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Manos de ángel

Manos de ángel Bordado con las iniciales de chanel.

Artesanos que trabajan en los llamados atelier de París, elaboran elementos decorativos y accesorios que transforman las prendas en obras de arte.

Tuve la suerte de visitar en octubre pasado los Talleres de Artes y Oficios de París, en los que se elaboran pequeñas obras de arte de plumas, sedas, piedras y metales. Tengo alma de costurera y toda la vida me han fascinado los trabajos hechos a mano, por eso, tenía una gran ilusión de conocer estos lugares.

Los talleres están localizados cerca unos de otros, en edificios centenarios del Marais, barrio tradicional de París. Cada visita es un viaje al pasado, pues las técnicas usadas son las mismas de hace cien años, aunque sean mujeres jóvenes las que las ejecutan. Puede parecer un anacronismo, pero estos artesanos son fundamentales para la industria de la moda. Las ‘pequeñas manos’ (petites mains) son las costureras especializadas en coser a mano, un tesoro cultural. Ya decía Colbert, el ministro de finanzas de Luis XIV, que la moda era para Francia como las minas de oro de Perú para España.

Las artesanas hacen las flores dándole la forma de pétalos a la seda con unos instrumentos calientes que parecen colombinas, fabrican sandalias de seda, tejen la paja de los sombreros y bordan dibujos en telas finísimas con piedras, perlas e hilos de oro y plata. Esto explica, de alguna manera, por qué las prendas de Alta Costura cuestan tanto. Un vestido sastre vale más de US$25 mil y uno de noche US$150 mil como mínimo. Son oficios que tienden a desaparecer, pues aunque son considerados patrimonio nacional, los clientes regulares son cada vez menos y las nuevas generaciones no están interesadas en aprender estos oficios. En 1920 había cerca de 10 mil bordadores en Francia, hoy apenas quedan 200. Hace 60 años había 300 especialistas en trabajar las plumas, hoy, apenas quedan unos cuantos.

Colecciones de lujo
En los talleres se trabajan bordados, flores, plumas y otros, para las colecciones de Alta Costura de Chanel, Dior, Lacroix y Gaultier. Pero fue la Casa Chanel la que decidió garantizar su futuro, pues entendió el valor de un trabajo que aporta mucho a la marca y compró seis de los talleres más antiguos: Lesage, Massaro, Michel, Lemarié, Desrues y Goossens. Aunque los artesanos les hacen toda la producción que ordenan, también ejecutan trabajos para otras Casas. Eso sí, fijan sus propios precios y aun Karl Lagerfeld, el diseñador de Chanel, tiene que aceptarlos sin rechistar. Gabrielle Chanel consideraba que estos artesanos tenían dedos de oro y que sus creaciones eran el símbolo del detalle y del refinamiento. Durante los últimos cuatro años, Lagerfeld, quien sigue la misma línea de la fundadora de la Casa, ha diseñado pequeñas colecciones para mostrar el trabajo de los atelier. Estas colecciones se han presentado en Moscú, Londres y Nueva York.

Sombreros, plumas, flores
Cerca del Palais-Royal, en la Rue Ste. Anne, está Michel, taller fundado en 1936, donde once artesanos producen cerca de cuatro mil sombreros al año. Laetitia Crahay es la directora artística y la responsable de diseñar las colecciones para Chanel. Así como Michel es el último de su especie, Lemarié, taller fundado en 1880, lo es en su especialidad: las plumas. El último de sus descendientes es André Lemarié, quien empezó a trabajar con nombres tan prestigiosos como Christian Dior, Cristóbal Balenciaga y Nina Ricci. En 1900 había cerca de 300 especialistas en plumas, y hoy es prácticamente el único. Eric Charles-Donatien, director creativo al retiro de Lemarié, es el responsable de introducir nuevos materiales y combinaciones.
 
Como las aves del paraíso y cierto tipo de garzas entraron a la lista de especies protegidas, ahora se utilizan plumas de gallinazos, cisnes, papagayos y avestruces, importadas de Suráfrica. En cuanto a las flores, la primera camelia fue ordenada por mademoiselle Chanel en los años 60 y hoy se hace de tweed, piel, organza, satín y hasta plástico. Cada año producen cerca de 20 mil camelias. Como la clientela de Alta Costura ha disminuido, los diseñadores utilizan elementos decorativos en la ropa de prêt-à-porter. Ahora, 20 por ciento de la producción es para Alta Costura y 80% para el prêt-à-porter.

Los bordados Lesage tienen más de 125 años de existencia. Su director, François Lesage, heredó el taller de su padre en 1949 y todavía supervisa, a sus 76 años, cada trabajo. En 1924, Albert y Marie-Louise Lesage trabajaron para Paquin, Poiret, Redfern, Madeleine Vionnet, e incluso Elsa Schiaparelli. Aunque ninguno de los talleres se atreve a confesar cuánto le cobra a cada Casa, Raymond Massaro, especialista en hacer zapatos a mano, contó hace poco que a sus clientas privadas les cobra aproximadamente 3.000 dólares el par. Lagerfeld, uno de sus clientes más fieles, dice que “el paso a la elegancia se da con zapatos hechos a la medida”. Pero Lagerfeld es sólo uno de sus clientes célebres, entre los cuales figuran la condesa Bismarck, la Duquesa de Windsor, Elizabeth Taylor, Marlene Dietrich y Romy Schneider, entre otras. Massaro esculpe una horma de madera de cada modelo, hace una maqueta de cuero y perfecciona las medidas después de la primera prueba. Toma cerca de 40 horas hacer un par de zapatos, según los dictados del cliente.=

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