Moda

Chanel mira al cielo en la nueva colección de Mathieu Blazy

Redacción Fucsia, 6/10/2026

La propuesta Primavera-Verano 2027 revisita los códigos de la maison a través de una conversación entre la memoria de Gabrielle, la ligereza de los tejidos y distintas formas de entender la identidad femenina.

PARIS, FRANCE - OCTOBER 05: (EDITORIAL USE ONLY - For Non-Editorial use please seek approval from Fashion House) Model Natasha Poly walks the runway during the Chanel Womenswear Spring/Summer 2027 show as part of Paris Fashion Week on October 05, 2026 in Paris, France. (Photo by Stephane Cardinale - Corbis/Corbis via Getty Images) | Foto: 2026 Stephane Cardinale - Corbis

El Grand Palais de París se transformó en uno de esos lugares donde el tiempo parece suspenderse por unos instantes. Sobre la pasarela, golondrinas y vencejos sobrevolaban a los invitados mientras una gran instalación evocaba el cielo y el paso de los años. Era una escena casi onírica para una colección que encontró precisamente en el vuelo una de sus metáforas centrales: la posibilidad de cambiar de forma sin dejar atrás aquello que nos hizo quienes somos.

A un año de haber asumido la dirección artística de la división fashion de Chanel, Matthieu Blazy continúa construyendo una conversación particular con Gabrielle Chanel. Su propuesta para Primavera-Verano 2027 presentada en Paris Fashion Week no busca reproducir el archivo de la maison como una pieza de museo. Lo observa, lo desmonta y vuelve a ponerlo en movimiento. La colección recorre distintas etapas de la vida de Gabrielle, desde las restricciones de la indumentaria eduardiana hasta las prendas de jersey y la sastrería que terminaron definiendo su revolución.

La idea resulta especialmente pertinente para una casa que atraviesa uno de los cambios creativos más observados de la moda actual. Después de años en los que Chanel estuvo estrechamente asociada a la interpretación de Karl Lagerfeld, Blazy ha optado por una estrategia menos rupturista y más intuitiva: tomar aquello que reconocemos inmediatamente como Chanel y preguntarse qué otras vidas podría tener.

Siluetas inspiradas en distintas etapas de la historia de Chanel conviven en una colección que explora las múltiples identidades de una mujer. | Foto: CHANEL

Una mujer, muchas versiones

La colección parte de una idea sencilla y sofisticada a la vez. Gabrielle Chanel no fue una sola mujer. Su identidad cambió con el tiempo, y con ella también cambió su manera de vestir. Blazy lleva esa multiplicidad a las prendas, donde distintas épocas parecen encontrarse en una misma silueta. La estructura de los corsés eduardianos aparece transformada en líneas que apenas sobreviven como rastros, mientras los volúmenes de décadas posteriores se vuelven más ligeros y fáciles de llevar.

Es ahí donde el archivo deja de ser una referencia literal. Una línea de corsé puede convertirse en una costura; un peplum aparece como una sombra; un cuello antiguo pierde rigidez y se transforma en un detalle casi fantasmal. La colección juega con esas huellas para construir prendas que parecen recordar otra época sin pertenecer completamente a ella.

El traje, quizá el símbolo más reconocible de Chanel después del bolso 2.55, también atraviesa ese proceso. Blazy lo desarma, lo vuelve más flexible y lo acerca al cuerpo. La sastrería masculina aparece recortada en chalecos de bordes crudos, pantalones y conjuntos de falda, mientras los códigos tradicionalmente femeninos conviven con prendas inspiradas en el guardarropa masculino.

El tweed pierde rigidez

Si algo resume el cambio de tono de esta colección, es el tweed. En lugar de aparecer como una estructura rígida y perfectamente contenida, el tejido adquiere movimiento. Blazy introduce un nuevo desarrollo, bautizado como smocked tweed, que incorpora elasticidad y flexibilidad hasta acercarlo a la comodidad de una prenda para el día a día.

El tweed abandona parte de su rigidez habitual para adquirir una construcción más ligera, flexible y cercana al cuerpo. | Foto: CHANEL

La idea parece casi contradictoria para una de las telas más asociadas con la elegancia clásica de Chanel. Precisamente por eso funciona. El tweed conserva su identidad visual, pero deja de comportarse como antes. Se adapta al cuerpo, acompaña el movimiento y permite que el traje pierda parte de su solemnidad.

Alrededor de esta nueva ligereza aparecen vestidos transparentes, minifaldas plisadas, chaquetas cortas, prendas de punto, bordados y conjuntos que dejan ver el cuerpo. También aparecen superficies deshilachadas, cuentas metálicas y estampados animales que introducen una energía más espontánea en el universo tradicional de la maison.

El cielo que dominó el Grand Palais no fue simplemente un recurso escenográfico. La colección utiliza las aves como símbolo de libertad, especialmente golondrinas y vencejos, que aparecen convertidos en botones, joyas y bordados. La ligereza también llega a las telas, con capas de sedas transparentes de distintos pesos que crean efectos semejantes a nubes cambiando de forma durante el día.

Hay algo particularmente Chanel en esa idea de movimiento. Gabrielle construyó buena parte de su legado alrededor de la posibilidad de que una mujer pudiera caminar, sentarse, viajar y vivir con libertad dentro de su ropa. Blazy retoma esa premisa desde otro lugar: si el cuerpo cambia, la ropa también debería poder hacerlo.

Por eso los vestidos no parecen completos cuando están quietos. Las transparencias se superponen, los flecos siguen el movimiento, los volúmenes se desplazan y las capas modifican la silueta mientras camina. La ropa deja de funcionar como una estructura que contiene el cuerpo para convertirse en algo que se mueve con él.

Chanel mira al cielo en la nueva colección de Mathieu Blazy | Foto: CHANEL

El detalle más cargado de historia apareció desde el primer look. La modelo Dyanira Hurbuscher abrió y cerró el desfile llevando el 2.55 original de Gabrielle Chanel, perteneciente a los archivos de Patrimoine de la maison. Entre ambos momentos, Blazy dejó desfilar una colección de bolsos que mezclaba formas nuevas y conocidas, como si diferentes décadas de Chanel convivieran en el mismo instante.

Entre ellos aparecieron bolsos inspirados en las nubes, nuevas versiones del clásico flap y una minaudière en forma de jaula de pájaros. Los accesorios, como las prendas, no funcionan únicamente como objetos decorativos. Son otra manera de contar el paso del tiempo y la transformación de una mujer que hizo de la moda una herramienta de libertad.

El gesto final de Blazy resume lo que está haciendo en Chanel. No intenta decidir cuál de todas las versiones de la maison debe sobrevivir. Las deja convivir. El Chanel de Gabrielle, el Chanel del archivo y el Chanel que él está construyendo aparecen como distintas caras de una misma historia.

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