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Eterna vitalidad Eterna vitalidad

Para que los años lleguen llenos de optimismo, buena salud y alegría, asuma con responsabilidad su vida hoy, pero también haga ciertos énfasis cuando llegue a la madurez.

 
Autor: Revista Fucsia
 
Alimentación y ejercicio, dos claves del bienestar en cualquier momento de la vida, pero, sobre todo, temas trascendentales que le darán fortaleza cuando comience su edad madura.

Hay definiciones médicas, filosóficas y prácticas para el envejecimiento, pero lo fundamental es que éste es el resultado del paso de los años, un proceso frente al cual nos hacemos muchas preguntas y tenemos demasiados temores.

La soledad cuando los hijos se van o porque se ha perdido a la pareja, los achaques o debilidades del cuerpo que se hacen más evidentes cuando se deja de ser joven, la piel que pierde frescura, la pérdida de lucidez y agilidad mental, son síntomas indiscutibles de vejez, aunque no todas las personas los experimentan todos ni de la misma manera.
Así que, si quiere vivir placentera y saludablemente este periodo de su vida, la doctora Ximena Abondano, directora del centro Terapia Antienvejecimiento, sugiere una serie de factores que debe tener en cuenta y propone algunos consejos.

Ser conscientes
Es importante establecer rutinas sanas antes de que su cuerpo la obligue a hacerlo por el impacto del paso de los años. Mantener hábitos alimenticios apropiados, no ser sedentario, conocer los factores de riesgo familiares y personales que le permitirán enfocar los cambios hacia la disminución de éste, son algunas de las responsabilidades que uno tiene consigo mismo, advierte esta experta.

Evolucionar con el paso de los años y adaptarse a las diferentes etapas es fundamental para aprender a envejecer. El envejecimiento, enfatiza la doctora Abondano, es un proceso en el que se producen una serie de cambios. Esto comienza a partir de los 30 años aproximadamente, momento en el que se inicia la reducción de la capacidad de las funciones biológicas y fisiológicas, y se empiezan a notar los primeros cambios físicos.
Aunque es obvio que esto es un hecho que no se puede evitar, sí se pueden atenuar algunos de los efectos que ocasiona en el organismo. El ejercicio físico, la alimentación, unas condiciones medioambientales favorables y evitar las drogas, el tabaco y el exceso de alcohol, son factores que retrasan los efectos del envejecimiento.
De igual forma, una vida intelectualmente activa en la que existan hábitos de lectura, se ejercite la memoria, se tengan amigos y se realicen diferentes actividades, favorece la lucidez y agilidad mental, tan mermada en algunas personas cuando llegan a la vejez.
Todo lo anterior significa que sí se puede influir en el proceso de envejecimiento y que está en las manos de cada persona hacerlo.

Nutrición a la medida
Un esquema nutricional apropiado para cada quien ayuda a mantener el equilibrio metabólico y a tener una composición corporal adecuada. Si bien los programas nutricionales deben idealmente estar diseñados de acuerdo con cada persona, con sus gustos y requerimientos, existen algunas recomendaciones que aplican como reglas generales.

La comida puede ser el mejor aliado cuando de vivir más y mejor se trata. Hipócrates dijo hace mas de dos mil años: “Deja que la comida sea tu medicina”. Sin embargo, hoy, la comida chatarra, las grasas saturadas, los granos refinados, las hormonas y los antibióticos en los alimentos van en contravía de este pensamiento. Así que si deseamos vivir más y mejor, es obligatorio decidir conscientemente sobre lo que comemos.

La doctora Abondano explica que en el proceso de generar energía por medio de los alimentos se producen unas sustancias llamadas radicales libres, que se creen que son los responsables del envejecimiento (proceso de oxidación) y de algunas enfermedades. Para atacarlos, el cuerpo usa los antioxidantes (vitaminas, enzimas y minerales) que provienen primordialmente de lo que comemos. Los más conocidos antioxidantes incluyen: vitaminas A, B6, B12, C, E, beta carotenos, ácido fólico y selenio.

A medida que pasan los años, continúa la especialista, la capacidad de antioxidación del cuerpo se reduce, por lo que es importante ingerir alimentos que contengan antioxidantes o, en su defecto, se debe acudir a suplementarlos por medio de nutracéuticos.

Diariamente se debe tomar agua, comer fruta y verdura. Los frutos rojos como las uvas, moras, fresas, frambuesas han mostrado ser especialmente beneficiosos; granos enteros y cereales, también son altamente recomendados, al igual que lácteos bajos en grasa, nueces y aceite de oliva.

Semanalmente se debe incluir en la dieta huevos, pollo, legumbres y pescado, y comer menos carnes rojas y grasas saturadas, así como reducir azúcar, tortas, pasteles, pan blanco y pasta de harina refinada. En la nutrición, mantener el equilibrio y evitar excesos es la táctica más efectiva.

No olvide que la actividad física regular ayuda a mantener estable la presión sanguínea, además, reduce el riesgo de desarrollar diabetes y algunos tipos de cáncer; y para tener una rutina de ejercicios que contribuya a su bienestar, sólo requiere disciplina.

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