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Conversaciones de moda: Johanna Ortiz y Mónica Holguín

Por: Juliana Villegas Arias

Conversaciones de moda: Johanna Ortiz y Mónica Holguín Foto: Juan Moore

Las diseñadoras hablan sobre el auge del diseño colombiano en el mercado internacional y su llegada a las más famosas boutiques y plataformas online de lujo del mundo.

Fue un encuentro virtual. En su oficina del barrio La Cabrera, en Bogotá, Mónica Holguín, directora creativa de Pepa Pombo, se sentó frente a la tablet —su principal herramienta de trabajo— para comunicarse a través de una videollamada con Johanna Ortiz, quien está radicada en Cali.

Su relación va más allá del colegaje: se saludan con mucho cariño y conversan sobre sus respectivas familias antes de entrar en materia. Luego, comienzan su charla por uno de los temas de moda de los que más se ha hablado en los medios de comunicación nacionales desde hace algunos meses (además de la crisis del sector textil): la importancia que ha adquirido el diseño made in Colombia en el mercado internacional, en parte gracias al trabajo de ellas dos.

Mónica Holguín: Ha sido perfecto el momento en que salieron, tanto Johanna como mi mamá, si bien ella ya lleva 40 años abriendo brecha en el mercado latinoamericano. Y ha sido el timing perfecto gracias a la situación de Colombia, a la exaltación que ha tenido nuestra cultura, al reconocimiento de Johanna Ortiz como la representación de la mujer hiperfemenina, y el mundo nos está viendo. Es muy importante este instante porque tenemos la responsabilidad de abrirles la puerta a los que siguen, de hacer un buen nombre y de crear país. ¿No crees?

Johanna Ortiz: De acuerdo. El momento cuando los diseñadores nacionales empezaron a inspirarse más en las cosas que veían en Colombia y en lo que los rodeaba, y comenzaron a fijarse en las siluetas que andaban por Cartagena o las de los trajes típicos de nuestro país fue fundamental. Esto inspiró una de las primeras colecciones que saqué: Nativa, en Colombiamoda; con ella decidí incluir los boleros y los off the shoulders. Y fue el primer paso para que muchos diseñadores sintiéramos que no hay que mirar lo que está pasando afuera sino dentro, para llevar al exterior lo que conocemos de acá, cada uno interpretándolo a su manera.

M.H.: Tu propuesta fue de formas; la nuestra, de materiales distintos, basándonos en lo local. Lo que creamos en el taller a modo de experimentación, nuestras investigaciones, que luego proyectamos a los mercados internacionales para que la gente cuando venga, mire y diga: esto no lo veo en otro lugar.

J.O.: Fue un momento en el que todos decidimos hacer país: un grupo de diseñadores colombianos mostrando talento de diferentes formas, haciendo patriotismo, generando trabajo, como en nuestro caso. Empezamos desde cero en el 2014 y hoy empleamos a más de 300 mujeres; también hemos aprendido de exportaciones y de cosas que se van presentando sobre la marcha. Ya tenemos un know how y los que vienen atrás se están preparando, siguiendo el ejemplo… saben más ahora que antes a lo que tienen que enfrentarse. Hace unos años exportar me parecía dificilísimo.

M.H.: Nosotros empezamos exportando el 95 por ciento de la producción. Quizás el mayor reto son las aduanas. Nos tocó muy difícil cuando se creía que cualquier mercancía proveniente de Colombia era ‘mala’, dudosa.

J.O.: En nuestro caso hemos sufrido con el tiempo de producción y de entrega porque lo que al principio planeamos para tres meses, en los que se produce, se empaca y se entrega, se nos convierte en un mes, porque todo se retrasa debido a tanto papeleo.

M.H.: A nosotros también se nos acorta porque debemos producir las telas. Hay que inventarlas, tejerlas y hacer la prenda. De ahí que para llegar a los mercados internacionales haya que invertir. Pero no es solo eso: también ir a mostrar, insistir, tener paciencia... Lo que pasa con el mercado latino frente al americano o el europeo es que no te creen la primera vez que vas a una feria. Te tienen que ver al menos unas dos o tres veces para que digan: esta empresa es seria. Requiere tiempo y dedicación, pero también identidad y talento.

J.O.: En el mercado internacional buscan firmas que sean únicas; son las que tienen más chance de abrir puertas. Es muy importante que muestren una estética muy definida para que sea reconocible. Y si eso se ve en cada una de sus presentaciones, van ganando credibilidad. Así, los retailers se interesen en ellas y cuando hay uno grande apostándoles, los demás se antojan.

Me atrevo a decir que Moda Operandi fue una gran ventana para Mónica y para mí, pero llegar a ellos no fue fácil: te hacen un test superfuerte. Le escribí y le mostré la colección Nativa a Lauren Santo Domingo —su fundadora— y me hizo casi un examen de tesis de grado, incluso la depuró. Afortunadamente le gustó y la marca tuvo la posibilidad de estar allí. Fue nuestra oportunidad de tener nuestro primer trunk show.

M.H.: Siempre hemos hablado de identidad, de crear el espacio vacío que nadie más llena, de inventar una propuesta que cuando la veas en la calle, en cualquier parte del mundo, la reconozcas.

J.O.: El consejo que les daría a todos los diseñadores es buscar ese signature, lo que te identifica como único. En este momento, con el acceso a Internet, uno puede ser visible al mundo; no es como antes. Hoy, si tenemos buenas propuestas, seguro van a encantar y serán tomadas en cuenta. Ahora existen muchas plataformas que permiten que los diseñadores se exhiban. Si tienen algo novedoso, están expuestos a que la gente los siga y los haga visibles.

M.H.: ¿Cuántos años llevamos nosotras trabajando y la gente hoy cree que somos diseñadoras nuevas? Johanna lleva 18 años y yo,16. Todo este tiempo hemos buscado y encontrado una identidad. Rediseñé una muy fuerte, pero esto finalmente ocurre con el tiempo; no es fácil empezar y decir ‘esta es mi identidad’. No. La prueba y el error son lo que te dan la seguridad de saber quién eres como propuesta. Entonces les aconsejo a los diseñadores que deben tener mucha perseverancia e insistencia en sus sueños y en cómo se proyectan. La moda es perseverancia, es subirse al tren y no bajarse.

J.O.: Yo, por ejemplo, sueño que en diez años voy a tener un equipo mejor organizado para poder dedicarme a pintar. Extraño esos días en los que pintaba todo el día; ahora solo hago bocetos.

M.H.: Yo hacía maquetas en papel de los tejidos que me imaginaba, de los bordados o de cómo iba a ser la prenda; nunca las volví a hacer. Quizá porque el día a día te pide una producción cada vez más rápida. También extraño la fotografía; la estudié, pero nunca la ejercí.

J.O.: Lo cierto es que somos afortunadas porque trabajamos en lo que nos gusta. Para mí ni los domingos ni los lunes son días tristes; siempre vengo feliz a trabajar. Creo que esa pasión y esas ganas de estar acá y de ver el producto final, hace que las cosas se vean y se sientan así. Nuestra carrera se trata de pasión, dedicación, esfuerzo y amor, por eso uno realmente tiene que hacer lo que le gusta para que las cosas se noten.

M.H.: Quisiera tener más tiempo para elaborar las telas, pero por producción no puedo. Aun así, cuando estoy en el taller puedo pasar allí el día entero; el reloj corre y no me doy cuenta porque me fascina. También me gustaría hacer una línea de casa, expandir la marca... no nos da el tiempo, pero sí quisiera tener en diez años una propuesta completa de estilo de vida.

J.O.: El 6 de diciembre pasado presentamos en nuestro almacén de Bogotá nuestra propuesta de lifestyle. Actualmente tenemos una colaboración con Aerin Lauder para la que creamos tres lipsticks. Creo que en este momento uno tiene que vender todo un concepto no solo ropa, sino un estilo de vida. En el almacén van a ver que la decoración es como si fuera mi casa porque tiene todas las cosas que los harán pensar que llegan al mundo de Johanna Ortiz: el café que me tomo, la vajilla y el olor (trabajamos un aroma para la casa con esencia de vainilla). Quiero que todo se viva como una experiencia y que la gente conozca más a fondo lo que es Johanna Ortiz.

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