Libro
Vanessa de la Torre se entrega a la ficción en su libro “El olor del fin del mundo”
A través de la relación clandestina entre Carmen y Antonio, el texto retrata las marcas que dejó la pandemia del COVID en las relaciones y la vida colectiva.

Por: Mauricio Barrantes
Como una periodista que no le teme a ningún cubrimiento, Vanessa de la Torre atravesó la pandemia con la mirada de una reportera: preguntando, verificando y narrando las historias desde las calles y los hospitales. Para ella, la pandemia no solo fue el tema principal de investigación, sino también una experiencia vivida, atravesada por síntomas y marcas como la pérdida del olfato. De allí surgió El olor del fin del mundo, su más reciente libro, en el que recrea desde la ficción situaciones que marcaron las complejas dinámicas de comportamiento que se vivieron en ese tiempo y los límites que marcaron las formas de relacionarse.
Vanessa de la Torre pasó de explicar cómo era la Colombia encerrada a transmitir el deseo prohibido de sus personajes. Es por eso que Carmen y Antonio, más allá de ser los protagonistas del libro, han sido sus compañeros desde que inició el proceso de escritura. Y es que El olor del fin del mundo es una historia que parece tan cercana, que hasta se puede asumir como propia. Quizás esa sea la razón para que más de un lector le pregunte a Vanessa aún por ellos, como si fuera necesario saber más de sus vidas. Hay algo de verse reflejado en la historia de Carmen y Antonio que invoca la curiosidad de quienes se acercan a las páginas del libro para recordar las formas de vincularse, de extrañar y de sentir.
Es una historia de amor, pero también de dolor y de decisiones de vida. Una novela que necesitó del vestido de la ficción para leerse sin la angustia de esa época. El olor del fin del mundo recorre la pérdida, la enfermedad y el desconcierto a la vez que retoma rutinas que transformaron la intimidad de todos. Vanessa de la Torre escribe para entender qué fue lo que le pasó a Carmen, a Antonio, a ella misma y al mundo.
¿Por qué decidiste hacer un libro de ficción y no quizás contar esta historia a través de una crónica? ¿Por qué explorar esta vez la ficción?
Había hecho todas las crónicas, había hecho todos los reportajes posibles. Durante el COVID yo trabajé durísimo. Yo trabajaba en un noticiero y hacía un programa de radio por la noche. Entonces usé todas las herramientas que tenía en el periodismo para contar el COVID (…) Pero me faltaba algo para ahondar más en las relaciones interpersonales, en esos episodios que uno no necesariamente cuenta como periodista, que es un poco más carnal: lo que viven, lo que cuentan, de lo que te enteras (…). Entonces, un poco la novela te permite arrastrar los límites del periodismo, llevarte por delante todas las fronteras y traer a colación una historia que tiene mucho contenido real, periodístico, todo lo del COVID, pero también me permitió a mí, como individuo, volar un poco con mi imaginación y crear estos personajes que me permitieron a mí también desfogar mucho de lo que yo tenía muy reprimido, muy adolorido por el COVID.
En términos narrativos, ¿por qué decides contar esta historia en primera persona y no en tercera?
Porque la empecé a escribir en tercera persona, con una visión muy distante, como periodista. Y parecía una crónica periodística, obviamente. Y luego entonces dije: voy a escribir en primera persona porque yo conozco a Carmen, pues es mi Carmen, ¿no? Entonces la quiero contar con mi voz. Y cuando le cambié la visión, cuando le cambié la voz, me sentí al principio muy, muy nerviosa porque me parecía que era como que se parecía mucho a mí, y dije: no, esto va a darse para todo tipo de malentendidos. Pero luego me sentí muy cómoda con ella porque el personaje realmente es muy atractivo. Es fascinante, Carmen, de todas formas, con todo lo que le pasa, sus vicisitudes y sus dolores, y lo maltratada que puede estar, y lo golpeada emocionalmente que logró estar con el COVID, en ese enamoramiento tan brutal y todo lo que uno quiera; pues sentí que le daba como una vida mucho más propia contándola ella, aunque ella misma contara lo que le estaba pasando.
Antonio y Carmen viven una relación clandestina. Para ti, ¿qué significa esa clandestinidad en términos sociales y afectivos?
Yo no soy una persona que tome partido frente a las relaciones interpersonales, a menos que estén violando derechos indiscutibles. Una relación con una menor de edad, una relación de abuso, feminicidio, digamos, todo lo que rompa el código civil es algo en lo que evidentemente me involucro, sobre todo como periodista y como ciudadana. Pero no soy una persona que juzgue la forma en la cual un hombre y una mujer se aman, o dos hombres, o dos mujeres, dos personas. Y mi objetivo con el libro nunca fue juzgar, ni a Carmen ni a Antonio. Son dos personajes que tienen sus historias, sus impedimentos, sus grises. Lo mío no fue juzgarlos a ellos, sino contarlos a ellos. Realmente, cuando tú exploras las relaciones interpersonales, pues son infinitas. No hay una manera mágica. Hay tantas maneras de amar como seres humanos sobre el planeta.
¿Cómo abordaste en el proceso de escritura el contar temas como el de la pérdida del olfato y que se pudiera transmitir lo complejo que fue en la pandemia?
Todo eso que le pasó a Carmen con el COVID me pasó a mí. Yo perdí el olfato, a mí me dio parosmia, a mí me dio anosmia; todo eso me pasó a mí. Y fueron tiempos muy difíciles, horrorosos. A mí me dio COVID muchas veces. Y al principio, digamos que ese COVID a mí me afectó sobre todo como el multitasking, la capacidad de hacer un montón de cosas al mismo tiempo, y la concentración fue lo más duro.Pero luego perdí el olfato. Y después de que perdí el olfato, cuando lo recuperé, entró la parosmia, que es lo que más se parece al olor del fin del mundo. La parosmia es una desconexión entre los sensores olfativos y el cerebro. El cerebro recibe unas señales completamente distintas. Entonces a ti todo te huele mal, te duele el olfato, te huele asqueroso, te huele inmundo, te huele podrido, te huele nauseabundo, todo, pero todo es todo: tu piel, tu pelo, el café te huele a gasolina; de pronto estás sentado y se te vienen unas ráfagas inauditas de olor a gas. Todo eso que le pasó a Carmen me pasó a mí y yo creo que esa fue la razón por la cual yo terminé escribiendo el libro.
¿Hubo escenas que te tocó reescribir o algunas que te parecieron más difíciles dentro de este proceso?
Muchas. La segunda parte del libro, que es toda la parte del COVID, fue la primera que escribí, que fue la que escribí durante el COVID para que no se me olvidara lo que estábamos viviendo, las conexiones mediáticas, las relaciones interpersonales, la ida al trabajo, los muertos. Lo de los muertos fue tenaz; o sea, había filas en el cementerio con unos buses, para que la gente le hiciera así a los restos de una persona que había visto viva hacía tres semanas y que estaba ahí supuestamente, pero nadie la había vuelto a ver. Hubo algo muy duro que fueron los códigos, por ejemplo, en las clínicas: código diamante, código zafiro, que era el código con el cual tú entrabas una vez hacían el triage, a ver si ibas a la derecha o a la izquierda, si tenías un respirador o no. Todo esto yo lo escribí muy adolorida en el COVID y me tocó reescribir, claro, revisar muchos datos para que fueran reales, que no estuvieran tan marcados por la emocionalidad.
Las escenas eróticas, pues un poco reescribirlas 557 veces, porque yo quería escenas eróticas, porque ahora estoy muy en la película de las mujeres que están escribiendo erotismo y me llamaba mucho la atención.
Frente a tu anterior libro Historias de amor en campos de guerra, este es otro tipo de libro, ¿qué cambió dentro del proceso de escritura y qué retos tuviste para ahora hacer una novela frente a lo que ya habías hecho?
Pues es que realmente nosotros, los periodistas en Colombia, casi que vivimos en la ficción. Nos despertamos con unas noticias que son inverosímiles y conocemos lugares que son inverosímiles y gente que son protagonistas de historias novelescas. Yo escribo mucho para no olvidar y sobre todo para entender, y leo mucho para no sentirme tan sola en medio de mis miedos, mis inquietudes y mis dudas. Y oigo pódcast todo el día de literatura, de novelas, de historias. Y pienso mucho en Dostoyevski y pienso mucho en los dolores de Sylvia Plath. Como que la literatura es algo que tengo muy metido en la cabeza, porque crecí rodeada de libros en Cali. Y yo cambié en la pandemia, yo cambié. Yo cambié la manera de entender el mundo, cambié los temores que tengo. Cambié porque en la pandemia, como muchos, yo también me di cuenta de que la muerte está parada en la puerta de la casa y que la vida no es lo que uno sueña, sino lo que pasa, y puede cambiar de manera muy radical de un instante a otro.

A propósito de estos proyectos y estas historias que quisieras contar, ¿hay alguna historia que tengas ahí guardada o que quisieras contar?
Sí, digamos, como periodista siempre tengo la obsesión de los desaparecidos de Colombia. Ese es un tema que siempre he pensado que nos falta contar del todo, los miles de desaparecidos en Colombia. Es un tema que ha abordado… y en el anterior libro más o menos lo abordé, y como periodista constantemente lo hago. Ahorita quiero quitarme de encima el fantasma de Carmen, porque me paran en la calle a preguntarme por Carmen, que si voy a hacer una segunda parte de Carmen, y yo realmente no puedo, o sea, no hay por dónde. Y además me da risa porque la gente que me conoce me dice: “Hola, Carmen”, y “¿Carmen dónde está?”, y “¿me estás haciendo Carmen?”(…). Pero sí, por supuesto que ya empecé a pensar. Yo escribo todos los días una página, todos los días de mi vida. Entonces escribo algo. Entonces anoche escribí una idea que tenía en la cabeza. Yo voy escribiendo, escribiendo y en algún momento me llega una inspiración y apunto todo.
¿Qué tan presentes están Antonio y Carmen en tu vida?
Convivo con ellos. Y como ya te dije que no hago nada a medias, pues mandé a hacer vasos, tengo vela de Antonio, hago entrevistas, converso, me inventé un canal de YouTube donde la gente me escribe y manda opiniones de Carmen; me da risa porque todo el mundo me manda fotos, fotos, y yo publico las fotos de Carmen y de Antonio. Vivo con ellos. Pero en algún momento tendré que dejar de vivir con ellos para poder traerme a vivir a alguien más a la casa. Y espero que sea pronto porque también siento que estoy en un momento de la vida en el que estoy muy, muy ocupada, tengo muchas cosas: tengo un noticiero, tengo un programa, tengo el canal de YouTube, tengo todo esto. Todo lo de un libro implica una responsabilidad muy grande con la editorial y un equipo de gente que está confiando en ti, que te está apoyando.
