angustiados por una razón específica, y la audiencia los acompaña en ese viaje. Pero luego encuentran la luz. Incluso en ambas hay un abrazo en la escena final. ¿Planea estos finales esperanzadores?

S. M.: Me interesa que las películas tengan un final menos devastador, para que el espectador pueda tener un respiro después de haber seguido a los personajes en su camino… (Simón se queda en silencio durante casi un minuto). Me quedé pensando. Es la primera vez que comparo los dos finales; tienes algo de razón, son parecidos, hay un paralelismo, hay en ellos una lucecita, como que todo no está tan mal. Pero no fue planeado.

La poesía hecha cine: el director que conquistó Cannes con Un poeta
Simón Mesa Soto. Bogotá Junio 24 de 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Fucsia. | Foto: Fucsia

J. D. F.: ¿Es difícil escoger la escena final?

S. M.: Es tan difícil que algunas veces he filmado dos finales. En Un poeta tenía dos, uno desde el guion y otro que no estaba planeado. Hablé con el equipo y le expliqué que necesitaba grabar algunas escenas más para tener un final alternativo. Es mejor contar con otra opción, porque es difícil saber si el cierre planeado va a ser contundente o no. De hecho, el final que quedó no es el que escribí en el guion.

J. D. F.: Como el final alternativo de su crisis, que resultó en una inesperada comedia y en su salvación como director de cine.

S. M.: Sí, estoy emocionadísimo. El proceso de una película es muy largo y uno a veces lo padece, pero ya no sé hacer otra cosa, no tengo otra opción; bueno, ser profesor... Aunque tengo una obstinación con el cine muy grande. El recibimiento que tuvo Un poeta en Cannes, y que la gente la haya abrazado, me llenaron de ánimo para continuar haciendo cine.