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Laura Londoño: en su momento dorado

Revista Fucsia

Laura Londoño: en su momento dorado

La actriz, amante del ballet, el yoga, la música y el canto, se consolida como una de las mejores del país.

Sonriente.

Así llegó Laura Londoño, la actriz paisa que encarnó a Julia Escallón en la serie del Canal RCN La ley del corazón y ahora personifica a Reina en Paraiso Travel al estudio del famoso estilista Humberto Quevedo, en Bogotá, donde la citamos para las fotos de nuestra portada. Se le refrescan los recuerdos. “En este lugar fue donde hice mis primeras fotos hace 14 años; eran para el catálogo de Ángel Yáñez”, dice. Y es que si bien su paso por el modelaje fue fugaz y se dio cuando aún era una estudiante de colegio, esta etapa la llevó a descubrir una de las grandes pasiones de su vida: viajar. “Me encanta; tengo alma de gitana”.

Ser modelo no era algo que buscaba ni quería, pero como muchas cosas que han llegado a su vida, simplemente dijo: “¡Ah!, bueno, listo” (confiesa que no es buena para decir “no”). Y así empezó todo. De estar en castings, desfiles y fotografías en Colombia, pasó a hacerlo en una agencia de modelos en París, donde trabajó seis meses, aunque, la verdad –asegura– fue más lo que viajó que lo que modeló.

Luego de esta experiencia, le llegó el momento de tomar una decisión: “Cuando terminé el colegio, estaba en ese punto en el que uno piensa ‘¿qué voy a estudiar?, ¿qué voy a hacer? ¡Me toca elegir y tengo que dejar tantas cosas de lado...!’”.

Estaba confundida. Empezó a estudiar arquitectura y solo estuvo en una clase; el destino hizo de las suyas: la llamaron para formar parte de la escuela de actuación que Caracol Televisión tenía en ese entonces y decidió arriesgarse. “Esta es mi pasión”, se dijo, y nunca más volvió a modelar.

Pero su amor por la actuación no nació espontáneamente.

Desde muy pequeña estuvo en clases de piano, pintura, ballet, canto, solfeo y hasta modelado de arcilla. Además, sus papás –un ingeniero civil y sanitario ambiental, y una abogada–, la ingresaron a un colegio que ella define como “supremamente artístico”, el Isolda Echavarría, en Medellín; además, nunca le dijeron “no” cuando se anotaba a un extracurricular nuevo. “A mi papá siempre le escuché decir: ‘Mija, si yo volviera a nacer, sería artista’; toda la vida pensé que era muy chistoso que me lo dijera porque a pesar de ser ingeniero, es un gran artista: en su manera de vivir, de ver la vida, de hacer las cosas, de enfrentar su trabajo... Así que puedo decir que el arte ha estado siempre muy presente en mi familia”.

Un sueño cumplido

En la escuela de actuación de Caracol estuvo dos años. Cuenta que las clases eran muy particulares porque la mayoría de profesores tenían una formación muy fuerte en teatro y el lugar era el semillero de actores para un canal de televisión. De aquella época recuerda, sobre todo, que le pagaban por estudiar y que lo único que debía hacer era presentarse a todos los casting. Y así lo hizo... el primero, se lo ganó. Laura García, directora de la escuela, fue la primera en poner el grito en el cielo. “Ella y los demás profesores me decían que no estaba ‘ni medio formada’.

Sin embargo, por consejo de mi mamá, quien desde ese entonces me dijo que tenía que aprender a vivir con la crítica, acepté. Ese papel era pequeño y me permitió seguir mi formación. Cuando terminé, la misma Laura, pese a que al comienzo me dio ‘rejo’, me recomendó para una obra (Simplemente el fin del mundo) y con esta viajé a diferentes festivales de teatro en Alemania, Irlanda, España y Brasil. Fue cuando me enamoré profundamente de esto; me di cuenta de que si había tanta gente haciendo lo mismo que yo, algo que para muchos era una carrera “fuera de lo normal”, esto era lo mío; me animó muchísimo más”.

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Luego de su correría por el mundo, volvió a Colombia y a actuar en televisión. Enganchaba una producción con otra y se sentía satisfecha del resultado. Hasta que aceptó una que realmente no quería, y se sintió frustrada. “Me llevé una gran enseñanza: uno no puede decir ‘sí‘, simplemente porque sí. Hay muchas cosas que uno tiene que revisar antes de dar una respuesta: si a uno le gusta, si le apasiona, si le interesa asumir el personaje y la historia. Ahora, antes de aceptar, hago lo que alguna vez aprendí de otra actriz y reviso cinco elementos antes de decir sí: el personaje, el elenco, el lugar, el director y el presupuesto; que al menos haya tres de cinco”.

Repensar la actuación

No solo aprendió a no apresurarse; decidió darse un tiempo para reflexionar sobre su carrera. “Pensé que ya no me gustaba, así que me fui de viaje seis meses para Australia, sola, a pensar; me di cuenta de que me encantaba, pero debía estudiar más si quería alcanzar esos papeles, personajes, historias, directores y entornos que realmente deseaba para mí. Así que viajé a Nueva York para seguir aprendiendo, y allí permanecí tres años”.

A su regreso la esperaba un futuro con las producciones que siempre había querido y que fueron sembrando los cimientos de su éxito como actriz: La bruja; El capo, Rafael Orozco, el ídolo; Comando Élite, y Bloque de Búsqueda, donde encarnó a uno de los personajes por los que más cariño ha sentido: la sargento Díaz. “Me encantó, me sentí orgullosa. Supe, además, con seguridad, que esto sí era, que sí podía”.

También le llegó la oportunidad de participar en una importante producción cinematográfica en la que actuó al lado de Benicio del Toro y Josh Hutcherson (coprotagonista de los Juegos del Hambre), El paraíso perdido, la cinta que narra la vida de un surfista que se enamora mientras visitaba a su hermano en Colombia y se entera de que el tío de su enamorada es nada más y nada menos que Pablo Escobar.

En esta producción encarnaba a María Victoria, su esposa. “Esto llegó como todas las cosas maravillosas que llegan a la vida de uno: de ‘sopetón’ y sin buscarlo. Por supuesto, cuando estaba en el casting, nunca me dijeron quién sería el actor, solo que era uno famosísimo. Fue maravilloso: el cine es algo que me enloquece, me encanta, me fascina. Lo he aprendido a soltar un poco porque sentía mucho afán y ansiedad por conseguir un papel y así es que uno empieza a subestimar otros formatos, como la televisión, y lo que la vida te manda. Fue una experiencia increíble, de medirse, y es que allá la vara está un poquito más alta. Obviamente te dan nervios, y más porque el contacto con Benicio del Toro no era cercano, sentía como si me estuvieran midiendo el aceite todo el tiempo; lo bueno era saber que estaba ahí porque me lo había ganado”.

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En el mejor momento

En la actualidad, la podemos ver todas las noches a las 10 pm en Paraíso Travel en la que hace el papel de joven paísa de una familia humilde de Medellín y que dejó atrás su vida y sueños por cuidar a su mamá que sufre de Bipolaridad. Sin embargo, Laura recuerda con gran nostalgia el papel que la inmortalizó en la pantalla pequeña y se robó el corazón de todos los colombianos.  “Julia era el escalón que faltaba. La gente ahora me reconoce como Laura, y no como alguno de mis personajes. Es el papel que siempre había esperado. Hay roles con los que tú floreces más que con otros, pero es que el personaje de Julia es divino. Tiene muchas cosas en las que yo sentía que le podía meter unos pedazos de Laura. Desde que estaba en la escuela de actuación siempre me dijeron que tenía que trabajar en mis gestos para no ponérselos al personaje; debía tener mucha conciencia sobre mi cuerpo para no hacerlo. A Julia le caben todos; ella es así también... Además de torpe e impulsiva, algo que también le di de mí”.

A pesar de todos los compliques amorosos en los que se ve enredada Julia, este papel se adapta perfectamente al momento por el cual atraviesa Laura. “El personaje me ha hecho admirar mucho a Mónica Agudelo, su creadora, y he aprendido a conocerla a través de él. Qué rico es que una mujer escriba para mujeres, con esa agudeza, y que incluya esa sutileza y esa complejidad femenina, que muy pocas veces vemos en las producciones nacionales; es una delicia para mí como actriz. No es el papel de la mujer de..., de la esposa de... Y eso me encantó, sobre todo ahora que estoy en una época posfeminista. Hace un tiempo fui feminista, ese feminismo que creo que ahora no es necesario, ese en el que creemos que las mujeres y los hombres deben ser iguales, que no los necesitamos y que hasta los ‘pordebajeamos’; eso fue hace mucho tiempo. Ahora le apuesto al posfeminismo en el que afortunadamente está nuestra serie y que le va perfecto a mi momento de vida, porque ahí tú no ves que las mujeres estén luchando con los hombres por ganarse su lugar... ya lo tienen; ahí está. No puedo estar más agradecida con este proyecto”.

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Lejos de las cámaras

¿Qué hace Laura Londoño en su tiempo libre?

He sido dispersa desde chiquita porque me gustan varias cosas, y me gustan mucho. Y es que me he dado cuenta de que soy una persona muy apasionada, me gusta vivir, me gusta sentir, me gusta emocionarme, me gusta que me cuenten cosas nuevas que no sé, y aprender de eso; todo me parece superinteresante. Eso hace que aparte del arte, me haya acercado de nuevo al ballet y tengo ganas de retomar las clases de piano.

¿Practica algún deporte?

Además del ballet, practico yoga; me encanta porque está conectado con el aspecto espiritual. También medito y a veces voy a caminar a la montaña. Pero a clases de ballet sí voy todos los días, una hora y media, y aunque es duro, me encanta.

¿Cómo complementa esa rutina? ¿Tiene algún tipo de alimentación especial? ¿Cómo se cuida?

La alimentación es importante. Amo los animales y he visto documentales sobre cómo los matan para que podamos comer, así que la mayor parte del tiempo soy vegetariana, pero luego mi cuerpo me pide locamente carne, así que he tenido épocas de desbalance absoluto... Siempre estoy tratando de encontrar el equilibrio, porque siempre me voy a los extremos.

¿Qué tipo de ropa usa en su día a día?

Me encanta la moda y siento que soy superarriesgada; así como lo soy en mi vida para hacer cosas distintas, lo soy en mis elecciones de vestuario. A veces mi familia cree que me visto de maneras muy raras, en especial cuando uso sombreros –algo que heredé de César Augusto, mi papá–, pero definitivamente me visto según mi estado de ánimo y procuro usar cosas diferentes: vuelve y juega, si en la vida hay tantas cosas, ¿por qué quedarse con lo mismo? Me encantan los zapatos, son mi debilidad. Arriba uno puede ponerse cualquier cosa, pero lo zapatos pueden hacer el look. No soy muy compradora; me aterra medirme, así que no compro con frecuencia.

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