Opinión

Nadie sale adelante solo

Redacción Fucsia, 30/10/2026

Beatriz Posada - Club Indómitas | Foto: JOSE VEIRA

Por Beatriz Posada Henao

Les había contado que hubo una época en que mi vida transcurría entre dos ciudades. Vivía en Medellín con mi familia, que apenas empezaba a crecer, con un hijo pequeño, y estudiaba Derecho en Barranquilla. Viajaba cada vez que era necesario, siempre con una pregunta rondándome la cabeza: ¿voy a poder cumplir?

No tenía certezas. Tenía la convicción de que esa situación, por difícil que fuera, no tenía por qué convertirse en una prisión. Hasta que me gradué. Desde entonces pienso mucho en la palabra obstáculo, porque con los años entendí que no todos son iguales.

Hay obstáculos que nos pone el entorno o el momento: la falta de recursos para estudiar lo que soñamos, la distancia, las responsabilidades familiares, el instante en que una puerta se cierra. Y hay otros que nos ponemos nosotros mismos: el miedo a no conseguir otro empleo, a no ser suficientes, a empezar tarde, a equivocarnos frente a los demás. Estos son más silenciosos y a veces más difíciles de derribar, porque no hay a quién reclamarle.

Beatriz Posada - Club Indómitas | Foto: JOSE VEIRA

A mí me tocó conocer los dos. Las dificultades económicas me obligaron a tomar desvíos antes de llegar al Derecho. Años después, al salir de la entidad financiera donde trabajé ocho años, me asaltó el miedo a no volver a emplearme. Tuve que escoger entre quedarme paralizada y ser abogada independiente. Escogí lo segundo y aprendí que el temor casi nunca desaparece antes de actuar: pierde fuerza y se disuelve mientras uno camina.

Pero si miro atrás con honestidad, tampoco recorrí ese camino sola. Recibí apoyos que nunca he dejado de agradecer: cuando venía de Medellín a estudiar, una excuñada —que hoy es amiga y aliada— me recibía en su casa en Barranquilla, y ese techo valió tanto como cualquier beca. Y los directivos de la Universidad Simón Bolívar, donde cursé mi carrera, me facilitaron las condiciones para terminar mis estudios casi a distancia, cuando las clases debían ser presenciales y mi vida no daba para estar siempre en el aula. Ninguno de esos gestos figura en mi diploma, pero sin ellos probablemente no habría diploma.

Por eso, cuando hoy me piden un consejo para atravesar épocas difíciles, sigo hablando de estudio, disciplina y perseverancia, porque nos dan la fortaleza del conocimiento y afianzan nuestros principios. Pero he añadido algo que antes no veía con tanta claridad: la disciplina nos pone de pie, pero son otras personas quienes nos ayudan a caminar.

Se atribuye a Arquímedes aquella frase que dice «Dame un punto de apoyo y moveré el mundo». Y es cierto, ni el más tenaz de los seres humanos mueve su mundo sin un lugar firme donde apoyar la palanca. Y ese punto de apoyo casi nunca es un lugar, son personas.

Una cuñada que nos acoge. Un directivo que brinda flexibilidad a una buena estudiante. Un amigo que nos dice la verdad. Un colega que nos recomienda. Un mentor que ya pasó por lo mismo y que, con su orientación, nos ahorra años de errores. Quien enfrenta un obstáculo en soledad suele rendirse antes de tiempo, no por falta de talento, sino por falta de compañía. Quien lo enfrenta con una red alrededor encuentra rutas que sola no habría visto.

En el mundo empresarial esa red tiene un nombre: networking. Para algunos la palabra puede sonar desgastada, y a veces la asociamos con tarjetas repartidas a toda prisa y sonrisas de ocasión. Para mí es algo muy distinto, es construir relaciones de confianza y de beneficio mutuo, en las que uno gana dando y entiende que el éxito de los demás no resta nada al propio.

Creo que esa es también la diferencia entre un negocio que nace y una empresa que permanece. Una idea brillante puede surgir en la soledad de un escritorio, pero una empresa que crece, contrata y perdura se levanta con clientes, proveedores, asesores, socios y pares que confían unos en otros. Al fin y al cabo, los negocios también son un asunto de personas.

Lo he comprobado en mi propia oficina. Formar abogados, administradores, contadores, economistas e ingenieros para acompañar a empresas en dificultades, otras en proyectos o en ideas fascinantes, me ha enseñado que compartir lo que uno sabe nos enriquece como personas y, en mi caso, es también mi manera de devolver el apoyo que recibí.

Beatriz Posada - Club Indómitas | Foto: JOSE VEIRA

Por eso acepté con tanta alegría y tanto sentido de responsabilidad la designación como directora de la apertura del primer capítulo de BNI en Barranquilla. Se trata de una organización internacional de networking basada en la recomendación y en una idea sencilla: ganar dando. Traer ese modelo a la capital del Atlántico es abrir un espacio donde empresarios y profesionales puedan apoyarse y referenciarse unos a otros de manera organizada y constante, sin depender de la casualidad.

Pienso en quienes hoy tienen un negocio nuevo, o sueñan con tenerlo, y sienten que sus circunstancias son un muro. Pienso en quienes han tenido un fracaso o una crisis y no saben cómo reinventarse, y en quienes llevan años frenados por una voz interior que les repite que no es el momento. A todos les diría lo mismo: no tienen por qué hacerlo solos. Buscar asesoría profesional, hacer alianzas y tender la mano no es debilidad. Es una forma de inteligencia.

Los obstáculos van a llegar, unos desde afuera y otros desde adentro. No podemos evitarlos, pero sí decidir con quién los enfrentamos. Si de algo estoy segura es de que ningún punto de partida difícil tiene por qué definir el punto de llegada, y de que se llega más lejos, y con más alegría, cuando se camina acompañado.

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