Opinión

Para que haya vida debe haber muerte, porque nada existe sin su opuesto

Lina Aristizábal, 24/6/2022

Por mucho tiempo sentí que la maternidad me había cortado las alas de mi libertad, y aunque ese vuelo tiene hoy algunas restricciones, lo cierto es que ser madre me ha dado la oportunidad de morir y parir una y otra vez a la mujer que quiero ser para mí y para mis hijos.

Lina Aristizábal, columnista invitada Fucsia
Lina Aristizábal, columnista invitada Fucsia - Foto: Fucsia

Nunca me hablaron de la parte mía y de mi vida que moría al traer un ser humano al mundo. Haber tenido esa información antes de volverme mamá creo que hubiera sido de gran ayuda. Tal vez llegaba con más herramientas para atravesar la culpa que sentí en mi depresión posparto.

Cuando nació mi primer hijo murió una parte de mí que amaba y que me hacía muy feliz. Viajaba sola por el mundo visitando amores, haciendo lo que quería en el momento en que lo quería, disfrutando del silencio y de la calma. Fue muy difícil hacer el duelo de esa etapa a la que estaba tan apegada. Suelo pelear inútilmente con el cambio, cuando lo único cierto es que somos movimiento.

Como en cualquier duelo, lloré y sentí dolor. Eso me llenó de culpa. “Cómo es posible que extrañes la vida antes de tu hijo, que es lo más importante ahora. Eso no te hace una buena mamá”, me decía cada vez que extrañaba esa vida antes de ser madre. Me di mucho palo, hasta que hice las paces con ese sentimiento. Dejé de juzgarme por sentirlo y acepté que está bien extrañar, y que eso no me hace una mala mamá.

Después vino mi segundo hijo. Tenía muchas expectativas de ver qué parte de mí iba a morir con su llegada, pero la verdad fue menos drástico. Dicen que con el segundo las cosas son más fáciles. Y pues sí y no. Sé que los tiempos con mi hijo mayor son diferentes, pero no me hace ruido y a él tampoco, ha sabido entender la llegada de su hermanito de una forma muy amorosa. Esta vez no estoy en duelo llorando partes de mí, aunque la falta de tiempo, ahora más escaso me sigue pegando duro.

A veces quisiera hacer más cosas, sentir que tengo una vida más allá de la maternidad, dormir seguido una noche, no salir de la cama un domingo o irme una larga temporada a un ashram en India. La maternidad, querámoslo o no, implica muchos sacrificios y eso aún me genera conflicto porque siempre he sido una persona individualista. Sin embargo, sé que no puedo hacer más que aceptar y recibir los cambios, entender que son tiempos de sembrar junto a estas personas que hoy acompañan mi camino.

Por mucho tiempo sentí que la maternidad me había cortado las alas de mi libertad, y aunque ese vuelo tiene hoy algunas restricciones, lo cierto es que ser madre me ha dado la oportunidad de morir y parir una y otra vez, la mujer que quiero ser para mí y para mis hijos.

Sobre mí

Soy Lina Aristizábal. El cartón que me dieron dice que soy politóloga y periodista. En mi corazón soy una madre, yogui y aprendiz de ceramista. Escogí hacer yoga como un camino de sanación y encuentro. Doy clases de yoga para todo tipo de personas, hago sesiones de reiki, doy clases de cerámica y en mis pocos tiempos libres hago platos de cerámica con amor.

Soy una mamá real que siempre te dirá las cosas como son, desde el amor. Soy una persona que diariamente se reta a sí misma para demostrarse que se puede vivir en unión con nuestra esencia divina. ✨En YOGA✨

* Las opiniones dadas por Lina Aristizábal no representan la opinión de la revista Fucsia.

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