Maricarmen Cervelli, columnista invitada Fucsia

Esto de ser “supermujer” me lo paso por el forro

Por Maricarmen Cervelli

5/5/2022

Primera entrega de la videocolumna “La mujer perfecta y otros demonios” de nuestra columnista invitada Maricarmen Cervelli, periodista, editora y directora de «Asuntos de Mujeres».
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¡Qué estrés!

Aparte, yo creo que la edad ya no me ayuda; ¡no logro levantarme temprano! Y para ser “supermujer” hay que madrugar, si no, no te da.

¡Imagínate!, ¡cuántas cosas por hacer y demostrar a los demás!

Porque ser “supermujer” pasa por demostrar que eres buena niña, buena madre, buena esposa, buena hija, buena hermana, buena en la oficina, ¡buena en todo y al mismo tiempo!

Es como una competencia: quién se destaca más en el trabajo, quién hace la mejor fiesta de cumpleaños de la criatura, quién tiene el mejor cuerpo esculpido en el gimnasio, la casa más organizada, la familia más perfecta, el mejor marido, más tiempo, más hobbies, más balance, más equilibrio.

Porque esa es la venta que nos hacen: ¡el equilibrio!

No sé tú, pero a mí siempre se me quema un pollo cuando tengo varios en el asador al mismo tiempo y el equilibrio es una fantasía imposible de cumplir.

¡Pura basura!

No sé a quién se le ocurrió que esto era vida, ¿a nosotras quién nos dijo que andar en todo y cumplir con todo —menos con nosotras mismas—, era sinónimo de realización?

Yo la única realización que siento es la del cansancio, y vivo escondiendo las ganas que tengo de acostarme a dormir tres días seguidos sin que nadie me joda, de lo quemada que estoy.

Nos vendieron un cuento de hadas, un empoderamiento femenino mal conceptualizado y cliché, o sea, ese que te repite que eres guerrera, luchona, poderosa e invencible; que puedes con todo: la llanta espichada a plena hora pico, el jefe que te escribe a las 11:00 p. m. para que “le des respuesta”, el emprendimiento que se te ocurrió montar y requiere toda tu atención, los tres hijos que pariste, la cita médica de tu hija en el pediatra y la de tu mamá en la tomografía.

Nos ponen la alta vara de un éxito pendejo de redes sociales que no se lo cree nadie, pero que sí está causando pesadillas en quienes han pretendido alcanzarlo.

Y entonces queda la culpa, ¡la culpa!

La culpa porque te sientes una incapaz frente a ti misma y las demás; insuficiente, perezosa, floja, desorganizada e inmadura, y todas las teorías de la fortaleza femenina se van al traste.

Me ha pasado y me sigue pasando: veo a otras lográndolo y yo la verdad me siento un barco a la deriva y me comparo, y me doy látigo, y entonces saco tiempo que no tengo para hacer todo, dejando de último mi bienestar y mis sentimientos, aparentando, demostrando, buscando aprobación, ¡aplausos para la “supermujer” que busca ser aceptada por todo lo que hace perfecto!

¿Por qué no pedimos ayuda?, ¿por qué nos cargamos con todo?, ¿por qué estamos siempre para los demás, pero no para nosotras?, ¿a quién queremos engañar?, ¿dónde está la red de ayuda?, ¿dónde está el maridooooo?

Pero sigue el bombardeo: ¡Dale que tú puedes!, ¡el cielo es el límite!

Ujum…

El cielo…

¡No, amigui! El límite lo tienes que poner tú ya, el verdadero empoderamiento está en saber de antemano quién eres y qué quieres en esta vida; luego aprender a gestionar tus emociones, aceptar tus días malos, darte el permiso de descansar, delegar, decir que no, cerrar ciclos y entender que no tienes que demostrarle nada a nadie, porque nadie te va a pagar la clínica psiquiátrica cuando te enfermes de la ansiedad que cargas encima.

Una vez más, hablo desde el privilegio, pero es que esto es un despropósito. Logramos liberarnos del rol exclusivo de madres y amas de casa y salir a trabajar, pero debemos seguir cuidando, seguir criando y seguir encargándonos de la casa en solitario, aunque tengamos pareja, aunque ganemos lo mismo, aunque trabajemos las mismas horas.

¿Por qué cuando nos mandaron a trabajar no nivelaron las cargas entre hombres y mujeres, sino que nos dieron una más a nosotras?

Porque la realidad es esta: en el libro La mujer invisible de Caroline Criado Pérez, ella dice que en el mundo, 75 % del trabajo no remunerado lo realizan las mujeres, quienes dedican entre tres y seis horas al día en comparación con los hombres, quienes le dedican entre treinta minutos y dos horas. Esto es independiente de si las mujeres trabajan formalmente o aportan un buen ingreso a su familia.

A semejante realidad le vamos a sumar una cosa que se llama “carga mental”, que es, en palabras de la periodista española Samantha Villar, “ese esfuerzo no físico, sino mental que produce tensión, por todo lo que hay que hacer durante el día y la semana (el trabajo invisible), por el empeño de querer encargarnos de todo (porque si no lo hago yo, nadie lo hace) y por las evidentes desigualdades que hay entre las labores diarias de una mamá y un papá”.

Pero… ¡cuidado con la queja!, porque las “supermujeres” no se quejan y las que se atreven son juzgadas y estigmatizadas: ¿para qué parió?, ¿para qué se casó?, ¿quién la mandó a meterse con ese man?, ¿por qué le respondió así a su jefe?, ¿por qué se volvió tan mandona?, ¿quién la manda a ser madre soltera?

Mujeres, mi recomendación (que no me han pedido, pero se las voy a dar de todas maneras), es que en vez de sentirse culpables, siéntanse responsables de las cosas que sí pueden asumir y eso comienza por entender que debemos quitarnos la capa de obligación moral que, como mujeres, tenemos con todo, porque así lo hemos aprendido. Si estamos casadas y/o tenemos hijos, aprendamos a compartir labores y responsabilidades; basta de ser nosotras las que respondemos por todo y encima ¡dejemos ser mamás de nuestras parejas!; es hora de traspasar obligaciones, de valorarnos más y de entender que quien no se cuida, no va a poder cuidar y si lo hace, será con rabia y con “guardados” que va a cobrarles a las personas que aman tarde o temprano.

Sobre mí

Periodista, editora y directora de Asuntos de Mujeres.

* Las opiniones dadas por Maricarmen Cervelli no representan la opinión de la revista Fucsia.

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