Lina Aristizábal, columnista invitada Fucsia

Opinión

¿Otra vez embarazada? ¡No puede ser!

Por: Lina Aristizábal

Cuarta entrega de la columna de opinión “Sentirse sana” de nuestra columnista invitada Lina Aristizábal, politóloga, periodista, profesora de yoga y una madre real.

13/5/2022

Después de mi primer embarazo, como no podía tomar pastillas anticonceptivas mientras lactaba por las hormonas, comencé a planificar con el método Creighton o del ritmo, como se le conoce mejor. No quería que Benjamín fuera hijo único, pero estaba lejos de estar en un buen lugar para un nuevo embarazo.

Habían pasado apenas 9 meses del parto y estaba transitando por mucho: una depresión posparto que me impedía conectar con mi bebé, una incontinencia fecal por un piso pélvico destruido, una separación de pareja y dos cambios de trabajo. Todo se estaba moviendo y chocando entre sí. ¡El caos!

¿Cómo tener une hije en medio de semejante desorden? ¿Cómo tener mente para esa criatura con tantas cosas pasando por mi cabeza? Me daba mucho miedo pensar en un nuevo parto, “quedar peor” de lo que ya estaba o volverme a ver en una situación de violencia obstétrica. Y ni hablar de lo que significaría una nueva vida: ¡más cambios!

Fueron los meses más duros, difíciles y dolorosos que he vivido. Lloré mucho y me sentí culpable de que eso le hiciera daño al bebé, pero tenía que sentir y eso implicaba darle lugar a todos los miedos de un nuevo parto, lo que significaba una separación con un bebé de año y medio y otro en camino.

¡Sí, otro bebé en camino! En pandemia quedé embarazada por segunda vez.

Me daba mucha tristeza pensar que me iba a quedar “sola” con dos muchachites y que nadie me iba a volver a querer. Pensé que no iba a ser capaz con tanto.

Me costó mucho ‘soltar’ todo eso que únicamente pasaba en mi cabeza. Y aquí es donde esta palabra, que se ha vuelto tan popular, nos reta. Todes queremos sanar y tener una vida en calma, pero no nos atrevemos a soltar y preferimos seguir reteniendo dolores por miedo a lo que viene después. Nos hemos identificado tanto con nuestras heridas físicas, mentales y emocionales, que a veces pareciera que preferimos conservar todo eso que nos hace sufrir, antes que soltarlo y confiar en que podemos vivir mejor, sin tanto peso.

En esas estuve durante muchos meses de embarazo: enganchada a todos esos pensamientos que nacían de mis miedos. Lo delicado con esto es que a donde van los pensamientos van las emociones y desde ahí creamos nuestra realidad. Y yo definitivamente no estaba creando la realidad que quería.

Me refugié en mi cuerpo y me aferré a mi práctica de yoga hasta el último día de mi embarazo. Aprendí a confiar en su sabiduría y en mi fuerza interior. Me dejé guiar hacia esos lugares dolorosos para soltarlos a través de mi respiración, y me enfrenté a cada uno de esos miedos: los vi, los entendí, tuve conversaciones incómodas, fui vulnerable y me probé que era capaz de hacer las cosas que me daban miedo.

Hoy sé que esa personita llegó para ayudarme a transitar con amor y compasión todo ese caos interno y externo. Y el resultado de soltar y entregarme en confianza a lo que viniera fue hermoso: tuve un parto respetado y en casa, que abrió en mí unos portales energéticos que aún estoy digiriendo, mi piso pélvico está más fuerte que nunca, ya no tengo incontinencia fecal y hoy construyo mi relación de pareja desde el amor, no desde el miedo.

Sobre mí

Soy Lina Aristizábal. El cartón que me dieron dice que soy politóloga y periodista. En mi corazón soy una madre, yogui y aprendiz de ceramista. Escogí hacer yoga como un camino de sanación y encuentro. Doy clases de yoga para todo tipo de personas, hago sesiones de reiki, doy clases de cerámica y en mis pocos tiempos libres hago platos de cerámica con amor.

Soy una mamá real que siempre te dirá las cosas como son, desde el amor. Soy una persona que diariamente se reta a sí misma para demostrarse que se puede vivir en unión con nuestra esencia divina. ✨En YOGA✨

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