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Una devota de las texturas

Una devota  de las  texturas Fotos: Cámara Lúcida/14

La joven diseñadora chocoana Lía Samantha crea, inspirándose en las telas africanas, una nueva manera de colorear la moda nacional.

Los encuentros existen y la diseñadora Lía Samantha puede dar fe de ello. El suyo no fue propiamente con un muchacho de ojos bonitos, fue en realidad con un retazo de tela. ¿Por qué su tacto, su corazón, sus ojos, vibraban de forma tan especial cada vez que veía un pedazo de tela suave y colorido que le había regalado una amiga? Era algo que tendría que desentrañar con los años. Su papá era el sastre del pueblo y sus costuras eran tan finas que, incluso cuando se mudaron a Cali, sus clientes lo persiguieron hasta allá. Así, desde niña, Lía estuvo familiarizada con el arte de cortar piezas y juntarlas en forma de chaquetas y pantalones, pero siempre pensó que su voz era su más evidente talento.

Mientras se labraba lentamente un futuro como cantante, se hizo estudiante de Diseño de Modas. En cada entrega final, la creadora les insistía a sus profesores en que le ayudaran a conseguir telas como ese pequeño retazo que ella había guardado desde niña. “¡Imposible!”, le decían, ese tejido y esos colores no eran propios de aquí. Esa tela provenía de muy lejos, de África.

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El enigma en torno a la explosión de sensaciones que le causaba ese sagrado regalo se postergó hasta un día de 2009. De gira por Canadá, con su banda Voodoo Souljah’s, decidió, después de una prueba de sonido, visitar el barrio afro de la ciudad. En medio de coloridas artesanías entró a un almacén de telas en donde se tropezó con una pieza que parecía haberla estado esperando toda la vida: un rollo gigantesco de tela que tenía la misma trama y el mismo color de su retazo. Compró, con el dinero destinado a la gira, la mayor cantidad que pudo de telas y con estas empezó a darle forma a su proyecto de diseñadora, idea que había abandonado desde la academia.

Le hizo ropa a los integrantes de su banda, cortó, con las telas más coloridas, faldas rotondas y a la cintura para usarlas en sus conciertos, incluso vistió a Goyo, la cantante de ChocQuibTown, quien no solo internacionalizó su estilo sino que luego le ofrecería un espacio en su salón de belleza, en el centro de Bogotá, para que empezara a vender sus diseños, caracterizados por cortes sartoriales muy simples y colores vibrantes con mezcla de texturas. Entonces ella misma se convirtió en la mejor embajadora de su marca. Dondequiera que iba con su banda, su look variopinto, sus turbantes, sus accesorios dorados, la gente la abordaba para saber de dónde provenía su ropa.

Sin saber muy bien cómo, el proyecto de jóvenes creadores Non Stop que creó Colombiamoda en su versión 2014 la llamó para participar en el evento más importante de moda del país. Su pasarela fue un desafío a cualquier temor frente al color, dejó ver una mezcla arriesgada de texturas que devela una gran madurez, un conocimiento acerca de su uso y un equilibrio perfecto entre grafías y siluetas. La consigna de Lía: un mix and match autóctono que no sabe de medianías.

 La ovación en el recinto ferial fue inusual y, una vez afuera de la pasarela, las más conocedoras se arrebataron sus prendas
. Su talento llegó incluso a los ojos del cantante Tego Calderón, quien le confesó que hacía años estaba en busca de alguien que pudiera encarnar su estilo en el terreno de la moda. Lía Samantha lo logró, pero su camino apenas comienza.

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