Se basa en la vida de Perxides María Roa, la “María” de la historia, quien se ha posicionado como líder en la reivindicación de los derechos de muchas mujeres en Colombia.
Perxides María Roa es una luchadora incansable. Tras años de trabajo como empleada doméstica, asumió el liderazgo de su comunidad y llegó a ser presidenta de la Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico (UTRASD).
Estudió Trabajo Social en la Corporación Universitaria Minuto de Dios y su trabajo sindical muestra cómo asumió ciertas dificultades, como el haber sido desplazada por la violencia, situación que fue un motor para su esfuerzo por garantizar la reivindicación de derechos de miles de mujeres que trabajan en la precariedad y sufren de discriminación.
La serie María la Caprichosa, disponible en Netflix desde comienzos de enero, pone el foco en lo que casi nunca se cuenta: jornadas extensas, silencios normalizados y la idea de que reclamar derechos es “capricho”. Está inspirada en el primer capítulo de Soñar lo imposible, libro de ficción escrito por Paula Moreno, exministra de Cultura y directora ejecutiva de Fundación Manos Visibles.
A lo largo de sus capítulos, la producción muestra el recorrido de la protagonista desde una infancia marcada por la violencia en los años 80 hasta su trabajo por los derechos colectivos en la actualidad.
Es una apuesta por la representación afro en pantalla y pone a discusión de los espectadores el reconocimiento de un trabajo que se mantiene en cientos de hogares desde la informalidad bajo la idea de que es un capricho el garantizar la dignidad de quienes lo ejercen.
Ya se vienen generando muchas conversaciones, y eso es lo que más me ha motivado: ver cómo he inspirado y cómo mi historia de vida es la de muchas otras Marías. Muchas me han escrito y me han dicho: “María, yo voy a fundar…”, “María, yo le voy a meter”, “yo también soy desplazada”, “yo también he vivido lo que tú has vivido, pero no me he atrevido a hablarlo en público, a decírselo a otras personas”.
Muchas me dicen: gracias por contar tu historia de vida; gracias por inspirarnos a todas las mujeres a salir adelante; gracias por la lucha sindical; gracias porque nos has representado a muchas mujeres, a muchas familias; y también gracias porque le vamos a poner capricho.
Yo creo que esto ha sido muy bonito: que hoy las mujeres puedan escribir, puedan hablar, puedan levantar la voz; un grito de victoria. Porque María las ha inspirado a seguir luchando por sus sueños, por sus anhelos, y a entender que no es quedarnos ahí: que sí se pueden cumplir. Entonces, para mí, ha sido muy bonito y, digamos, un ejemplo a seguir.
Esa fuerza me nace en Villatina, en Esfuerzos de Paz. Allá me nace esa fuerza, porque fue donde saqué eso de ser líder. Y, pues, igual, desde la casa… uno lo trae en la sangre: lo de liderar, lo de luchar, lo de hablar. Siempre he sido así, con empatía, y como que no me quedo callada: algún día tenía que salir de ahí. Yo creo que esas fueron las fuerzas para luchar por los derechos de las trabajadoras. Y no solo por las trabajadoras: yo empecé ayudándoles a otras mujeres, a otros hogares, a reclamar sus derechos como mujeres, como familias desplazadas por el conflicto armado.
Eso me lleva a ese liderazgo y a ese empuje. Estando en Esfuerzos de Paz, llega una organización llamada Carabantú, y es de allí donde nace este potencial y donde se fortalece mi liderazgo. Después, Carabantú llega con un programa al asentamiento. Pasados los años, Carabantú y la Escuela Nacional Sindical hacen una investigación sobre trabajo doméstico y vuelven y me encuentran. Me encuentran de nuevo en el parque San Antonio.
Esto no se va a quedar solo en lo televisivo: también es para las familias colombianas y para nuestra etnia, para nuestro pueblo negro, para mostrar que sí se puede. Yo sí tengo que resaltar a Caracol todo lo que hicieron, porque la mayoría, más de ciento y pico, casi 200 actores son negros. Eso era lo que yo quería: que se reivindicara, que salieran actores y actrices negros en esta serie. Y siempre se lo dijimos, porque el sindicato inicia con 28 mujeres negras. Es un reconocimiento que hoy se les da a estas mujeres, y también a los actores y actrices negros y negras.
Rompimos ese esquema. Yo lo digo así: con Paula conversamos, nos reímos, lo gozamos, nos felicitamos porque lo rompimos. Hoy, en la televisión, en la serie de María la Caprichosa, en su mayoría son negros. Yo estoy feliz, estoy contenta. Y a Caracol también hay que decirle: se le dijo muchas veces “queremos que lo hagan así”. Lo queríamos así. Estuvimos Paula, yo, Juana Uribe y el resto de productores: queríamos que fueran negros, que se mostrara dónde están esos actores y actrices negras; que hoy salgan en la televisión y que se muestre toda la evolución, lo que han hecho.
Me siento muy bien representada: la actriz que hace el papel de María, y también el resto del elenco, cómo representan a mi papá, a mi mamá, a mis hermanos, a mis amigas. Todo ese “compinche” me tiene emocionada, feliz. Yo creo que copiaron la historia y la hicieron al pie de la letra; y que se salieron un poquito de eso que tanto enmarca y de eso que tanto se ve: el riesgo de la discriminación, de todo el tema político. Y que hoy los negros estemos en la televisión, y en esta cantidad, en María la Caprichosa.
Lastimosamente es así. Pero también es fuerza, voluntad, ganas y perder el miedo. Todo no puede ser miedo. Es perder ese miedo y levantar la voz para decirle al resto del mundo, a los empleadores y empleadoras, a las instituciones, que sí estamos y que sí se puede. Y se tenía que hacer con capricho.
No solamente a Colombia, a los empleadores y empleadoras, sino al mundo entero, a Latinoamérica y al Caribe que están viendo María la Caprichosa: formalicemos a las trabajadoras domésticas, dignifiquemos el trabajo. Las mujeres decían: “María, sí, la formalización, pero también un trato digno”. Y yo creo que la dignidad inicia por casa.
Entonces, empleadores y empleadoras que hoy me escuchan: por favor, su casa, su hogar, es mi lugar de trabajo. Así que a formalizar a todas las trabajadoras domésticas. Tenemos un modelo de contrato por escrito para las trabajadoras domésticas. A formalizar y a dignificar el trabajo, porque el trabajo doméstico es trabajo.
Lo que yo siempre he soñado: con trabajo formal dignificamos. Mi batalla es que todas las trabajadoras, las más de 700.000 que hay en este país, y en el resto del mundo, se formalicen; que los empleadores las formalicen; y que también tengan un trato digno y decente.
Y mi sueño es seguir avanzando en la parte educativa. No me quiero quedar solo con esta profesión: quiero seguir estudiando para seguir enseñándole a otras. Pero yo no quiero que ellas se sienten a esperar: yo las empujo, las invito a que, de nuevo, junticas, de la mano, lo podemos hacer. Juntas somos más: con organizaciones, instituciones académicas y medios de comunicación como este, para que lleven la voz, para que nos escuchen y se pronuncien.
Por otro lado, estamos en todo el tema de inspecciones a hogares. Quiero darles esa cuña: yo también estoy ahí como inspectora; en este momento estoy encargada como inspectora de hogares colombianos para mirar cómo están las trabajadoras domésticas. Así que a formalizar. Mi sueño es que todas las mujeres de este país estén formalizadas y tengan un trato digno.