Entrevista

Sara Vargas: nadar, resistir y aprender que el triunfo también está en el proceso

Sara nunca se ha definido desde la discapacidad, pues en el agua encontró no solo una carrera, sino una forma de afirmar sus aptitudes.

Sara Vargas, la nadadora paralímpica que nos enseña que el éxito no es colgarse el oro, sino disfrutar el camino hacia él
Sara Vargas, la nadadora paralímpica que nos enseña que el éxito no es colgarse el oro, sino disfrutar el camino hacia él - Foto: IDRD

A los cinco años, Sara Vargas no entró al agua por elección propia, sino porque su salud se lo pedía y la insistencia de su hermana mayor, Gabriela, se lo imploraba. Ella se encargó de enseñarle a nadar antes de que Sara siquiera tuviera tiempo de protestar. Lo que comenzó como un juego en las escuelas municipales de La Mesa, Cundinamarca, donde nació, se convirtió en una carrera meteórica que la llevó a sus primeros Juegos Paralímpicos en Tokio con apenas 14 años.

Sara convive con la acondroplasia, una condición que afecta el crecimieno óseo y que comparte con su madre, a quien define como su mayor ejemplo de empoderamiento y visión profesional. Para ella, la natación ha sido su mejor herramienta para derribar las barreras de la vergüenza, pues en un deporte donde el cuerpo está expuesto, ella ha encontrado allí una plataforma para inspirar a otras niñas con discapacidad a ver la vida desde otro ángulo, demostrando que el esfuerzo y el rendimiento no saben de limitaciones.

Sin embargo, el camino no ha sido solo de triunfos. Tras el “golpe de realidad” que le supuso París 2024 —donde la presión y la ansiedad la llevaron a tocar fondo—, Sara renació en el Mundial de Singapur 2025. Hoy, instalada en una madurez notoria a sus 19 años, vive sola, estudia idiomas, toca desde la guitarra hasta el cencerro y explora el mundo de la astrología mientras mantiene la mirada fija en Los Ángeles 2028. Sara no solo busca la medalla dorada; busca la paz de saber que, cada vez que se lanza al agua, lo hace siendo fiel a sus sueños más “locos”, esos que la han llevado a la cima.

¿Cómo descubriste la natación y qué fue lo que te hizo quedarte en este deporte?

El deporte llegó a mi vida a los cinco años por un tema familiar. Mi hermana mayor, Gabriela, era deportista de rendimiento en natación olímpica y ella se dedicó a enseñarme a nadar rápido. Empecé por salud y por seguirle el gusto, pero también hacía artes plásticas y otros deportes; siempre me gustó mantenerme activa. Al final, nos dimos cuenta de que la natación me favorecía mucho y todo fluyó desde ese inicio a los cinco años.

¿Qué aprendizajes te ha dejado tu experiencia como mujer en la natación?

Ha sido una responsabilidad muy bonita, llena de poder y alegría. Siento que he tenido la capacidad de inspirar a muchas niñas, especialmente niñas con discapacidad, para que tengan otra visión de la vida. La natación te obliga a pasar la barrera de la pena, porque la mayoría del tiempo estás “desnuda” frente a los demás, y ser ese ejemplo de empoderamiento es muy chévere. En la selección siempre han ganado mucho los hombres, pero siento que yo he marcado historia y he impulsado esa idea de que las mujeres también podemos empoderarnos.

¿Cómo ha influido la acondroplasia en tus vivencias dentro del deporte de alto rendimiento?

En mi infancia hubo momentos difíciles por desconocimiento de otros, pero han sido muy pocos porque yo nunca me he visto con una discapacidad. Mi actitud ha orientado a los demás a entender que no tengo limitaciones. Mi mamá tiene la misma discapacidad y ella ha sido mi ejemplo directo; es una mujer empresaria que siempre me enseñó a responder por lo mío. En el deporte, entreno al lado de atletas olímpicos, usando la misma tecnología y buscando el mismo rendimiento. Entonces en el sector paralímpico hacemos los mismos esfuerzos y ya estamos en un nivel de igualdad total.

Si miras tu trayectoria, ¿qué etapa recuerdas como la más difícil hasta ahora?

París 2024 fue muy duro. Desde que inició el año viví un tema de apatía precompetitiva, depresión y ansiedad. Tenía mucha presión y expectativa porque venía de ganar Copas Mundo y quería estar en el podio. Fue terrible, mi salud se empeoró y sentí que estaba en “piloto automático”, olvidándome de disfrutar el momento. Toqué fondo, pero eso me enseñó que si no vives el presente, nada tiene sentido. Después de eso cambié de entrenador y empecé a vivir el día a día.

¿Y el momento más especial y feliz?

El Mundial de Singapur 2025. Llegué como una persona nueva, totalmente dispuesta a disfrutar. Aunque en 2023 fui oro, esta medalla de plata que gané ahora me supo a oro porque la disfruté muchísimo. Fue un reto porque mi entrenador no pudo viajar y estuve “sola” con el equipo, pero ratificar mis títulos estando feliz y agradecida fue lo mejor.

¿Cómo es tu rutina de entrenamiento en esta etapa de tu carrera?

Es muy intensa. Los lunes, miércoles y viernes hago gimnasio en las mañanas y natación en las tardes. Los martes, jueves y sábados entreno natación en doble jornada. Incluso los domingos entrenamos cuando estamos cerca de la competencia. Todo depende del microciclo, pero es un trabajo diario de alto rendimiento junto a mis 22 compañeros del equipo Bogotá.

Fuera de la piscina, ¿qué cosas disfrutas hacer en tu tiempo libre?

¡Tengo muchos hobbies! Estoy estudiando idiomas por mi cuenta (chino y ruso) y también estudio astrología. Me gusta mucho la música; toco guitarra acústica, eléctrica, ukelele, armónica, cencerro y huacharaca. También leo el oráculo. Cuando no estoy entrenando, me dedico a descansar, a mis sesiones de fisioterapia y a estar con mis compañeros. Soy un poco “extraña” cuando me conocen, pero me encanta estar activa.

¿Hacia dónde quieres llevar tu carrera en los próximos años?

Mi meta más importante es llegar a Los Ángeles 2028 de manera tranquila. Sueño con mi medalla paralímpica porque sé que me abrirá puertas, como ganar una beca para estudiar Ciencias del Deporte. Ahora mismo solo tengo ojos para esos juegos.

¿Qué te diferencia de otras deportistas?

Todas somos únicas, pero a mí me caracteriza el servicio a los demás. Soy muy desprendida y altruista; regalo mis medallas y mis peluches, por ejemplo. Me siento feliz cuando mi equipo crece conmigo.

¿A quién admiras profundamente?

A mi hermana mayor, Gabriela. Ella ha sido como una mamá para mí. Fue deportista, pero tuvo que dejarlo por temas económicos y ahora es militar. Admiro mucho cómo se adapta a todo, su empatía y el hecho de que pronto será mamá.

Cuando piensas en tu vida hoy, ¿cómo describirías la felicidad y el triunfo?

La felicidad es el agradecimiento y el derecho a soñar; me encanta tener ideas “locas” y pensar que lo que uno sueña, lo puede hacer. El éxito es lograr eso por lo que has trabajado, independientemente de si te dio muy duro llegar ahí. Estar feliz con lo que lograste, eso es el éxito para mí.