Salud
Menopausia y piel: qué cambia, por qué pasa y cómo cuidarla
Líneas y menos firmeza: la piel también vive su propia transición en la que es necesario aprender cómo anticiparse.

Por: Juan Cardozo
Aunque forma parte de una etapa natural en la vida de las mujeres, la menopausia continúa siendo un tema del que se habla poco y, en ocasiones, con cierta incomodidad. Los cambios que trae consigo suelen vivirse en privado, lejos de las conversaciones cotidianas y del acompañamiento que muchas necesitan. Según estudios recientes, seis de cada diez mujeres experimentan los síntomas de la menopausia en silencio, una realidad que pone sobre la mesa la necesidad de derribar tabúes y reconocer su impacto en el bienestar físico y emocional.
La Clínica Mayo define la menopausia como el momento en el que termina la menstruación, un proceso que se confirma después de doce meses consecutivos sin período menstrual. Esta transición puede venir acompañada de síntomas como sofocos, sudores nocturnos, dificultades para dormir y cambios en el peso, que varían de una mujer a otra y pueden influir en su calidad de vida.
Pero hay un capítulo del que casi nadie habla: lo que pasa con la piel. Y como nadie lo cuenta, muchas mujeres lo descubren frente al espejo, un día cualquiera, con cierta sorpresa.

Para muchas mujeres, estos cambios llegan sin demasiada información previa. Una encuesta global realizada por Galderma a más de 4.300 mujeres entre los 45 y 60 años, en nueve países, encontró que más de la mitad conoció los efectos de la menopausia sobre la piel a partir de su propia experiencia. Más del 30 % afirmó que le habría gustado contar con esta información desde sus 30 años.
Los resultados, presentados durante el Congreso Mundial IMCAS 2026, muestran además que las mujeres identifican, en promedio, tres cambios en su piel desde el inicio de la transición menopáusica. Entre los más mencionados están las líneas y arrugas en el rostro (59 %), la pérdida de firmeza y elasticidad (58 %), una mayor sequedad (56 %) y el tono apagado (40 %). El impacto tampoco se limita a lo visible. De acuerdo con la encuesta, el 60 % de las participantes dijo sentirse menos atractiva como consecuencia de los cambios en su piel, mientras que el 57 % manifestó sentirse más ansiosa y el 55 % menos segura de sí misma.
Parte de estas transformaciones está relacionada con los cambios hormonales propios de esta etapa. Durante la transición hacia la menopausia disminuyen los niveles de estrógeno, lo que puede acelerar la pérdida de componentes esenciales para la estructura y calidad de la piel, como el colágeno y la elastina. Por eso, la perimenopausia puede representar una ventana de oportunidad para anticiparse a algunos de estos cambios. Conocer cómo está evolucionando la piel y, con acompañamiento profesional, valorar estrategias que ayuden a preservar sus reservas de colágeno y elastina puede ser parte de un abordaje integral durante esta etapa.

¿Qué cambia?
La piel se siente más seca, aparecen más líneas y arrugas, se pierde firmeza y elasticidad, y el rostro puede verse más apagado, como sin luz. Y no es solo cuestión de estética: muchas mujeres cuentan que se sienten menos seguras, más ansiosas y menos atractivas. Es normal, y es importante hablarlo.
¿Por qué pasa?
Todo empieza con las hormonas. Durante la transición hacia la menopausia baja el estrógeno, y eso puede acelerar la pérdida de colágeno y elastina, las proteínas que le dan estructura y sostén a la piel. Por eso la perimenopausia es una gran oportunidad: conocer cómo está cambiando la piel y, con ayuda de un profesional, pensar en estrategias para cuidar esas reservas.
“Esta etapa representa una oportunidad para que las mujeres conozcan los cambios que está experimentando su piel y puedan anticiparse a algunos de sus efectos”, explica el dermatólogo Boris Sánchez.
¿Qué opciones hay?
Hoy la dermatología estética tiene varias herramientas. Los bioestimuladores, basados en ácido poli-L-láctico que estimulan poco a poco la producción de colágeno. No buscan un efecto inmediato: los resultados son graduales y pueden mantenerse dos años o más, según cada paciente.
Otra alternativa de acuerdo con el experto es el ácido hialurónico, una sustancia que ya existe en la piel y ayuda a mantenerla hidratada y con estructura.
La clave no es buscar “el mejor” tratamiento, sino entender qué está cambiando en la piel y cuál conviene más. El objetivo no es transformar la cara, sino acompañar los cambios con naturalidad y conservar una apariencia armónica y auténtica, siempre a partir de una valoración profesional.




