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Ruven Afanador brilla en Buenos Aires

María Alejandra Neira

Ruven Afanador brilla en Buenos Aires ruben afanador

El fotógrafo colombiano sorprende al mundo con su visión de las mujeres del flamenco.

 
Que llegue a Buenos Aires una estrella del rock, del cine o la literatura no es excepcional. Los argentinos están acostumbrados. Que Madonna enloquezca al público en conciertos multitudinarios, pasee por Argentina con su familia y tome el sol en un hotel porteño, les parece natural. Por supuesto, admiran su talento y el fantástico espectáculo de cada una de sus presentaciones artísticas, así como de sus apariciones privadas con guardaespaldas, tres hijos, niñeras, asistentes, entre otros varios personajes de su corte personal.

Pero así como Madonna conquistó a los porteños, un colombiano, de similar talento y menos parafernalia, también lo logró. Es Ruven Afanador, quien fue invitado por la Embajada de España en Argentina a exponer su trabajo ‘Mil besos’. 64 fotografías de gran formato en la Bienal de Flamenco Buenos Aires 2009.

Afanador es un fotógrafo de moda y de personalidades, cuyo trabajo figura regularmente en publicaciones como The New Yorker y The New York Times, y en las Biblias de la moda y del estilo mundial Vogue, Vanity Fair y Elle. Es creador tanto de editoriales de moda, como de campañas de publicidad, todo esto sin olvidar la dirección de algún video de Lenny Kravitz, y la publicación de los libros de fotografía Torero y Sombras.

Su trabajo es reconocido como uno los mejores. En el 2000 recibió el premio Fotógrafo del Año Fashion Awards París, y en el 2003 el de Premio del Año por una de sus obras, escogida como la mejor en medios impresos. Todo esto lo ubica en la cima de la fotografía de moda junto a Demarchellier, Annie Leibovitz, Mario Testino, y otros pocos elegidos. Nació en Bucaramanga hace algo más de 50 años y actualmente vive en Nueva York. Salió de Colombia en plena adolescencia, siempre regresa a Bogotá, a su natal Bucaramanga y se siente impregnado de trópico. Es un hombre alto, a la moda con su calvicie declarada, vestido de manera cómoda, muy neoyorquino minimalista, con innegable estilo y sin estridencias. Sus modales y su voz son suaves y reflejan el perfeccionismo que aparece en cada uno de sus trabajos.

De hecho, en la conferencia de presentación de la muestra de fotografía ‘Mil besos’ titulada ‘Ruven Afanador: mirada contemporánea en la fotografía del flamenco’, no hubo ninguna mirada a la obra, porque Afanador consideró que la calidad técnica de los equipos de proyección no era suficiente. Y estuvo bien. Gracias a que la tecnología no dio la talla, la conferencia derivó en una conversación íntima con los diez mil asistentes, donde también participaron algunos miembros de su equipo de trabajo.

Allí quedó en evidencia el exhaustivo trabajo de muchos años que implicó producir el material de esta exposición ‘Mil Besos’, que estuvo expuesta en la Avenida Constitución de Sevilla en el marco de la XV Bienal de Flamenco hace pocos meses. También, las fotografías de cerca de dos metros y medio de altura que se exponen al aire en Puerto Madero, una sofisticada zona de Buenos Aires, hacen parte de un proyecto editorial mucho más ambicioso que será publicado a finales del 2009 en Nueva York por la editorial Rizzoli.

Quedó claro que el trabajo de Afanador con cantaoras y bailaoras flamencas estaba en curso cuando se le invitó a exponerlas al aire libre en Sevilla, templo del flamenco, y que a pesar de la imagen transgresora, cautivó a los sevillanos y ahora a los porteños. También quedó claro que Afanador entró en el mundo flamenco sin dejarse llevar por los códigos que dominan a sus personajes. Los sacó de sus escenarios naturales y los llevó a canteras y otros espacios inusuales y allí logró desarmar a estas mujeres de todas las edades. Logró que Esperanza, Eva Hierbabuena, Farruca, Manuela, y muchas más, se desinhibieran como si lo conocieran de toda la vida y desnudaran en algunos casos sus cuerpos, y en todos su espíritu gitano. Consiguió que sin importar la edad, algunas de más de 80 años y otras de menos de 10, se dejaran coronar con peinados impensables y maquillajes negros y exagerados, todo producto de su alma de artista. Contó que el vestuario y los accesorios provenían de colecciones de grandes diseñadores, de los armarios de las propias cantaoras y bailaoras y que trabajó en jornadas eternas a temperaturas casi inaguantables hasta encontrar la imagen perfecta.

El resultado de este trabajo de más de dos años llena de satisfacción a Afanador. Sin embargo, con su habitual cortesía, señala que las 64 fotografías son apenas un abrebocas y que es necesario esperar al otoño para sorprenderse con el proyecto ‘Mil Besos’ totalmente terminado. Y mientras llega ese momento, los transeúntes de Puerto Madero son los privilegiados espectadores de esta exposición, de un fotógrafo colombiano que retrata bailaoras y cantaoras españolas para que las disfruten los argentinos. Todo un ejemplo de globalización.
 
 

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