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La batalla de la belleza negra

Revista FUCSIA

La batalla de la belleza negra Foto: AFP

Aunque la diversidad racial se dé por sentada en la industria de la moda, el 85% de las modelos que caminaron en pasarela fueron blancas, y blancas también fueron las portadas de las revistas.

Corría el año de 1973. Richard Nixon empezaba su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos y sería expulsado por el escándalo del Watergate tan solo unos meses después; los americanos acababan de perder la guerra contra Vietnam; Pink Floyd había lanzado en marzo su conocido disco The Dark Side of the Moon. Era a todas luces una época controversial.

Pero situémonos en una fecha exacta: el 28 de noviembre; un escenario: el inigualable Palacio de Versalles; unos singulares invitados: aproximadamente setecientos famosos, entre los que estaban Liza Minelli, la princesa Grace y Andy Warhol, todos reunidos con el propósito de ayudar a restaurar el magnánimo edificio. El centro de la velada era una pasarela que tenía como particularidad poner a competir a diseñadores americanos —Oscar de la Renta, Anne Klein, entre otros— contra diseñadores franceses —Yves Saint Laurent, Pierre Cardin, Christian Dior–; cada uno con ocho piezas originales que mostrar. El escenario era sin duda extravagante. Y dicen que los franceses se reían a carcajadas de los americanos, reconocidos hasta entonces solo por hacer ropa deportiva.

Sin embargo, esa noche no es recordada por los trajes que mostraron los de uno u otro bando, sino porque se vio, por primera vez en pasarela, un número significativo de modelos de raza negra. En la historia quedó grabado que 11 de las 36 mujeres que escogieron los estadounidenses tenían raíces africanas y pieles oscuras. Un año después, Vogue sacaría su primera portada con una negra como protagonista —la aguerrida Beverly Johnson—, y le copiarían publicaciones como Life y Cosmopolitan. El color se volvió tendencia.

Han pasado 42 años desde la noche conocida como la Batalla de Versalles. Y aunque uno pensaría que la lucha por la discriminación racial dentro de la industria de la moda y la belleza debió terminar en ese momento, y si bien es verdad que en los años recientes hemos visto un auge de talento negro significativo, lo cierto es que las cifras en pasarela y en portada siguen siendo preocupantes.



Según un estudio del portal The Fashion Spot, lanzado a finales de 2014, de 611 portadas que sacaron 44 revistas de moda alrededor del mundo, solo 119 fueron ocupadas por razas distintas a la blanca; e incluso hubo publicaciones que ni siquiera pusieron en portada a una sola mujer de color, como fue el caso de las revistas Vogue París, Vogue UK, Teen Vogue y Harper’s Bazaar. Hubo, también, casos extremos, como el de Vogue Japón, que en portada solo tuvo mujeres occidentales. Asimismo, el estudio descubrió que alrededor del 85% de las modelos que desfilaron en las pasarelas de las semanas de la moda de Milán, París, Nueva York y Londres fueron blancas; además, encontró que algunos diseñadores como Valentino solo contaron con dos negras, de entre más de cuarenta mujeres que lucieron sus creaciones en la Gran Manzana.

¿Qué pasó entonces con la sensación de victoria de la raza negra y el sentido de diversificación que se erigió en los años setenta? La explicación parece estar en las manos de la exmodelo Bethann Hardison, quien fue una de las despampanantes mujeres que desfilaron en la famosa Batalla de Versalles y quien desde 2013 promueve la campaña “Balance Diversity” —junto a Naomi Campbell e Imán—, para instar a que diseñadores y agencias examinen su catálogo. En una entrevista que le concedió a la revista Out, Hardison explicó que el auge de las modelos de color en los setenta fue menguado por el incremento de supermodelos blancas que se promocionaron en los noventa. Kate Moss, Cindy Crawford, Sophie Dahl, entre otras, instauraron una estética donde era preciado lucir como “clones”. “Los setenta —dice Hardison— fue un momento en el cual las modelos eran tan importantes como la ropa que desfilaban. Los diseñadores buscaban jóvenes interesantes, que revelaran actitud, seguridad, pasión. Con el nuevo milenio las modelos fueron reducidas a ganchos de ropa, y la diversidad étnica se volvió un tema menor”. Pero hay una esperanza: desde que Hardison comenzó a enviar, a través de su campaña, cartas a organizaciones como el Concilio de Diseñadores de Moda de las Américas con informes sobre aquellos que no estaban contratando a mujeres de color, las cosas empezaron a cambiar, aunque lentamente, dentro de la industria.



Cierto es que el terreno ya había sido abonado por la revista Vogue Italia, que en 2008 hizo una edición en donde solo participaron modelos negras. Cierto también es que tuvieron que pasar largos cinco años para que entre 2014 y 2015 hubieran nuevos cambios significativos: la marca de ropa Céline contrató a cuatro mujeres de color, cuando antes no habían tenido a una sola en pasarela; Vogue UK y Vogue París dieron portada en febrero y abril a dos famosas de raza negra —las modelos Jourdan Dunn y Liya Kebede—, después de que cumplieran, respectivamente, doce y cinco años promocionando solo a occidentales; la prestigiosa marca Lancôme nombró como embajadora a la actriz keniana Lupita Nyong’o, con lo cual se convirtió en la primera mujer negra en vincularse con la casa cosmética. Lo más significativo de estos nombramientos es que cada una de ellas ha usado su posición de influencia para hablar sobre la discriminación racial dentro de la industria. Nyong’o lo hizo por primera vez en la ceremonia de los Premios Oscar 2013, cuando fue reconocida como Mejor Actriz por la película Doce años de esclavitud, y en su discurso dijo: “Quiero usar esta oportunidad para hablar sobre la belleza. La belleza negra, la belleza oscura. Recibí una carta de una niña que quiero compartir con ustedes: ‘Querida Lupita —escribió— eres muy afortunada de ser negra y famosa en Hollywood. Estaba a punto de comprar una crema que clarificara mi piel, pero apareciste tú y me salvaste’”. Lupita también agregó en una reciente entrevista para Harper’s Bazaar que no siente responsabilidad a la hora de hablar sobre racismo en la sociedad, sino que en cambio tiene una pasión, un ímpetu. Sobre la elección de Nyong’o en Lancôme, la brand manager de la marca, Luisa Contreras, le dijo a FUCSIA: “En el siglo XXI no existe un canon, las marcas cada vez son más globales y se dirigen a mujeres de todo tipo. Nosotros le apostamos al elemento diferenciador y Nyong’o representa libertad y diversidad”.



En la misma línea de Nyong’o está Jourdan Dunn, quien recientemente se convirtió en la primera mujer negra en entrar a la lista de modelos mejor pagas que hace Forbes. Esta modelo, que se dio a conocer después de participar en una campaña de Burberry junto a Naomi Campbell y hoy en día es embajadora de Maybelline, dijo para la revista Times: “Sigue siendo duro para las jóvenes negras. Muchas se dan por vencidas porque las agencias no las empujan, se quedan sin nada que hacer, viven un rechazo permanente por su color. Yo no quería ser de las vencidas y por eso ahora lucho por la diversidad”. En la entrevista con Times, Dunn también dio cuenta de duras experiencias que tuvo que vivir dentro de la industria: peluqueros y maquilladores le huían por su pelo crispado y su piel mixta; incontables veces la cancelaron en pasarela porque ya tenían a “la africana que debía proyectar apertura”.

En un panorama más cercano, y para conocer qué sienten las negras en Colombia, FUCSIA habló con la modelo Claudia Lozano, quien afirmó: “No he sentido discriminación en el país. Tampoco encontré esta problemática en México, donde trabajé muchos años. Pero sí es verdad que somos pocas negras en pasarela. Aún así, no creo en los colores sino en las colecciones: cada diseñador busca su modelo dependiendo de la visión que tiene de su ropa”. Pero el caso de Lozano parece ser la excepción y no la regla.



“Los diseñadores –dice Hardison– deben descubrir a las mujeres negras antes de que estas se vuelvan famosas. Es fácil poner a Lupita en una portada: ella ya es una celebridad. Si ya fue aceptada por la industria del cine, ¿por qué no va a serlo en la industria de la moda?”. El mensaje, entonces, es simple: diseñadores y agencias deben encaminarse a descubrir la belleza a pesar de la raza, para que este no sea un cuarto de hora más y se gane por fin la Batalla de Versalles. La victoria debe ser permanente, irreversible.

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