Turismo
Lago de Tota, el escenario de Boyacá que conquista a quienes buscan una boda inolvidable
Casarse con vista a un lago rodeado de montañas ya no es una idea de postal, sino una tendencia que gana lugar entre las parejas colombianas que buscan intimidad.

Por Luisa Sánchez
A orillas del Lago de Tota, el Hotel Decameron Refugio Rancho de Tota es una de las opciones de Boyacá para bodas, lunas de miel y encuentros corporativos, con una oferta pensada para que el paisaje sea el centro de cada celebración. La propuesta responde a un cambio en la manera de festejar, en el que la ceremonia deja de ser el único momento importante y el viaje, la gastronomía y el descanso pasan a ser parte de la fiesta.
Tota es el mayor lago natural de agua dulce de Colombia. Se extiende por unos 60 kilómetros cuadrados en la cordillera Oriental, entre los municipios de Aquitania, Cuítiva y Tota, y alcanza cerca de 60 metros de profundidad. A 3.015 metros sobre el nivel del mar, el agua es fría y el clima, de alta montaña. En su extremo sur aparece Playa Blanca, una franja de arena blanca que recuerda a una playa del Caribe.
Ese paisaje encaja con lo que hoy buscan muchas parejas. “Usualmente, cuando se habla de destinos de bodas en Colombia, la conversación se concentra principalmente en playas caribeñas, ciudades patrimoniales, haciendas y grandes escenarios para eventos”, explica Johana Cuan, directora de Marketing Corporativo de Decameron. Según ella, las parejas también valoran hoy el paisaje, la privacidad y la posibilidad de compartir una experiencia más cercana.

El Refugio Rancho de Tota está en el sector de Llano de Alarcón, en el kilómetro 21 de la vía Sogamoso–Aquitania, a unas tres horas y media de Bogotá. Su arquitectura retoma elementos de la región y busca el ambiente de un refugio de montaña. Es un hotel pequeño: tiene 21 habitaciones y cinco cabañas, tres de ellas con vista frontal al lago y dos con vista lateral, todas con chimenea. Para una celebración que busca cercanía, ese tamaño es parte del atractivo.
En esa lógica, los detalles de la boda también cambian. Un muelle sobre la laguna ofrece uno de los encuadres más fotografiables del lugar, y los jardines al aire libre permiten montajes sin techo ni límites visuales. En lo floral conviven tres estilos: el ikebana, arte japonés que trabaja el vacío y la línea; el clásico, de arreglos abundantes y simétricos; y el garden, que imita un jardín recién cortado.
La repostería también es parte del espectáculo. El cake Italia invita a los novios a decorar su propio pastel frente a los invitados, en tiempo real, y se suma a opciones como el cake presidencial, la torta semidesnuda y la torta estilo papel. La fotografía profesional, la coctelería y la música en vivo completan la oferta, coordinada con proveedores específicos.

La mesa tiene su propio peso. Los restaurantes del hotel trabajan con la trucha arcoíris criada en el propio lago, una forma de que lo que se sirve también cuente de dónde se está. Además, para reuniones o celebraciones con más invitados, el hotel cuenta con un centro de convenciones de más de 1.200 metros cuadrados y una zona verde junto al lago de cerca de 960. El mismo espacio recibe tanto celebraciones sociales como reuniones corporativas, con el lago de fondo en ambos casos.
Nada de esto busca transformar el paisaje. “Tota tiene una característica que nos parece particularmente interesante: no necesita ser transformado para convertirse en escenario”, afirma Cuan. A su juicio, lo importante es que la estadía permita descubrir el territorio y que ese descubrimiento sea parte de la celebración. En los alrededores, pueblos como Aquitania, Iza, Cuítiva y Tota conservan arquitectura tradicional y colonial, y el lago permite pesca deportiva, deportes náuticos y vela para quienes quieran extender el plan.




