Tras ganar oro en Tokio 2025 y convertirse en la primera colombiana en lograrlo, su mirada va más allá de la cúspide sordolímpica.
En el universo del alto rendimiento, el éxito suele medirse por el estruendo de los aplausos. Sin embargo, para Daniela Colmenares la victoria tiene una textura distinta. Es una construcción visual, táctica y profundamente silenciosa. Esta cucuteña de 32 años es profesional en Cultura Física y Recreación, y no llegó al atletismo por azar, sino por una capacidad física que, en palabras de sus primeros mentores en el IDRD, estaba “a flor de piel”. Lo que empezó como una curiosidad en el lanzamiento de bala y disco se transformó, en apenas tres meses, en una medalla de oro que marcaría el inicio de una hegemonía sin precedentes.
Su nombre ya está escrito en letras de oro en la historia del deporte colombiano. En los Juegos Sordolímpicos de Tokio (realizados en 2022 tras su aplazamiento por la pandemia), Daniela se convirtió en la primera mujer del país en traer un metal dorado en los tres sistemas: convencional, paralímpico y sordolímpico. Pero detrás de la frialdad de las estadísticas y los récords mundiales que ha obtenido con determinación, existe una mujer hogareña y tranquila, como ella se describe, que encuentra la calma cocinando o manejando hacia el mar, ese lugar que la conecta con su vocación paralela en la biología marina.
Acompañada por la “malicia” necesaria que le brinda su pareja —su apoyo fundamental en una carrera que ha forjado con mérito propio—, Daniela reflexiona en FUCSIA sobre la “tusa deportiva”, el perfeccionismo que la lleva a juzgarse con dureza y la misión de ser la voz de una comunidad que no necesita oír para destacar. En esta conversación, Colmenares nos demuestra que el atletismo es, ante todo, un ejercicio de fortaleza mental donde los ojos captan lo que los oídos no pueden. Perfeccionista, disciplinada y resiliente, Daniela ha aprendido a transformar la frustración en impulso y la exigencia en evolución constante. Para ella, el límite siempre está un poco más lejos de la meta.
Bueno, pues en realidad yo desde chiquita he sido una niña muy activa. Me ha gustado siempre practicar diversos deportes. Practiqué natación, tenis, karate, rugby, crossfit. Cuando yo hacía crossfit, lo hacía por hobby y me gustaba mucho. Para ese momento, yo le enviaba a una amiga videos de mis ejercicios y ella se los enviaba a su papá, quien trabaja en el IDRD. Y resulta que yo para ese momento no sabía nada del deporte paralímpico. Sí, porque para ese momento no había deportes sodolímpicos. Entonces, llamémoslo para ese momento paralímpico. El papá me hizo la propuesta de ser parte de este deporte y me planteó todos los objetivos profesionales y las metas que podría alcanzar, lo cual a mí me interesó mucho. Y ahí fue cuando me presentaron al IDRD, cuando yo era más joven, tenía más estado físico y mi talento estaba a flor de piel. Me vieron y se quedaron súper sorprendidos de mis capacidades físicas, fue cuando me propusieron ser parte del lanzamiento de balas y discos. Yo nunca había escuchado ese deporte, ni tampoco lo había practicado antes. Entonces, ya luego me llevaron a la pista de atletismo y empecé a entrenar. Y me fui enamorando de ese deporte, aprendí a apreciarlo, a conocer sus técnicas, todo lo que implica. Y a los tres meses de haber entrado, gané mi primera medalla de oro en un interliga. Desde ahí ya no hubo vuelta atrás.
Bueno, pues mi momento más importante fueron los Juegos Sordolímpicos en Tokio, Japón, que fue el año pasado al haber ganado mi primera medalla de oro sordolímpica. Eso me convirtió en la primera mujer en la historia y en Colombia en traer una medalla de oro en los tres sistemas. Y también para la ciudad de Bogotá en los tres sistemas: convencional, paralímpico y sordolímpico. Fui la primera mujer que logró la medalla de oro y yo no podía creerlo.
Decisión como tal, no sé, porque en las competencias uno va a lo que va. Uno va ya muy determinado a lo que tiene que hacer. Entonces uno está como siempre con el objetivo de lo que se va a cumplir, de lo que hay que hacer. Pensando en todo lo que se ha trabajado precisamente en ese momento. Entonces yo creo que como tal las decisiones las he tomado en el entrenamiento y han sido básicamente continuar, nunca rendirme. Eso sí que ha cambiado mi vida.
Yo creería que sobre todo, la parte mental. Eso es lo que he estado trabajando desde hace tiempo. Porque yo tengo todas las capacidades físicas desarrolladas, trabajadas. Para eso es el entrenamiento. Para trabajar esos aspectos. Pero muchas veces dejamos atrás la parte mental, porque para mí es más difícil que el entrenamiento. A entrenar tú vas todos los días, tienes instrucciones, estás en el mismo escenario de siempre. No hay tanta rivalidad, tanta presión. No hay estimulaciones que no te permitan concentrarte. En cambio, en una competencia sí existen todos esos factores. Entonces debo tener un buen manejo de mi inteligencia emocional. Es muy importante tener esa fortaleza mental para que en el momento de la competencia el deportista esté al 100 % y pueda dar muy buen resultado en el momento de competir.
DC: Lo que más disfruto es ver mi trabajo día a día. Mi evolución. Mi capacidad de mejorar día a día. Eso me llena de satisfacción y me hace creer que sí se puede. Se puede dar más. Se puede dar más del 100 %. Se puede mejorar. Entonces eso es lo que más disfruto de ser deportista. Y también los valores que el deporte nos inculca, como la disciplina, la constancia, la perseverancia, la resiliencia. Todo esto también lo aplicamos a nuestra vida diaria y personal.
Uy, qué pregunta tan difícil. Yo soy una persona demasiado perfeccionista, y eso al final hace que me dé muy duro a mí misma. Casi siempre que no se me da un resultado o cuando no se me cumple una meta, me cierro en una burbuja y me empiezo a cuestionar y a juzgarme y a criticarme porque a mí las cosas no se me dieron. Paso por esa primera fase y me demoro en asimilar qué fue lo que pasó. Después llega la fase en donde acepto que también es bueno perder porque de ahí también aprendemos. Vemos los errores. Hacemos una evaluación. Nos dan la oportunidad de saber qué debo corregir. Pero casi siempre cuando hay un mal resultado me doy durísimo. Pero también sé que hay que mirar hacia adelante, hacia el futuro. Hay que pasar la página y seguir mejorando, evolucionando, progresando, corrigiendo para obtener el resultado que uno espera.
Bueno, pues te puedo decir que, como profesional, yo ya cumplí casi todo. Fui doble campeona nacional, campeona suramericana, campeona panamericana, campeona mundial, campeona sordolímpica, obtuve una medalla de bronce en el 2022 y ahorita obtuve la medalla de oro. Y en todos los eventos que te mencioné gané medalla de oro también. Entonces, mi objetivo real en este momento y para el futuro de los próximos eventos que vienen es hacer el récord mundial y el récord sordolímpico. Sí, entonces ahora nuestro objetivo es ese. O sea, ya no voy a hablar de medallas, ya no voy a sumar más medallas. Obviamente las medallas las voy a obtener, pero mi objetivo es que en el papel de la Federación Internacional diga: “Daniela Colmenares, récord sordolímpico y récord mundial”. Esta es mi gran meta.
Yo creo que tengo una visión de emprendedora, sí, y me gustaría poder tener un negocio propio. Realizar mis proyectos personales, sí, que son muchos. Me gustaría, de pronto, en un futuro tomar el rol de entrenadora. Ese es uno de mis proyectos, pero más que todo, tener un negocio personal.
DC: Bueno, yo creo que los planes no se cuentan porque si no, no se cumplen (risas). Eso me pasa también, yo prefiero ‘calladito’ todo. Es mejor que las cosas vayan fluyendo.
En realidad, yo soy una persona muy tranquila, muy muy muy hogareña. Me gusta mucho estar en mi casa. Me gusta mucho cocinar. También me encanta viajar; en mis vacaciones o en mis tiempos de receso, aprovecho y me voy. Me echo unas escapaditas. Me encanta el mar, me encanta la playa. Apenas pueda, el mar me llama. Me encanta manejar también en carretera, conocer pueblos, quedarme en una cabaña, en un chalet. Me gusta ir al río también. O sea, la verdad, con mi pareja somos de hacer planes en la naturaleza, al aire libre. También me gusta mucho salir a restaurantes, probar comida rica, comida diferente, comida diversa.
Yo soy profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación. Fui egresada de la Universidad Santo Tomás. Pero en realidad, antes de eso, yo quería estudiar Biología Marina. Como te comentaba, me encanta el mar. O sea, el mar vive en mí. Entonces, me hubiera encantado haber hecho esa carrera. Yo creo que si no hubiera estado en el deporte, estaría por allá en el mar abierto, descubriendo corales, animales marinos, la superficie marina, estudiando las diferentes alturas de las olas.
El éxito para mí es cumplir cada objetivo personal que yo me propongo. Y para mí, el éxito se da en el momento en el que puedo ser feliz conmigo misma, con lo que he hecho, con lo que he logrado y con todas las cosas que yo tengo a mi alrededor. Por ejemplo, puede ser tan simple como estar bien con la familia o ser inspiración para la comunidad. Eso también es éxito porque muchas personas me ven como un referente, como una fuente de inspiración. Entonces para mí todas esas cosas suman y definen el éxito.
Tuve un momento bastante difícil en los Juegos Sordolímpicos de 2022 cuando perdí la medalla de bronce en la prueba de lanzamiento de discos. Yo gané la prueba de lanzamiento de balas con una medalla de bronce, pero la proyección para ese momento era dos medallas de bronce en las dos modalidades. Nunca me imaginé eso. Yo ya iba liderando el tercer puesto de lanzamiento de discos, pero a una compañera le hacía falta un lanzamiento y no pensé que eso fuera a definir la medalla. Entonces en el momento en que ya hizo ese último lanzamiento, mejoró su marca, superó la mía y me bajó de la posición así, en los últimos minutos. Para mí fue un choque, tanto emocional como físico y espiritual. Duré con una tusa deportiva como por tres meses y ni siquiera pude asimilar el logro de la medalla de lanzamiento de balas por estar pensando en que me quitaron la medalla de la otra prueba. Pero en ese momento era muy novata todavía. Estaba con mucha inmadurez a nivel deportivo y no entendía muchas cosas de la vida. Ahora sería diferente, pero en ese momento se sintió como lo más duro de mi carrera.
Mi familia me ha apoyado en muchas etapas de mi vida. En mi infancia, en mi adolescencia y cuando yo estaba estudiando en la universidad. Tuve un apoyo increíble, un apoyo muy bonito de mi familia. Mi carrera deportiva ha sido por mérito propio, por mérito personal. Yo he estado recorriendo esta trayectoria solita, acompañada del apoyo de mis entrenadores y mi pareja. Ella es la que más ha estado ahí apoyándome. Ha sido testigo de todo el proceso. Me ha visto caer, me ha visto levantarme, me ha visto con lesiones, me ha visto en la pista entrenando. Me ha visto en todos los momentos. Me dice: “Felicitaciones por esa medalla, qué buen logro. Sigue adelante, sigue mejorando, sigue entrenando”.
Ha sido muy fácil porque mi esposa fue deportista. Ella jugó voleibol mucho tiempo en el sistema profesional, entonces ella entiende mucho el contexto de lo que implica ser una deportista de alto rendimiento. Nos hemos sincronizado muy bien, ella me apoya en todos los momentos. Y lo que te digo, entiende, comprende que uno se puede lesionar, que uno puede tener días buenos, días malos, que uno puede tener días de mucho cansancio, que uno tiene que hacer sacrificios como familia, como pareja. Incluso en el hogar también. Entonces creo que nos hemos sentido muy bien en esa parte y ella lo que hace es apoyarme al 100 %.
Bueno, pues que los deportistas sordos que hacemos parte del sistema sordolímpico tenemos también otras capacidades increíbles, otras fortalezas, y te digo que no siempre hay que tener todos los sentidos para uno destacar. Por ejemplo, a mí me dieron el don de la observación. Todo lo que pasa en el mundo lo capto con mis ojos y con mi vista. Y seguramente otras personas como mi familia, mi pareja, amigos pueden ser mis oídos. Ellos me van comentando cosas que de pronto yo no puedo captar. Yo te puedo decir que no tengo la misma malicia que una persona que sí tiene todos los sentidos y capta el mundo de manera integral. Entonces con mi pareja también hemos logrado eso, que ella me brinda un poco de esa ‘malicia’ para no caer en situaciones de personas malintencionadas. También me gustaría decir que los deportistas sordos tenemos muchísimos talentos, hay mucho potencial. Prácticamente somos personas convencionales, simplemente que nos falta la audición. Y para muchos de mis compañeros les falta el habla sin la voz. Pero desde que uno de nosotros resalte, todos nos podemos sentir respaldados. Ser la voz de ellos. Somos personas genuinas, personas muy nobles, muy disciplinadas. Llenas de muchos sueños, llenas de muchas metas, de muchos objetivos y pasión.