Cultura

Por qué repetimos las mismas series aunque tengamos cientos por descubrir

A pesar de la amplia oferta que nos ofrecen las plataformas de streaming, resulta curioso que terminemos eligiendo aquello que ya conocemos de memoria. ¿Qué dice la psicología?

Serie Friends
Serie Friends - Foto: Colprensa

“¿Qué voy a ver hoy?” debería ser una pregunta sencilla cada vez que llega la noche y abrimos una plataforma de streaming: hay decenas de títulos esperando para sorprendernos y engancharnos, pero aun así, después de recorrer el catálogo terminamos buscando la misma serie de siempre. Esa en la que ya sabemos qué va a pasar y hasta decimos en voz alta los diálogos.

Puede ser Friends, The Office, Gilmore Girls, Sex and the City o cualquier otra historia que haya conseguido convertirse en una especie de lugar seguro al que siempre podemos volver. Lo curioso es que, en un momento en el que nunca habíamos tenido tantas opciones de entretenimiento a la mano, seguimos eligiendo lo que ya conocemos. Y no necesariamente por falta de curiosidad.

La investigación sobre el llamado rewatching —la decisión voluntaria de volver a ver una película o serie— ha encontrado que detrás de este comportamiento hay razones relacionadas con el bienestar emocional, la nostalgia y la sensación de familiaridad. Un estudio publicado en 2026 en el Social and Personality Psychology Compass, que revisa décadas de investigaciones sobre el tema, señala precisamente el confort y la regulación emocional entre las principales razones por las que las personas regresan a historias conocidas.

Carrie Bradshaw y Aidan Shaw en la serie 'Sex and the city'
Carrie Bradshaw y Aidan Shaw en la serie 'Sex and the city' | Foto: Captura de pantalla serie 'Sex and the city' HBO Entertainment y Warner Bros. Television

Una de las explicaciones más sencillas está en que ya sabemos qué nos espera. Cuando empezamos una serie nueva, tenemos que conocer personajes, entender relaciones, seguir una trama desconocida y adaptarnos a un universo que todavía no sabemos si podría gustarnos. Con una historia familiar, buena parte de ese trabajo ya está hecho. Nuestro cerebro no tiene que pensar más de la cuenta.

La psicóloga Chivonna Childs, de Cleveland Clinic, explica que las llamadas comfort shows pueden resultar especialmente atractivas porque conocemos su desenlace. Esa previsibilidad puede ser tranquilizadora, particularmente en momentos de ansiedad o cansancio, cuando quizá no queremos enfrentarnos a otra fuente de incertidumbre.

Por eso, volver a ver una serie puede ser menos una búsqueda de sorpresa y más una forma de encontrar una experiencia emocional que ya sabemos que nos funciona. Si sabemos que determinada comedia nos hace reír o que cierta historia nos transmite calma, no tenemos que arriesgarnos a empezar una producción que termine decepcionándonos.

Pero la familiaridad no es lo único que entra en juego. También está la nostalgia. Algunas series quedan asociadas a momentos concretos de nuestra vida: una época de la universidad, una relación, la casa de nuestros padres, unas vacaciones o simplemente una versión de nosotras mismas que ya cambió. Volver a ellas puede hacer que no solo recordemos la historia, sino también quiénes éramos cuando la vimos por primera vez.

Una investigación publicada en Psychology Research and Behavior Management, que analizó a 645 personas que habían vuelto a ver películas o series antiguas, encontró una relación entre la nostalgia, la sensación de conexión social y la intención de repetir lo que acababan de ver. En otras palabras, regresar a una historia conocida también puede funcionar como una manera de reconectar con nuestros mejores recuerdos y con diferentes etapas de nuestra vida.

Y hay algo más: volver a mirar no significa necesariamente experimentar exactamente lo mismo. Cuando conocemos el desenlace, podemos prestar atención a detalles que quizá se nos escaparon la primera vez: una conversación secundaria, una actuación, una pista escondida o incluso la evolución de un personaje que ahora entendemos de otra manera. La investigación sobre la repetición de contenidos señala que una segunda o tercera exposición puede cambiar la forma en que apreciamos una historia, precisamente porque ya no estamos concentradas únicamente en descubrir qué ocurrirá.

De hecho, una investigación reciente sobre el consumo repetido de películas y televisión distingue entre simplemente volver a reproducir algo y elegir deliberadamente una historia conocida para experimentar nuevamente lo que nos produjo. En este último caso, el objetivo puede ser el entretenimiento, pero también la comodidad, la conexión emocional o la sensación de continuidad con nuestro propio pasado.

Esto también explica por qué una serie que ya hemos visto puede convertirse en el plan perfecto para una noche en la que no queremos pensar demasiado. No necesitamos decidir si nos gustará, memorizar quién es quién ni prepararnos para un giro inesperado. Sabemos a qué nos vamos a enfrentar y, sobre todo, sabemos cómo se siente estar allí.

Eso no significa que volver siempre a lo conocido sea necesariamente mejor que descubrir algo nuevo. El problema aparecería si ese hábito comienza a reemplazar otras actividades o se convierte en la única forma de afrontar situaciones difíciles. Cleveland Clinic recomienda entender las comfort shows como una distracción positiva, pero prestar atención si dejan de producir bienestar o si hacen que una persona se desconecte de su vida cotidiana.

Así que quizá no hay nada extraño en que, después de pasar veinte minutos buscando qué ver, terminemos otra vez viendo cómo Ross y Rachel discuten por estar (o no) en un break. En un catálogo lleno de posibilidades, a veces elegir lo que ya conocemos es precisamente lo que necesitamos: una historia sin sorpresas, personajes que sentimos cercanos y la tranquilidad de saber que, durante unos minutos, todo terminará exactamente como esperamos.