Entrevista
Valeria Arboleda, la boxeadora que no pierde la cabeza ni dentro ni fuera del ring
Su historia no empieza en el podio, sino en la incertidumbre: entrenar sin garantías, sostenerse sin apoyo externo y cuestionar el siguiente paso. Aún así, Valeria eligió continuar.

En el boxeo, como en la vida, el golpe que no ves venir es el que te tumba. Valeria Arboleda lo sabe mejor que nadie. Criada en Las Cruces, un barrio retador y vibrante del centro de Bogotá, ha construido su carrera como un ejercicio constante de esquivar estadísticas negativas y golpear prejuicios. Descubrió el boxeo por un video en Facebook a los 14 años, sin saber que el gimnasio que cambiaría su vida estaba, literalmente, a la vuelta de la esquina.
Hoy, Valeria es mucho más que una joven promesa y su consagración en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023, donde aseguró su cupo a los Juegos Olímpicos de París 2024, es el resultado de una disciplina casi monacal. Concentrada la mayor parte del año en la Villa Deportiva, y con el apoyo constante del IDRD, Valeria ha aprendido a ver cómo el mundo exterior sigue su curso mientras ella se entrega a jornadas de triple entrenamiento.
Pero sus batallas no solo han sido técnicas, también emocionales: desde intentar pagar cuatro pasajes diarios con el dinero de dos, hasta la “tusa deportiva” de ver a su hermana gemela avanzar en la universidad mientras ella sacrificaba su adolescencia por un deporte que, al principio, no le daba para vivir.
Boxeadora inteligente y ágil, Valeria no pierde la calma. Sabe que la rabia es el peor enemigo en el cuadrilátero. Con la mirada puesta en una casa propia y un título en Gestión Deportiva, esta deportista de 23 años habla en FUCSIA sobre la importancia del enfoque de género en el entrenamiento, la realidad del presupuesto deportivo en Colombia y esa fuerza interior que solo se forja cuando se viene del mérito propio.
Mirando hacia atrás, ¿cómo se dio ese primer acercamiento al boxeo?
Bueno, pues a mí desde pequeña siempre siempre me han gustado los deportes. Yo en el colegio hice atletismo, hice fútbol, jugaba básquetbol, o sea, hacía de todo. Y pues alguna vez me encontré interesada por el boxeo por un vídeo que vi en Facebook; no sabía que el boxeo era un deporte y me interesé. Afortunadamente, pues yo no lo sabía, a la vuelta de mi casa había un gimnasio de boxeo. Ya les había comentado a mis compañeras que me gustaría entrenar boxeo, ellas encuentran el gimnasio, me dicen, y ahí empezamos a ir todas después del colegio a entrenar.
¿A qué edad empezaste?
A los 14 años.
¿Qué tipo de boxeadora te consideras dentro del cuadrilátero?
Me considero una boxeadora inteligente y ágil.
¿Qué es lo que hace que te identifiques así?
Inteligente porque siento que cada cosa que hago en el ring, la pienso. Muchas personas piensan que el boxeo es ir y hacer golpes, pero en realidad hay que pensar mucho y a los que no piensan (perdón por así decirlo de forma grotesca), pero al que no piensa le dan en la ‘jeta’. Hay que pensar muy bien qué es lo que voy a hacer, qué acción voy a tomar. Porque si pierdo la cabeza, me da mucha rabia, pues lo que va a hacer el boxeador es que él sí va a estar en calma y me va a golpear, ¿no? Entonces por eso me considero muy inteligente en ese sentido, porque puedo pensar las acciones que voy a hacer y también ágil porque lo que pienso lo hago.
¿Qué tan exigente es tu preparación física?
Yo entreno todos los días. Normalmente nosotros, la Selección Colombia de Boxeo, estamos concentrados todo el año. De hecho, el año pasado empezamos en febrero y cada uno se fue para su casa el 15 de diciembre. Entonces sí, mi vida está dedicada prácticamente al boxeo. Yo entreno de lunes a sábado, hay algunos domingos en los que hay que entrenar, hay algunos festivos en los que hay que entrenar, todo depende de la etapa de entrenamiento en la que estemos. Pero en realidad yo entreno de lunes a sábado todos los días, dos veces al día los lunes, martes y jueves. De resto entreno solamente una vez.
¿Y cuánto duran esos entrenamientos?
Bueno, una vez son dos horas y media o tres horas, si entrenamos una sola vez en el día. Si entrenamos dos veces, son dos horas cada entrenamiento. Hay veces en las que hacemos tres entrenamientos al día; entonces cada entrenamiento es como de hora y media: uno es a las 6 a.m., otro es a las 11 y otro es a las 4:30 p.m. Pero como te digo, eso varía si estamos próximos a ir a competencia. Casi siempre estamos concentrados ahí en la Villa. El boxeo es uno de los deportes en los que nosotros estamos ahí todo el año; vemos cómo llega la gente, cómo se va, vuelven y se van, y nosotros seguimos ahí.
Desde tu experiencia, ¿cómo describirías el lugar de las mujeres dentro del boxeo actualmente?
Pues yo creo que en general en todos los deportes hace falta un poquito más de estudio en vivo de lo que hacemos. En Colombia hace falta muchísimo el estudio de rendimiento en mujeres, porque nosotras tenemos un ciclo. He tenido la oportunidad de leer mucho sobre el tema: las mujeres contamos con un ciclo, no somos como los hombres que son constantes, sino que nuestro rendimiento cambia dependiendo del ciclo en el que estemos. Y a nosotras nos toca rendir igual, estemos en la parte del ciclo que estemos. Diría yo que no es gracias a, sino a pesar de eso, nosotras rendimos igual que los chicos, porque nosotras no hacemos absolutamente nada diferente a los hombres. Obviamente ellos levantan más peso, pero igual hacemos todas las mismas repeticiones. Entonces me parece que hay que hacer un enfoque hacia el entrenamiento femenino enfocado en el alto rendimiento desde nuestro ciclo menstrual.
Si pudieras transformar algo del boxeo o del sistema deportivo en Colombia, ¿qué sería?
Ahora estamos en un problema de presupuesto gigante, necesitamos un poco más de apoyo en ese sentido. A mí no me ha afectado mucho porque gracias a Dios he sido una deportista destacada, pero digamos que hay muchos compañeros que han tenido que hacer toda la preparación y al final han tenido que quedarse porque no hay presupuesto. Eso me parece injusto. Para tener resultados a largo plazo hay que invertir al principio, y si no inviertes en ti hasta que tienes el resultado, pues es complicado. Pero todo esto me imagino que se hace con base en el presupuesto y es algo económico y político que tristemente sale de mi control.
¿Qué situación ha puesto más a prueba tu fortaleza como atleta y como persona?
Yo diría que lo más difícil fue cuando recién empecé. Ha habido muchísimos momentos muy muy difíciles porque el deporte lastimosamente no es constante. Pero en cuanto a dificultades, pues yo vengo de Las Cruces, de un barrio muy complicado en donde a uno le toca muy muy difícil. Cuando no se obtienen resultados, es muy difícil lograr el apoyo. Recuerdo mucho que eso fue como en 2021. Yo ya le había entregado mi adolescencia al deporte, incluso no pude ir a mi graduación del colegio porque estaba compitiendo. En ese momento no tenía tiempo de ingresar a la universidad porque los tiempos no me daban, ni tenía la oportunidad de pagar una universidad privada. Me sentía muy estancada. En ese tiempo no había lo del “semillero” y me tocaba muy duro; a mi mamá le tocaba muy duro porque me tocaba ir a entrenar dos veces al día. Yo viviendo en Las Cruces, que es en el centro, y me tocaba venir a entrenar aquí al Salitre. No había plata y no fue tan fácil.
¿Llegaste a pensar en retirarte?
Sí. Caí en cuenta de que de pronto yo no iba a poder vivir de esto. Tengo una hermana gemela y ella sí se inscribió en la universidad pública y ya iba como en tercer semestre. Ahí yo digo: “¿Yo qué estoy haciendo? Les estoy entregando todo a esta gente”. También tenían esa maña de que me decían: “Si quedas campeona, te damos esto”, y cuando llegaba con el resultado, no me daban lo que habíamos hablado. Entonces yo dije: “No, pues yo me voy a retirar porque hay que poner los pies en la tierra”. Siempre he tenido claro que yo no quería seguir viviendo allá en el barrio, quería salir de ese entorno y me di cuenta de que pronto con el deporte no lo iba a lograr. Había días en los que me tocaba salir de la casa a las 5 de la mañana, empacar el almuerzo y llegar hasta las 8 de la noche. Me tocaba quedarme por aquí cerca para no pagar doble pasaje, porque eran cuatro pasajes diarios y yo solo tenía para dos. Fue cuando decidí retirarme. Afortunadamente, me encontré con personas que me aconsejaron, como mi entrenadora Alexandra, mi entrenador actual de Lourdes y mi mamá, que siempre ha estado ahí apoyándome al 100 %, e hicieron que volviera a este camino, y se los agradeceré toda la vida.
¿Cuál ha sido ese instante que mayor satisfacción te ha dado el ser atleta?
Mi momento más feliz fue mi clasificación olímpica. Fue en los Juegos Panamericanos en Chile. Venía de una racha de mucha resiliencia porque la estaba pasando muy mal, me estaba preparando muy duro y a veces por más que uno entrena, no la logra. Ahí sentí que todo el fruto del trabajo de tantos años ya estaba dando resultado.
¿Qué crees que te diferencia a ti de otras deportistas?
Diría que muchas cosas, pero más que todo mi vida. Todo lo que me ha tocado pasar, que mucha gente no lo sabe porque nunca me ha gustado que todo el mundo sepa cómo me ha tocado. Me he visto en situaciones muy complicadas que de pronto a otras personas no les han tocado. Mi experiencia de vida es lo que me ha hecho la deportista que el día de hoy soy.
¿Qué sigue para ti dentro y fuera del deporte?
Ahorita, lo más próximo, es recuperarme de una lesión que tengo: una ruptura parcial del tendón del tríceps. Es una operación simple, pero una recuperación larga. Estoy en el proceso administrativo para que me puedan operar. Ya después, ir con toda el año siguiente a mi preparación para poder clasificar nuevamente a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.
¿Cómo es Valeria fuera del ring y de los entrenamientos?
Lo que más me gusta es estar con mi familia. Estar con ellos se vuelve un hobby porque casi no los ves. Para mí es muy difícil ir a ver a mis padres al centro porque a veces estoy muy cansada o tengo trabajos de la universidad. Ahora estoy en primer semestre de Gestión Deportiva. También siempre he sido muy artística; desde pequeña me ha gustado mucho dibujar. Iba a una fundación donde hacíamos circo, teatro y artes plásticas. Me hubiese gustado algo relacionado con las artes, pero no me queda mucho tiempo.
¿Qué aspiraciones tienes para tu vida personal?
Me gustaría aprender inglés; viajamos mucho y a veces lo entiendo, pero no sé cómo expresarme. También, como todas las personas que salimos de situaciones difíciles, tengo el proyecto de comprarme una casa propia. Y bueno, terminar mi carrera universitaria.
Al mirar hacia atrás en unos años, ¿qué te haría sentir realmente orgullosa?
Me encantaría ver que pude recoger el fruto de todo esto y tener mi medalla olímpica. Y poder decir que pude retirarme bien del deporte, con dignidad. A veces es difícil decir “ya, este es mi máximo”, pero me gustaría retirarme en el momento apropiado.
Para ti, ¿qué significa realmente tener éxito?
Es relativo. En este momento para mí el éxito es obtener una vida tranquila y estabilidad financiera. A nivel personal, es estar tranquila conmigo misma y con lo que he hecho. A mí me cuesta mucho estar tranquila hasta con las cosas que hago bien porque pienso que las pude haber hecho mejor, pero el éxito es poder estar tranquila, darlo todo y no tener que pensar en qué hubiera pasado si hubiera hecho esto.



