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Shingo Sato y sus desafíos

Revista FUCSIA

Shingo Sato y sus desafíos Shingo Sato y sus desafíos

El maestro japonés que desarrolló la técnica de patronaje Reconstrucción Transformacional, con la que ha revolucionado la forma como se hace ropa, estuvo en el país en el edificio de LCI Bogotá dictando un taller de una semana a los 15 participantes del programa Maestros Patronistas.

Los 15 patronistas elegidos para el programa Maestros Patronistas, creado por FUCSIA y Club Colombia y liderado por LCI Bogotá, llegaron finalmente a su primer día de clase. Los esperaba el gran maestro japonés Shingo Sato, el hombre que se ha hecho un nombre en el mundo por llevar su idea de desdibujar las líneas de costura, ensamblar piezas de otras maneras y crear volúmenes con pliegues simples, casi como si con la tela pudiera jugarse a hacer origami. El encuentro era un suceso inédito. Era algo que Cristian Ríos, patronista durante décadas de la diseñadora Faride Ramos, describió con belleza y precisión así: “Poder compartir un taller con el maestro Shingo Sato es como si un futbolista anónimo de repente pudiera jugar y compartir con Messi”.

Mira el video: Patronistas, los artesanos de la moda

Shingo, que pasa la mitad de su vida en el cielo viajando y la otra mitad sacudiéndoles la cabeza a estudiantes de moda y patronaje de todo el mundo, aceptó la invitación de venir a Colombia para compartir sus desafíos técnicos con este grupo de patronistas que trabajan en las entrañas de los talleres de los más importantes diseñadores nacionales, convencido de que la maestría de la técnica es fundamental para mejorar la calidad de la moda en cualquier lugar. Antes de empezar su taller quiso contarle su inspiradora historia a FUCSIA.



¿Cómo fue que te cruzaste con el patronaje?

Después de acabar la escuela de moda en Japón, viajé a París para terminar los estudios, luego fui asistente del gran diseñador Azzedine Alaïa, que fue una tremenda fuente de inspiración, pues de él aprendí a romper las reglas, a crear siluetas excelsas con otros patrones no convencionales, a desarrollar siluetas nuevas. Después de cuatro años de puro aprendizaje, trabajé con el diseñador italiano Nicola Trussardi durante dos años más y tras ese discurrir por los talleres de importantes creadores me di cuenta de que yo, que había estudiado para ser diseñador, no quería tener una marca propia como Shingo Sato, sino que había descubierto mi lugar en la moda y ese era la técnica, era en el mundo de los patrones y de los dibujos en donde yo me iba a hacer un nombre.


¿Hay algo de tu legado japonés que haya determinado tu forma de concebir el vestido?

El origami es una manualidad que aprendemos desde pequeños en la escuela elemental todos los japoneses, el juego con el papel nos enseñó así desde niños a crear pliegues y volúmenes. Cuando miras los diseñadores japoneses, siempre verás el volumen como un elemento determinante, es como si se entendiera de otra manera el vestido. Están también enfocados en crear texturas muy trabajadas y complejas que cubran el cuerpo. Sin duda algo de eso habita en cada una de mis clases.


¿Cómo fuiste desarrollando la técnica que has bautizado Reconstrucción Transformacional?

En las escuelas suelen enseñar métodos universales, hay muchas normas y muchas reglas cuando aprendes a hacer un vestido. Es un aprendizaje muy rígido y a mí en la escuela me decían que no podía hacer una cosa u otra porque era prohibido, pero nadie me daba la explicación de por qué no se podía; yo quería encontrar la razón por la que no se exploraban otras maneras de concebir y hacer la ropa. Y así, experimentando, observando y, sobre todo, trabajando con el cuerpo de las mujeres en tres dimensiones fui desarrollando esta técnica Reconstrucción Transformacional o RT, que suprime las pinzas y las líneas de costura indispensables en el ensamble de piezas de vestir y las reemplaza por cortes asimétricos, geométricos, circulares, que crean un novedoso manejo de volúmenes.


Una vez desarrollaste tu técnica, ¿por qué decidiste volcarte a la academia?

La primera escuela en la que enseñé fue en la más reputada academia de moda de Japón, y ahí mi primer interés era mostrar mi capacidad de transgredir esas formas convencionales y, a mí modo de ver, aburridas de hacer los patrones.

Pero fue demasiado para los alumnos, como un shock, así que cambié la estrategia, hice más sencillo mi método, lo volví básico para que ellos vieran cómo mi técnica se podría aplicar tan solo con uno o dos días de práctica y ver el producto. Resultó ser un proceso muy estimulante y adictivo para los alumnos. Pero mi mayor enseñanza para cada grupo de alumnos que empezó a pasar por mis manos fue que tenían que poder pensar de otra manera y que debían perder el miedo a experimentar y, por consiguiente, al error.

Muchos de los desarrollos que he hecho son el resultado de algo que he bautizado como felices equivocaciones. Pero mi ambición era llevar esa nueva manera de pensar a otros lugares más allá de Japón y por eso durante casi más de dos años me concentré en lograr una clase en Saint Martins School, el lugar en donde se forjan los grandes diseñadores, y ese ha sido uno de mis grandes sueños cumplidos.


¿El patronista o diseñador que ha pasado por su clase qué le aporta de especial a un taller de moda?

Creo que se convierte sobre todo en un instrumento nuevo, que pregunta y duda, que propone maneras no convencionales de pensar los patrones, que es capaz de desenvolverse en el 3D, que es la manera como se debería pensar el cuerpo. Tiene, sin duda, más herramientas para expresar su inspiración y puede ayudar más al diseñador.

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