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Arte con sentido Antonio caro

Antonio Caro, un artista genial, iconoclasta, crítico y comprometido, se une a una buena causa.

 
Por Paola Villamarín
 
Con la Revista FUCSIA, la Fundación Ellen Riegner de Casas y Punto Blanco creó unas camisetas en edición limitada, con el fin de recaudar dinero para mujeres sin recursos con cáncer.                      
 
A los ocho días de haber entrado a la escuela, al pequeño Antonio Caro y a sus compañeritos de curso les asignaron un trabajo de dibujo. A la hora del balance, el profesor levantó, con orgullo, uno de los dibujos diciendo: “Así sí se deben hacer los trabajos”. Agarró el otro, el del tímido Caro, y pronunció un contundente: “Así no se deben hacer los trabajos”.

“Como dirían los gringos, ‘in the wrong way’ (‘de la forma equivocada’). Y así ha sido toda la vida”, dice Caro (Bogotá, 1950), creador de iconos fundamentales del arte colombiano, burlándose de sí mismo y refiriéndose a su condición de outsider e iconoclasta.

Reconocido como uno de los grandes artistas conceptuales colombianos, autor de la célebre obra ‘Colombia Coca-Cola’, en la que el nombre de nuestro país reemplaza al de la gaseosa, pero conserva su misma tipografía, Caro se rebeló tempranamente, a los 20 años, cuando llevó a concursar al tradicional Salón Oficial una obra efímera, inusual, algo escandalosa y muy divertida. Era la ‘Cabeza de Lleras’, un busto de sal del presidente Carlos Lleras Restrepo, que llevaba puestas gafas oscuras, al que le echó agua el día de la inauguración y que lentamente se fue derritiendo, como, de hecho, no ha ocurrido con sus obras a lo largo de casi 40 años, que están fijas, intactas, en la memoria del arte nacional.

“Ya lo dijo en otras palabras Baudelaire: ‘Uno es hijo de su tiempo’. Uno no maneja el tiempo, es el tiempo el que lo maneja a uno. Lo mío salió tan ‘raro’ porque simplemente yo estaba en un momento cultural diferente”, comenta el artista para hablar de lo que significaron Mayo del 68, Woodstock y el Boom Latinoamericano en su carrera.
Caro entró al medio echando por la borda a la obra de arte como objeto sagrado y al basurero a las formas aceptadas y correctas. La calle y la sociedad han sido sus grandes bebederos. Y sus frases de corte publicitario “Todo está muy Caro”, “Su salud está por el suelo”, “Defienda su talento” y “Caro es de todos”, entre muchas otras, su manera de criticar y de llegarle directa y concretamente a la gente corriente. “Modestia aparte, son poquitas obras, pero todas valen la pena”, dice Caro sonriendo.

Sus acaloradas discusiones y sus actuaciones poco ortodoxas en público, también lo hicieron una figura, temible para algunos, divertida para otros. Es recordada aquella cachetada que le dio a un reconocido crítico de arte después de que rechazó una obra con la que Caro, de 23 años, pretendía participar en el Salón Oficial. “Yo era el niño genio y mimado de Bogotá. Y de pronto me bajaron del viaje”, agrega.

Esos días de efervescencia han pasado. “Cuando me tocaba, lo hice todo. Llega un momento en el que el trabajo puede ser lo que sea, pero también debe ser propositivo”.
Por eso, aceptó diseñar camisetas para la obra benéfica de la Fundación Ellen Riegner de Casas, que apoya a colombianas de bajos recursos que padecen de cáncer. Cada camiseta vendida irá a la fundación. Llevarán dos imágenes emblemáticas de Caro: ‘Mata de Maíz’ y ‘Colombia Coca-Cola’. Él mismo viajó a Medellín a elaborarlas directamente. “Los diseños son exclusivos para las camisetas. Me entusiasmó pensar el diseño desde la moda, y no desde el arte o esas pendejadas”.

Caro anda animado por el hecho de que va a encontrar trabajos de su autoría en la calle. Que la gente los va a llevar puestos. Y en una prenda que él ha usado toda la vida: la camiseta. Algo que va en consonancia con sus piezas más recientes, que son volantes callejeros con frases críticas que él quiere que lleguen libremente al público. Ambos proyectos se encierran dentro del espíritu de su frase de los últimos años: “Caro es de todos”.

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