Personaje

La reina del baile

Fucsia, 3/3/2023

A sus dos años, Natalia de Castro tuvo su primer vestido de garabato y ya soñaba con ser la soberana de la celebración más importante del país, el Carnaval de Barranquilla. A sus 28, tras graduarse de Ingeniería Industrial y ser una reconocida instructora de baile, lo consiguió. Si hoy lleva la corona que deseaba es gracias a los cambios que impulsó la Alcaldía de su ciudad para que esta elección fuera más justa, inclusiva y reflejara mejor el nuevo espíritu de la Arenosa.

La Reina Del Baile

De pequeña, a Natalia de Castro le gustaba escribir poemas. Lo hacía en desorden, buscando la rima sobre el compás que marcaba su voz. Entre las hojas de una libreta que todavía guarda por ahí, también escribía canciones, sobre todo a su fanático más fiel, quien también era el motivo de inspiración de muchas de sus letras: su padre. La barranquillera de 28 años recuerda cómo, en uno de esos días de 2001 en los que él estaba de viaje, ella le enviaba su amor entre versos entonados torpemente: “llega ya por favor / que la noche ya está por llegar / estoy preocupada / se me suben los nervios / y las estrellas no brillan más”.

Según Augusto, su papá, Natalia siempre fue una perfeccionista. Además de ser una niña dulce, cálida y amable –cualidades que aún conserva–, quería que todo saliera justo como deseaba y se esforzaba hasta lograrlo. Esto pasaba sobre todo en el baile, pasión que la llevó hasta las calles de Nueva York a ganar concursos internacionales en México o Panamá, a aprender ballet clásico, danza árabe, flamenca, hip-hop y que hoy le permite cumplir un sueño de infancia: ser la reina del Carnaval de Barranquilla.

Esa disciplina estuvo presente desde que estudiaba en el Colegio Lourdes, una institución femenina, de monjas, cercana al Estadio Olímpico Romelio Martínez. Cuando tenía diez años, sus padres la llevaron a un concurso en uno de los almacenes Vivero. Etapa tras etapa, Natalia conquistó el corazón de los asistentes. No ganó. Pero el segundo puesto le valió una beca en la Escuela de Danzas y Gimnasia Julie de Donado, y fue el primero de muchos pasos para llegar a ser reina.

Sin embargo, su sueño no habría sido posible sin el cambio que realizó la Alcaldía de Barranquilla, en cabeza del alcalde Jaime Pumarejo, de abrir la elección a una votación justa y equitativa. Alejándose de las viejas tradiciones, un comité de 17 personas evaluó los perfiles de las once candidatas finales en cinco áreas: expresión artística y folclórica, evaluación psicológica y de competencias, conocimiento del folclor de tradiciones, propuesta para la protección del patrimonio; y proyección, comunicación y manejo de audiencias.

Siguiendo la idea de que Barranquilla es una ciudad en la que caben todos y todos tienen las mismas oportunidades, Pumarejo decidió democratizar la elección de la soberana del Carnaval. Además de ayudar con los gastos que esta designación implica, que antes eran asumidos por la familia de la coronada.

Natalia, que desde hace mucho hacía parte del evento desde otros frentes, se postuló, presentó todas las pruebas y hoy es la segunda reina elegida bajo este nuevo modelo.

Por sus habilidades coreográficas deslumbró a Shakira, quien escribió en su cuenta de Instagram: “¡Cómo baila, por Dios, la reina de mi carnaval!”. Por su sencillez, ha encantado a los curramberos; siempre tiene tiempo para tomarse una foto con quienes se lo piden, o para darles un abrazo. Y, por ese control que tiene sobre cada músculo de su cuerpo, provocó que el fotógrafo Ricardo Pinzón, quien la retrató en el estudio de Fucsia, dijese con frecuencia: “¡Uf! ¿cómo haces eso?”.

Poco después de esas fotos, tomadas el lunes 6 de febrero en Bogotá, hablamos con Natalia sobre sus afanes, sus gustos y su anhelada vida de reina. La reina de la fiesta más importante del país; una celebración que, como bien lo saben los barranquilleros, nunca acaba.

Fucsia: Has bailado en diversos eventos y espectáculos fuera del país, pero, ¿qué significó el haber homenajeado al Congo Reformado en pleno centro de Nueva York?

Natalia de Castro: Fue un momento muy especial para mí. Primero, porque era la primera vez que viajaba a esa ciudad, y segundo, porque recorrer las calles neoyorquinas bailando, representando al Congo, que es un guerrero, un defensor, me llenaba de orgullo. Sentía una gran emoción al notar que a todos los colombianos que veían pasar el desfile, y a su carnaval, se les llenaban los ojos de lágrimas. Nuestra fiesta también sorprendía a los extranjeros, en sus rostros se dibujaba una mueca de asombro e incredulidad.

F.: Bailaste en la Gran Manzana, bailas en Barranquilla, bailaste en nuestro estudio al ritmo de Bad Bunny. ¿Cómo comenzaste en la danza?

N. D. C.: Yo tendría diez u once años cuando ingresé en la academia de Julie de Donado, pero el inició no fue nada fácil, estuve a punto de abandonar las clases.

F.: ¿Por qué?

N. D. C.: Porque sentía que no encajaba. Había un grupo de niñas que desde los dos años bailaban juntas, se conocían y tomaban sus clases con la maestra Ivette –quien es muy importante para mí–. Yo era la nueva. Estaba aparte, alejada, y en un momento le dije mi papá que dejaba la academia, no quería ir más. Él se encontró por casualidad con Ivette en un centro comercial, le explicó la situación y ella le aseguró que todo mejoraría, que no permitiera que me fuera, que lo intentara.

F..: Y no solo lo intentaste, te quedaste más de una década allí…

N. D. C.: Mis papás me apoyaron, me dijeron “tú puedes con todo, vamos, vamos, vamos, vamos”. Me llenaron de motivación y de fuerza. Hoy recuerdo lo sucedido y pienso: gracias a ellos, gracias a Dios, ¡no hui! Lo enfrenté, lo logré y todo fluyó de una manera impensada. Desde esos años aprendí que en los momentos difíciles de la vida, en los que quieres escapar o renunciar, vale la pena llenarte de valor y decirte: tú eres más fuerte que eso, tú eres más poderosa, echa pa’ lante. Y eso hago.

F.: Te dio resultado porque hoy eres la reina del Carnaval de Barranquilla, ¿siempre quisiste serlo?

N. D. C.: Esta fiesta ha estado presente en mi vida desde siempre. ¡A los dos años tuve mi primer vestido de garabato! De pequeña, cuando íbamos a Batalla de las Flores, y al ver a las carrozas pasar por la vía 40, le exigía a mi papá que atrapara algunas.

F.: ¿Le “exigías”?

N. D. C.: Le exigía, claro. Era como: “papi, por favor agarra esa flor. Papi, ahí hay otra”. Él las cogía, me las daba y yo era la niña más feliz. Después, en el colegio, participaba en el carnavalito; luego, cuando crecí, vivía el carnaval como bailarina, para después ser profesora de reinas, de los niños y, al mismo tiempo, hacía parte de los grandes shows.

F.: Tu vida era puro carnaval…

N. D. C.: Sí, por eso siempre tuve el sueño de ser su reina. Tal vez la gente del interior del país no lo comprenda, pero me atrevería a decir que por lo menos el 90 % de las niñas barranquilleras quieren ponerse la corona del carnaval. Ese era uno de mis grandes deseos. Sin embargo, a medida que crecía, me parecía cada vez más difícil lograrlo. Me enfoqué en otros poyectos y cuando pensé que el momento nunca llegaría….

F.: Pues llegó, reina, llegó.

N. D. C.: El año pasado, cuando me contaron que la elección sería de otra manera, me postulé. Pensaba que era muy bonito intentarlo. Me decía: si no lo consigues, Natalia, no pasa nada, hiciste lo que podías; pero cuando pasen los años no te invadirá el arrepentimiento por no haber tenido el valor de hacerlo. Fue la mejor decisión que pude haber tomado.

F.: ¿Cómo es el día a día de una reina del carnaval?

N.D.C.: Agitado. A mí me designaron el 27 de agosto y desde esa fecha no he parado. Al comienzo, sin saber qué me esperaba, pensé que podría atender mis compromisos de reina durante una parte del día y las demás horas se las dedicaría a mis clases de baile, pero…

F..: Obviamente la realidad fue otra, ¿no?

N. D. C.: Ni se lo imaginan. Lo disfruto mucho, pero cada día tiene algún evento, un compromiso, una reunión y hay que buscar el vestuario adecuado, o atender alguna entrevista como la que estamos haciendo. Qué risa, yo creía que podía hacerlo todo, pero mentira.

F..: Descansas poco…

N. D. C.: Sí, pero estar cerca de la gente, cada día, te recarga de energía. Además, esto solo te pasa una vez en la vida y yo lo estoy aprovechando al máximo. Ahora llevo una vida agitada, estoy disfrutándola al máximo, ya dormiré después.

F..: Siempre te ha gustado ayudar y participar en diversas causas benéficas, ¿cómo ha sido tu experiencia de estar en la Fundación Por ti Joven Barranquilla?

N. D. C.: Ha sido la mejor de todas. Estuve presente en varias actividades que realizó la institución. En una de ellas les llevamos alimentos a los habitantes de la calle. La fundación la conforman puros jóvenes que están dedicados a ayudar a los demás, a hacer felices a los niños, a darles comida a quienes la necesitan. Es muy lindo. Reconforta. Dar te llena el alma. Al mismo tiempo abres los ojos ante otras realidades, es duro ver las dificultades que pasa la gente.

F.: Se suele hablar de la belleza o de los vestidos de las reinas, pero poco se destaca su trabajo social.

N. D. C.: Siempre me ha gustado mucho servir. Aún en los momentos de mayores eventos y presentaciones debido al carnaval, busco la forma de estar al servicio de quien puedo y de colaborar desde mis posibilidades. Es una labor que a veces no se muestra, pero saber que fuiste parte del cambio de alguna persona, o que le diste un momento de alegría, te llena de una gran felicidad.

F.: ¿Cómo quieres que la gente recuerde tu reinado?

N. D. C.: Me gustaría que me recordaran como a la reina que dio todo por su pueblo. La que ofreció el cuerpo, el corazón y el alma en cada escenario. Una reina que dejó su huella en la gente, y que ojalá se quede para siempre en la historia del Carnaval. Celebramos momentos muy importantes, como los 120 años de nuestra Batalla de Flores o los 20 años de haber sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Ha sido hermoso ser la reina de esta celebración, de este carnaval que nunca termina.